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El correísmo, por una segunda oportunidad en Ecuador

Los ecuatorianos acudirán a las urnas este 11 de abril para elegir al sucesor del presidente Lenín Moreno, entre el izquierdista Andrés Arauz (37) y el derechista Guillermo Lasso (65), en un contexto muy condicionado por el impacto sanitario de la pandemia y por una prolongada crisis económica. Un tercer actor clave, el movimiento indigenista, denunció fraude en primera vuelta y llamó al voto nulo.

Unos 13 millones de ecuatorianos podrán votar este 11 de abril en el ballotage presidencial al que llegaron el izquierdista Andrés Arauz (33,7% en primera vuelta), discípulo del expresidente Rafael Correa (2007-17), y el derechista Guillermo Lasso (19,75%), en un agitado contexto político en el que un tercer actor determinante, el indigenismo (19,39%), convocó al voto nulo y puede condicionar el resultado final.

 

El nuevo presidente de Ecuador asumirá el 24 de mayo, con la Asamblea Nacional de 137 bancas, renovada por los votos del 7 de febrero y con el correísmo como primera minoría pero muy pendiente de alianzas, en un escenario fragmentado.

 

El presidente saliente, Lenín Moreno, vicepresidente por ocho años y luego sucesor de Correa, con el que rompió políticamente, deja el poder muy desacreditado por su gestión de las crisis sanitaria y económica. Correa (57), exiliado en Bélgica, fue condenado por un tribunal ecuatoriano a ocho años de cárcel por un presunto caso de sobornos y privado de sus derechos políticos por 25 años, según el expresidente “parte del lawfare” para inhabilitarlo políticamente.

 

El impacto de la pandemia en el país, con 335 mil contagios y 17 mil muertes hasta los días previos a la elección. es otro factor de influencia en los votantes ecuatorianos y la vacunación, preocupación principal en las ofertas de Arauz (Alianza UNES) y Lasso (CREO-PSC) para el ballotage.

 

Arauz ha prometido desplegar una planificación que le permita imponer un ritmo de inmunización de 2,5 millones de ecuatorianos al mes (el país tiene 17,3 millones de habitantes), gracias a la reincorporación de 6 mil trabajadores de la salud al sistema sanitario público, aunque no está claro cuál será su proveedor de vacunas.

 

Lasso aseguró que inmunizará a nueve millones de ecuatorianos en 2.100 centros de salud pública, durante los primeros 100 días de su eventual gobierno después de negociar con las farmacéuticas que producen la vacuna.

 

El otro gran asunto de debate frente al ballottage ha sido la administración de los fondos del Banco Central y la independencia de la institución bajo la dolarización de la economía del país (avalada por ambos candidatos). Mientras Arauz insiste en el rol político del banco y propone recurrir a sus reservas en el exterior para inyectar en el mercado local y reactivar la economía, Lasso aboga por su total autonomía y mantener al Central y obtener dólares de las exportaciones y la inversión extranjera.

 

Mientras tanto, las poderosas Confederación de Pueblos de la Nacionalidad Kichwa del Ecuador (ECUARUNARI) y Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) se negaron a apoyar a Arauz, como propuso uno de sus líderes, el presidente saliente Jaime Vargas, y reflotaron su antiguo conflicto con el correísmo por la explotación de los recursos naturales el país.

ECUARUNARI consideró a Arauz candidato “de quienes han actuado como verdugos de los pueblos y nacionalidades” y llamó al voto nulo como “símbolo de resistencia ante el fraude electoral” en la primera vuelta del 11 de abril, que excluyó por décimas a su candidato Yaku Pérez”. CONAIE también convocó al “voto nulo ideológico”.

A su vez, sobre el final de la campaña para el ballottage Lasso intentó atraer el voto indigenista con propuestas ecologistas y de protección de los derechos de las comunidades originarias del Ecuador, como parte de una oferta más amplia a votantes indecisos, en especial jóvenes y mujeres, que incluyó la igualdad de género y el desarrollo rural sostenible.

 
Consulta, crisis y pandemia

El gobierno de Lenín Moreno (2017-2021) acometió en 2018 una ofensiva para desandar el camino recorrido por Correa. El primer paso fue el referéndum de siete preguntas, entre ellas una sobre anular la reelección indefinida de un presidente (introducida por Correa en la reforma constitucional de 2015).

 

Otras preguntas claves fueron sobre la inhabilitación política de condenados por corrupción (como ocurriría con el expresidente) y sobre la reforma del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, que define cargos claves (contralor del estado, procurador y defensor del público) y estaban en manos correístas. Los ecuatorianos respondieron´”Sí”, ampliamente, a todas las preguntas.

