Image default

¿Está mal tener fantasías sexuales con alguien que no sea nuestra pareja?

Cada vez son más aceptadas e incluso son consideradas como positivas porque alimentan el deseo e intensifican el placer del encuentro sexual.

Vivimos en sociedad y, por lo tanto, nos vinculamos con muchos otros más allá de nuestro círculo íntimo y esto puede provocar que, alguna vez, podamos sentir atracción por otras personas más allá de nuestra pareja. En general, no pasa de ser una fantasía, pero, aunque racionalmente está claro, esa ilusión nos suele generar culpa cuando sucede.

“Una fantasía tiene que ver con una representación mental. La idea se posiciona en el imaginario, algunas se pueden cumplir y otras son irreales. Estos pensamientos nos acompañan desde que somos chicos, cuando jugamos a que somos Superman o la Mujer Maravilla, por ejemplo”, explica a Con Bienestar la psicóloga y sexóloga Mariana Kersz (M.N. 59.610).

La especialista asegura que no hay que renunciar a la posibilidad de fantasear. Sin embargo, la capacidad de hacerlo en el ámbito sexual es más difícil para las mujeres. Los hombres fantasean más que ellas debido a que, entre otras razones, desde chicos están acostumbrados y más estimulados para hacerlo.

“El sexo está atravesado por muchas variables. Lo pienso como un gran iceberg: lo que vemos en la superficie, es en este caso la fantasía puntual. Lo que está por debajo es lo que en verdad tiene sentido y donde debemos enfocarnos. Tiene que ver más con la educación sexual que recibimos, los tabúes, la mirada sobre la infidelidad y los prejuicios, entre otros elementos”, indica la experta.

No es lo mismo imaginar el sexo en grupo que tenerlo, ni las relaciones homosexuales son iguales en la mente que en la habitación. La fantasía engloba escenarios que nos imaginamos, pero que no nos gustaría tanto si se dieran en la realidad.

“En la fantasía, me permito tener otro cuerpo, otra voz e imagino situaciones que no me permitiría en la vida real. Pero retroalimento mi vida sexual, me excito y me lleva a tener relaciones más placenteras”, destaca Kersz.

El sexo es algo para disfrutar, para aprender, para experimentar, pero culturalmente hay una serie de parámetros que lo impiden, ya que se cree que debería ajustarse a determinadas normas y criterios. También hay que tener en cuenta que las relaciones evolucionan a largo plazo y que lo que una vez fue amor apasionado va cambiando y moderándose.

“La fantasía con terceros puede alimentar la pasión dentro del núcleo de la pareja. Para otras personas, puede significar una tremenda infidelidad, incluso hay pacientes que sienten culpa por haber soñado con un vecino o compañero de trabajo. Todo tiene que ver con las creencias y los miedos”, plantea la sexóloga.

La clave de que las fantasías sexuales funcionen es sentirse bien y no forzar las cosas. Una persona con una buena calidad de vida sexual mejora su calidad de vida.

“Tenemos que sacarnos los rótulos, la dicotomía de si está bien o mal. Si nos permitimos disfrutar de las fantasías sexuales, ampliarlas, llegar a un consenso con la pareja y jugar a que somos otra persona, ayuda a salir de la rutina”, cierra la especialista.