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El cura Brochero, cuáles fueron sus milagros, dónde vivió, cuándo lo santifican

Un largo y complejo proceso de canonización de casi 50 años tendrá fin el próximo 16 de octubre en el Vaticano, cuando el Papa Francisco nombre santo a José Gabriel del Rosario Brochero. Su nombre aparecerá escrito en los libros de historia de la Argentina, donde quedará constancia de se trató del primer santo nacido y muerto en el país. Pero, ¿hasta qué punto su vida deberá ser recordada por los milagros en los que intercedió?

La hoja de ruta del cura gaucho muestra mucho más que la devoción de un hombre por Dios. En 1869, a los 29 años, le fue encomendada la tarea de encabezar el curato de San Alberto, hoy conocido como el valle de Traslasierra En tiempos en los que el Estado era más una formalidad que un hecho, Brocherodebía evangelizar un territorio de 4.336 kilómetros cuadrados de valles y serranías casi desiertas y sin caminos.

Allí, entre los cerca de 10 mil habitantes que vivían desperdigados por la zona, también abundaban salteadores y prófugos de la justicia. Lejos de asustarse por una tarea imposible, Brochero la cumplió con creces y transformó para siempre la vida de miles de personas.

Devoción, sacrificio y entrega: la hazaña de un hombre que vivió para su comunidad

Hijo de una familia de inmigrantes portugueses, Brochero vino al mundo el 16 de marzo de 1840 en Villa Santa Rosa, Córdoba. José Gabriel fue el cuarto de diez hermanos, y a los 16 años ya había tomado la decisión de dedicar su vida al sacerdocio. Estudió Filosofía en la Universidad de Córdoba, donde entabló amistad con figuras como el expresidente Miguel Juárez Celman y el exgobernador cordobés Ramón José Cárcano.

Poco después de ser ordenado cura, a los 26 años, Brochero se destacó por su trabajo en una epidemia de cólera que azotó la ciudad de Córdoba en 1967, que acabó con la vida de 4 mil personas. Entre medio de llantos y lamentos, Brochero se dedicó a auxiliar a los más necesitados. Uno de los testigos de aquellos días lo describía así: “Brochero abandonó el hogar donde apenas había entrado, para dedicarse al servicio de la humanidad doliente. Se le veía correr de enfermo en enfermo, ofreciendo al moribundo el religioso consuelo, recogiendo su última palabra y cubriendo la miseria de sus deudos”.

Dos años más tarde se lo designó cura del curato de San Alberto, tarea a la que le dedicó el resto de su vida. A lomo de su burra “Malacara” llegó después de tres días de andar a San Pedro, cabeza del partido, para después de un tiempo instalarse por deseo propio en la localidad de Villa del Tránsito (hoy Villa Cura Brochero).

Desde allí se encargó de evangelizar a los pobladores, pero apelando a un fuerte trabajo comunitario que le valió el respeto y la amistad de todos ellos. No solo los organizó, sino que se encargó de construir cientos de kilómetros de caminos, escuelas, iglesias, acequias, diques, estaciones postales y hasta un telégrafo.

Un pasaje de un artículo periodístico de 1887, recopilado por Liliana De Denaro, revela en detalle la personalidad de Brochero: “Es un hombre de carne y huesos (…) y, sin embargo, es una excepción: practica el Evangelio. ¿Falta un carpintero?Es carpintero. ¿Falta un peón? Es un peón. Se arremanga la sotana en donde quiera, toma la pala o la azada y abre un camino público en 15 días, ayudado por sus feligreses. ¿Falta todo? ¡Pues él es todo! y lo hace todo con la sonrisa en los labios y la satisfacción en el alma, para mayor gloria de Dios y beneficio de los hombres (…) ¡y todo sin subsidio de la provincia, sin erogación por parte de los miembros de la localidad! ¡Lo ha hecho todo con sus propias garras! ¿Milagro? No. La cosa es muy sencilla. Es cuestión de honradez y voluntad. En otros términos: es cuestión de haber tomado el apostolado en serio, como lo ha tomado el cura Brochero”.

Su única “deuda” con la comunidad cordobesa fue no haber logrado en vida que el ferrocarril llegara desde Córdoba a Villa del Tránsito, aunque sí logró que se extendiera el ramal ferroviario desde Villa Mercedes hasta Cruz del Eje.

Después de 40 años de servicio como cura -que incluyeron el rechazo a la canonjía efectiva que le ofreció el obispo de Córdoba- Brochero debió entregar su cargo al frente de la parroquia. Estaba enfermo de lepra, producto de haber convivido y tomado mate con enfermos que padecían este mal.

El mal de Hasen, como también se le llama a la lepra, lo dejó ciego y prácticamente sordo. Sin embargo, el 21 de octubre de 1912 logró concertar una entrevista con el entonces presidente Hipólito Yrigoyen. ¿El motivo?, tratar de convencerlo para que construyeran el ramal del tren Soto-Dolores.

Su muerte le llegó dos años más tarde, a los 73 años. Su último pedido fue que un carpintero de la Villa le confeccionara “un cajón sencillo, para que algo gane con esa obra” y que su cadáver fuera enterrado en el suelo, en cualquier punto de la calle principal de la entrada del cementerio. “Ahora tengo ya los aparejos listos pa’l viaje“, dicen que dijo antes de morir.

Su canonización, un recorrido de 50 años de pruebas y pedidos

El 17 de marzo de 1967, la Santa Sede autorizó que el proceso de canonización de José Gabriel Brochero se iniciara en la arquidiócesis de Córdoba. Desde entonces, se recogieron cientos de testimonios sobre la vida y obra de este cura cordobés.

Milagro Uno. No fue sino hasta febrero de 2009 que se inició el análisis de la la intercesión del cura Brochero en el milagro de la recuperación de Nicolás Flores. Un accidente automovilístico ocurrido el 28 de septiembre de 2000 lo había dejado al borde de la muerte. Luego de tres paros cardiorrespiratorios, con pérdida de masa ósea del cráneo y masa encefálica incluidas, el pronóstico de los médicos era que Nicolás viviría solo en forma vegetativa.

Sin embargo, Osvaldo Flores, padre de Nicolás, rezó para que el Cura Brochero interviniera en la sanación de su hijo, milagro que finalmente ocurrió y que le valió la beatificación el 20 de diciembre de 2012, día en que el Papa Benedicto XVI firmó el decreto de beatificación que validó el milagro de Brochero.

Milagro Dos. Hace tres años, Camila Brusotti estuvo al borde de la muerte también. Su madre y su padrastro la habían golpeado salvajemente y las previsiones médicas le pronosticaron vida vegetativa. No respondía, no veía, no escuchaba, no hablaba. Pero sin motivo aparente se recuperó y volvió a caminar. Su padre le rezó a un cuadro del Cura durante 18 días.

El obispo Santiago Olivera llevó la investigación al Vaticano y este domingo será, finalmente, nombrado santo. El cura gaucho. El cura de los pobres.

Por Alejandro Tejero Vacas