 

Sin embargo, de ahí en adelante, la economía dolarizada (desde 2000) y endeudada de Ecuador nunca fue domada por el gobierno de Moreno, y empeoró durante la pandemia. El país arrastra una caída anual de 9% del PIB durante 2020 y ya venía sin crecimiento (+0,1) en 2019. Con una economía de USD 100 mil millones, Ecuador tiene un déficit anual de 9.000 millones. Y un más de un tercio de su población está en la pobreza.

 

Los problemas vienen, cuando menos, desde los tiempos de Correa, cuando la bonanza de precios de materias primas terminó para toda América Latina, a mediados de la década pasada. En 2007-2014, el PIB ecuatoriano creció a un promedio de 4%. El derrumbe del precio del petróleo -desde USD 100 a menos de USD 30) y el fortalecimiento del dólar afectaron las exportaciones ecuatorianas (del 7% al 0,7% en los últimos dos años del gobierno de Correa, de 2015 a 2017).

 

La deuda externa se hizo una bola de nieve. Con Correa, había pasado de USD 10 mil millones en 2009 a USD 43 mil en 2017, por encima de un límite legal del 40% del PIB. Moreno agravó el problema y terminó firmando un acuerdo de USD 6.500 millones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a finales de 2020, a cambio de un ajuste fiscal y una reforma impositiva.

 

Moreno ya había renegociado con los acreedores privados, que concedieron cinco años de gracia en el pago de capital y dos años para los intereses de una deuda de más de USD 17.000 millones, con una quita de 1.500 millones y 5,3% de interés.

 

La prolongada incertidumbre económica que envuelve a Ecuador hace más de cinco años sobrevolará así estas elecciones, tanto como los resultados de una gestión de la emergencia sanitaria. El mundo recuerda aún cómo, en abril de 2020, las calles de Guayaquil comenzaron a sembrarse de cadáveres abandonados de víctimas del COVID-19 que las autoridades no daban abasto a recoger.

 

Casi un año después, el país inició su plan de vacunación con 8 mil dosis para personal médico y prevé obtener hasta el tercer trimestre del año unos 18 millones de dosis, para inmunizar a 9 millones de ecuatorianos, el 60 % de su población.

 
El nuevo correísmo

Ante semejante panorama, el joven economista Andrés Arauz promete al electorado, ante todo, la recuperación de la economía, con la distribución de mil dólares a un millón de familias y la creación de 800 mil empleos, y después mejorar la salud pública, distribuir gratuita y masivamente vacunas contra el COVID-19.

 

Arauz, especialista en economía pública y financiera, fue ministro de Conocimiento y Talento Humano, de Cultura y Patrimonio y director general bancario del Banco Central del Ecuador (2009-2011). Asume dos grandes prioridades: recuperar la economía a corto plazo y, para lograrlo, unidad de las principales fuerzas políticas del país.

 

Para Arauz, la clave para financiar la recuperación de la economía está fuera de Ecuador, y no con más deuda: usando parte de las reservas internacionales que el Banco Central mantiene en el exterior, unos USD 8.000 millones.

 

Pese a los problemas de Correa con la gestión de la economía, Arauz lo asume como su principal respaldo político. “Será uno de mis principales asesores en mi gobierno. Jamás negaremos su trascendencia histórica”, asegura el candidato, pero matiza enseguida que, de ganar los comicios, asumirá plenamente la presidencia: “Las decisiones las tomaré yo”.

 

Ya descartada una alianza formal con el indigenismo, los planes de Arauz dependen de sus alianzas con numerosas fuerzas minoritarias que presentaron sus propios candidatos en primera vuelta: al menos cinco de izquierda opositoras durante la década de gobierno de Correa y otras cuatro escindidas del propio correísmo.

La opción conservadora

Arauz disputará el ballottage con el conservador, empresario y varias veces candidato presidencial Guillermo Lasso (CREO). Este banquero tiene experiencia estatal: gobernó un año Guayas designado por el entonces presidente Jamil Mahuad, quien durante la crisis de 1999 lo nombró súper ministro de Economía, aunque sólo duró un mes.

En 2011, Lasso fundó el movimiento CREO y en las elecciones presidenciales de 2013, con el apoyo del Partido Social Cristiano, Izquierda Democrática y Partido Liberal Radical Ecuatoriano, Lasso logró 22,6% de los votos (resultó reelegido Correa). En 2017, aliado con el alcalde quiteño Mauricio Rodas, pasó a segunda vuelta, pero perdió ajustadamente con Moreno (51,1% a 48,8%).

 

Como parte de su anti correísmo, Lasso apoyó el referéndum de 2017 convocado por Moreno. Ahora, con su ideario liberal renovado, alimentando promesas de inversiones en petróleo y minería, competirá nuevamente por la presidencia con el apoyo de 43 partidos, entre ellos el tradicional Partido Social Cristiano (PSC).