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El complot esperpéntico y los motivos del estrés Por Jorge Raventos

El Presidente no sufrió un cuadro de arritmia la semana pasada porque temiera maniobras destituyentes impulsadas por personajes como Guillermo Moreno, Luis D’Elía o Fernando Esteche. Lo que sí es cierto es que los amigos del gobierno que salen a defenderlo de esas amenazas quiméricas contribuyen, más bien, a darles verosimilitud a los esperpentos y a su  descripción horrorosa de la situación social.  No se trata de confundir con Napoleón a cualquiera que afirme serlo.

Dicho esto, hay que analizar esa realidad que el jefe de gabinete, Marcos Peña, llamó “el peor momento” que le ha tocado atravesar al gobierno (cuando Macri todavía no ha completado medio año en la Casa Rosada). Y hay que  verificar cuánto de eso cabe dentro de lo plausible y cuánto es producto de errores propios y de fuego amigo.  Allí hay ya suficiente motivo para el estrés que provocó la arritmia.

Las presiones se sienten. No sólo lo evidencia el ritmo cardíaco del Presidente, sino el hecho de que se vuelva necesario desmentir renuncias o empiecen a trascender  divergencias o trifulcas entre funcionarios (Hacienda- Banco Central; ministerio de Interior-secretaría de Energía) cuando las decisiones de un área perturban el cumplimiento de objetivos de otra. El gobierno se ve obligado a postergar algunos objetivos (como la reducción del déficit fiscal) o a poner reversa en algunas decisiones desmesuradas (como los aumentos de tarifas). La  pulseada con la inflación todavía no está coronada, las inversiones no se precipitan según los cálculos previos y lentamente el discurso oficial y paraoficial va corriendo la línea  que dividirá los tiempos difíciles de los más aliviados. Desde el Palacio de Hacienda recuerdan que “el segundo semestre dura seis meses”, es decir, que no habría que esperar que las buenas nuevas ocurran el primero de julio, sino más bien “en el último trimestre”.  Voceros paraoficiales, como Javier González Fraga, avisan que la reactivación sólo llegará en 2017.La vicepresidente Michetti, en la misma acuerda, señala que “en el segundo semestre veremos la luz al final del túnel, pero todavía estaremos en el túnel”.

La propuesta de reparación a los jubilados  y la perspectiva de un blanqueo exitoso, que se traduzca en recursos para el Estado y capitales para la inversión, le permitieron al gobierno recuperar iniciativa y proyectar expectativas  benéficas para compensar la lenta maduración de sus pronósticos.

Para sacarlo adelante el gobierno tuvo que recuperar la lógica negociadora y acuerdista que puso en práctica para arreglar el tema holdouts y después –influido por prédicas solipsistas de su propia coalición- pareció postergar.

Es importante que esas negociaciones mejoren el proyecto original, que generó con justa razón (la voluntad reparadora) una enorme expectativa. Sería penoso y contraproducente desbaratarla. Y les ofrecería una ayuda a los críticos interesados.La señora de Kirchner, que forma parte de este conjunto, ya ha lanzado algunos palos que tocan puntos sensibles.  Habla de “la burla de establecer una quita de entre el 30 % y el 60 % para los jubilados que tienen juicio contra la ANSES”.

Por cierto, la expresidente, que ordenaba no pagar nada de esos juicios y apelarlos sine die no es la autoridad más indicada para alzar esa reivindicación. Pero se trata de responder al argumento, no ad hominem. Ella no lo menciona, pero  otros lo han hecho: el proyecto oficial de actualización de los importes jubilatorios no se atiene al índice que ha aplicado la Justicia en los casos en que ha habido sentencias (el Indice de Salarios Básicos de la Industria y la Construcción) sino al de Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE), que es dos veces y media más bajo. La esperanza generada por la idea de “pagar la deuda” con los jubilados se encoge un poco en ese aspecto.

Pese a otras satisfacciones (el giro en política exterior se consolida: Argentina ha sido aceptado como observador en la Alianza del Pacífico), hay tensión en el horizonte: aún no está plenamente garantizada la aprobación de los pliegos de los dos jueces de la Corte presentados por el Ejecutivo y este fin de semana hay elecciones en Río Cuarto (primeras urnas desde ael ballotage). En Río Cuarto, que tiene intendente de Cambiemos, Macri ganó con más del 70 por ciento de los votos. El resultado de este domingo es muy importante para mostrar que el ejercicio del poder  no  erosiona el apoyo. Otra prueba. Otro motivo de estrés.