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El peronismo que no fue

El peronismo corre peligro de diluirse, tal como ya le sucede a la UCR. En las encuestas de opinión pública surge que muchos consultados asocian peronismo con ideas antiguas, peronismo es museo. ¿Cómo modernizarlo? El autor, peronista, afirma que por este camino no lo lograrán.

La mayoría de la dirigencia peronista, con algunas excepciones, ha fracasado en cumplir su mandato fundacional. Esto es la defensa de los derechos de los trabajadores y de los desposeídos.

Desde la vuelta de la democracia, aquella ha trabajado y trabaja sólo en la disputa del poder. 

Esta disputa la ha obligado a acordar con el poder de turno y acompañar políticas totalmente opuestas a su marco ideológico.

¿Cómo explicar un peronismo que acompaña la precarización laboral de los años ’90, la privatización de los recursos energéticos sin un control efectivo del cumplimiento de las cláusulas de inversión por parte de las empresas o la privatización de los aportes previsionales que después eran prestados al Estado a tasas superiores a las del mercado?

¿Cómo explicar un gobierno peronista compuesto por los mismo que Juan Perón expulsó de la plaza, que aumentó 10 puntos la pobreza o que nos dejó rehenes de los ‘fondos buitres’ por un capricho ideológico?

¿Cómo explicar una dirigencia sindical que, por ejemplo, firma paritarias por debajo de la inflación prevista o gobernadores peronistas que mandan a sus diputados a votar la disminución de los haberes previsionales?

Al abandonar su compromiso histórico, la gran mayoría de la dirigencia peronista ha sido cómplice necesaria de la decadencia de nuestra sociedad. Y hoy carece de todo marco ideológico; ¿como explicar un peronismo que en los ’90 fue neoliberal y en la “Década Ganada” fue populista?

Nuestra dirigencia peronista, desde la vuelta de la democracia, exclusivamente ambiciona el poder y cuando lo logra solo lo ejerce, trabaja en función de incrementarlo y/o mantenerlo.

Y esto explica la fragmentación actual del peronismo: la lucha no es por los derechos de los trabajadores y la protección de los desposeídos sino por la conducción. Priorizan esto por encima de la unidad, sin la cual nunca podrán imponer las políticas sociales propias del peronismo.

Invierten en proceso lógico. Pretenden definir primero liderazgos… y después todo lo demás. Debería ser al revés: primero deberían entender, y aceptar, que ninguno de ellos tiene la estatura necesaria para unificar y liderar el peronismo por sí solo. Aceptar que se necesitan mutuamente.

Y, en segundo lugar, definir un proyecto político y un modelo de producción de conjunto (hoy la dirigencia peronista no tiene otro proyecto, digan lo que digan, que capturar el liderazgo) y por último elegir, no un “jefe” porque, tal como dijimos antes, ninguno tiene esa estatura, sino un “primus inter pares”, alguien que represente el conjunto pero que esté sujeto al escrutinio de sus pares.

Claro, esto requeriría un salto de madurez, algo así como un peronismo de adultos preocupados por el bien común y no una pelea donde al final todos pierden porque gana, otra vez, el neoliberalismo macrista.

Soy peronista, lo he sido toda mi vida y no dejaré de serlo. Pero hoy, con esta dirigencia, me duele serlo.

Por Raúl Aragón