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El destino de Mauricio Macri: de la tragedia al éxito Por Nancy Pazos

Mauricio Macri es un hombre de suerte. No sólo nació en cuna de oro sino que logró todo lo que se propuso en la vida casi sin tropiezos. Claro que trabajó para ello. Y mucho. Pero también, todo hay que decirlo, en todas las instancias de su vida siempre tuvo buena estrella. Porque en su historia personal o como dirigente deportivo y político los planetas siempre se alinearon en su favor. Hubo esfuerzo. Hubo conocimiento y profesionalismo pero, sobre todo, hubo destino.

Ejemplos hay miles. Sobre todo en su carrera como dirigente deportivo. Pero prefiero quedarme con el origen de su llegada a la Jefatura de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires: el análisis de la historia contrafáctica indica que sin la Tragedia de Cromañón, el actual Presidente posiblemente no hubiera llegado a ser el jefe de los destinos porteños. Y esa es justamente otra de las características de su vida: muchas veces las tragedias resultaron el puntapié de sus éxitos.

Pensemos en su secuestro. Es el día de hoy que en lugares públicos y grandes no puede sentarse de espaldas a la puerta por ese temor inconsciente que le quedó de por vida después de esa desgracia personal. Sin embargo su liberación le significó también la entrada estelar al universo mediático. Todavía era el hijo de… pero esos ojos azules penetrantes y la esposa que entonces lo acompañaba, Isabel Menditeguy, un símbolo de mujer en los 90, lo convirtieron de la noche a la mañana en una de las figuras más conocidas y solicitadas por el universo mediático de entonces.

Pero volvamos a este presente donde solo don Jaime Durán Barba cuyo intelecto es indiscutible y cuya verba y locuacidad pueden justificar hasta las bondades del fascismo sin ruborizarse, puede decir hoy que estamos bien o mejor que hace seis meses…

Porque el ajuste fue brutal y la salida del cepo cambiario no hizo estallar el dólar pero sí a la pobreza. La estanflación es un dato inexorable y las inversiones siguen sin llover. El segundo semestre ya empezó y la sensación de ahogo de toda la sociedad se resume en imágenes cotidianas que no hay necesidad de graficar.

Hoy es más barato ser cocainómano que fumador empedernido ya que éste tiene que destinar tres mil pesos mensuales para los cigarrillos. Y es que el intento de encauzar la economía se está llevando puesto hasta a los ñoquis del 29 por los que hoy hay que dejar 101 pesos por kilo en las casas de pastas. ¿Nos seguimos quejando por la carne?

Ahora bien, con el segundo semestre a la vuelta de la esquina, el discurso oficial parece reducido a tener como expectativa sólo que se detenga la inflación. Y con eso, por más crédito que la sociedad le esté dando al flamante Presidente, claramente no alcanza…

¿La buena estrella abandonó a Mauricio justo ahora que la necesitamos todos los argentinos? Creo que no. Es más, aunque sé que peco un poco de voluntarista, espero que no.

¿Quién nos dice que hoy, los mismos Panamá Papers que se convirtieron en la piedra en el zapato de la nueva administración terminen siendo la luz al final de esta crisis?

Anoche uno de los operadores de mercado que más clientes tiene en la Bolsa argentina me dio el siguiente dato: “Tres de cada cuatro dólares que mis clientes tienen en el exterior esperan ser blanqueados. Yo calculo que serán no menos de 120 mil millones los que regresen. Eso sí, siempre y cuando se cambie la alícuota al impuesto a los bienes personales… Eso es indispensable”

Pensé unos segundos y como me pareció una lectura demasiado optimista repregunté: “¿Tanta confianza está generando el gobierno de Macri?”

— No es confianza, es el efecto de los Panamá Papers. Ya todos saben que el mundo camina hacia un blanqueo generalizado y es el momento justo.

Otra vez los planetas parecen alinearse. Otra vez una catástrofe se convierte en un éxito en la vida de Mauricio. Porque si los argentinos repatrian 120 mil millones de dólares, que no nos quepa la menor duda que hay Macri al menos para 8 años.

Fuente: Infobae