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El General Pausanias y Leo Fariña Las filtraciones siguen sacudiendo la historia

Repetidamente se ha dicho que el mundo cambió cuando irrumpieron las “filtraciones” de Wikileaks, impulsadas por un equipo liderado por Edward Snowden y Julian Assange. Actualmente comienza a develarse el cúmulo de información de los famosos “Panamá Pappers”, que prometen mantener preocupados a muchos personajes, sacudiendo el status quo Misionero, Nacional y Mundial.

Pero las filtraciones tienen antecedentes milenarios en Grecia, Roma, Turquía y donde fuese que el poder se dirima entre trampas y traiciones.

Cuentan Heródoto, Tucídides y Plutarco que el general espartano Pausanias, vencedor en la batalla de Platea, sobrino del mítico Leonidas, (el de “los 300” del paso de las Termópilas) y Regente de Esparta, envió un mensaje secreto para el rey Persa (su enemigo mortal) a través de uno de sus esclavos.

Acusado de déspota, incumplidor de las leyes, egoísta y sanguinario, por sus propios aliados y compatriotas, Pausanias no gozaba del mejor de los conceptos. Aunque el control del ejército más poderoso de la región lo hacía casi intocable.

El mensajero, llamado Argilios presintiendo que algo había algo sospechoso, abrió la carta y se encontró que Pausanias se ofrecía para apoyar a los Persas si invadían Grecia.

El Espartano no pudo doblegar a los Atenienses, quienes tenían la hegemonía en la Hélade, y decidió apostar a lo grande lanzándo encima de Atenas el gigantesco ejército del Imperio Aqueménida.

Argilio, el esclavo, obviamente se sobresaltó al leer el mensaje, pero cuando en el último párrafo vio que le pedían a los Persas que maten inmediatamente al mensajero, comenzó a buscar opciones para salvar su cuello.
Argilios decidió filtrar la carta a las autoridades espartanas y la misma llegó al Consejo Supremo de los Spartiatas.

Rápidamente el General fue encontrado culpable de traición. Cuando Pausanias iba a ser capturado para ser ejecutado huyó y se refugió en el templo de Atenea Calcieco. Evitando degollarlo, por su prosapia y valor en combate, simplemente tapiaron los cuatro lados del tempo y cuando agonizaba lo sacaron al exterior del santuario para que muera “sin cometer sacrilegio”.

Leo Fariña y Pausanias tienen poco en común. El “valijero” no es General, ni gobernante, ni tiene una genealogía repleta de héroes míticos en su familia.

Definitivamente Leo no es esclavo, salvo de los lujosos hábitos que incluían veloces Ferraris, casarse con alguna vedette y otras exquisiteces que lo levaron a cometer burdos errores. Asi que con Argilio mucho tampoco se parece…¿o si?

Al parecer también trabajaba de mensajero diciendo “Yo soy Lázaro Báez y Baez es Néstor”. Era mensajero como Argilio. Trasladaba valijas, compraba campos y realizaba transferencias de dinero robado al Estado, según el mismo narró.

Durante once horas seguidas se dedicó a filtrar datos. Se dio cuenta que algunos pretendían que él entregue su cabeza y decidió cambiar de lealtad…tal como Argilio.

Sin condena a muerte, posiblemente varios terminen encerrados como Pausanias, desde ya no en un templo, aunque se descartan que mueran de hambre, y menos que menos que alguien dentro de 2500 años se acuerde de ellos.

Por Luis Federico Sole Mases – Escritor misionero

Foto de Luis Federico Sole Mases.