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El archipiélago de YPF espera a Godot

Espejo del país. Faltan más dólares que ideas.

El archipiélago de YPF espera a Godote

1.- Gigantografía

En el archipiélago de YPF se espera con impaciencia la llegada de Pablo González, Godot.
Personaje de Samuel Beckett que procede de Santa Cruz (Tierra Santa).
Es diputado, fue senador, manejó rentas en el sur y atendió el teléfono de Néstor Kirchner, El Furia. Fue vicegobernador de Alicia, La Fotocopia.
Mientras se demora la oficialización del nombramiento como presidente de YPF, Godot se vuelve paulatinamente providencial.
Representa la penúltima esperanza para plantar racionalidad en una gigantografía extraña.

En YPF, la fantasía del General Mosconi, todos se comportaron bien. Bienintencionados en sus islas, fueron patriotas.
Pero igual YPF se transformó en el espejo del país captado por la patología.
Guillermo Nielsen, El Polista, presidente del directorio que parte, se resigna y encuentra la solución personal como embajador en Arabia Saudita.
Reconocido artesano del pedal de la renegociación.
Supo exhibirlo junto a Roberto Lavagna, La Esfinge, cuando pedaleaba acreedores para El Furia.

Aunque Nielsen sea el pedalero experimentado, no va a ser el encargado de renegociar los 7 mil millones de dólares que arrastra YPF.
Ahora concentra su pensamiento en el país de MBS.
Mohamed Bin Salman, Príncipe Heredero de la Arabia Inaudita.
Deja el plácido «infierno de la Torre» para ocuparse del conflicto fundamental.
Sunnita versus Chiita. Rigorismo saudí contra el persa Irán.
Tema petrolero que excede la energía cotidiana de la gigantografía.
Donde cuesta saber, desde hace nueve años, quién manda.

2.- «De aquí hay que salir»

Las islas del archipiélago valen hoy la décima parte de lo que se adeuda.
Lo más grave, para los inocentes contemporáneos, es cargar con la simbología del fracaso.
Es inútil diluir las responsabilidades en las gestiones anteriores.
En la gigantografía cabe la pregunta de Zavalita, protagonista de “Conversación en La Catedral”, superior novela de Vargas Llosa.
¿Cuándo empezó a joderse YPF?
¿Acaso fue cuando Bernardo Neustadt instaló el sublime cuento de la ineficiencia del estado para producir el salvataje de las privatizaciones?
¿O fue cuando, en las proximidades de Quito, cayó fatalmente el avión del boliviano José Estenssoro?
¿O fue cuando se cometió el catastrófico error de estatizar?
Para algarabía de los veloces españoles de Repsol que ya habían hecho su negocio, perfeccionado con la propina de la reparación.
Legitima el monumento a don Antonio Brufau, al costado de La Puerta de Alcalá.

La angustia coyuntural de 2021 impone la renegociación del pago comparativamente menor.
Para renegociar con profesionales, oportunamente contenidos con biberones de cicuta.
Técnicos sensibles de BlackRock, de Fidelity, de Ashmore. Héroes del camino que El Polista conoce de memoria.
El 23 de marzo vencen 400 millones de dólares, para diluir en el ácido del almanaque.
Paradójicamente, 400 palos pueden recaudarse si se vende la torre altanera de 35 pisos de Puerto Madero.
Torre que nadie quiere vender. Menos los ejecutivos que acceden a las alturas de la conducción.
Solo para disfrutar la estética de la mesa del comedor. Desde donde puede verse Colonia, «en días claros» (según el poeta Fernando Sánchez Sorondo).
Antes el archipiélago, cuando era rudimentario, estaba mejor armado. Instalaciones amontonadas en el edificio de Diagonal Norte.
En el despacho principal, hacia junio de 2006, un profético peninsular de Repsol (compradora de la gigantografía por 15 mil millones) hizo una profunda revisión integral.
Indagó, sin el rigor de Ortega, en los valores morales y materiales. Estudió el temperamento y la cultura del argentino.
Para arribar a la terrible conclusión: “Aquí hay que hacer el negocio y salirse, en cuanto se pueda”.
Pero no pudo cumplirse el deseo de escapar. Facilitaron la salida los funcionarios pragmáticos de 2012.
Los sacaron a empujones mientras La Doctora anunciaba la gloria de la estatización.
“Según pasan los años”. Melodía en el piano del boliche de Casablanca que ponía romántico a Humphrey Bogart.
«Según suceden los fracasos». Señores de excelente reputación, patriotas furtivos que pretendían encontrarle la vuelta (trunca) a la gigantografía.

3.- Magos

Mientras tanto, Sergio Affronti, el CEO, se ocupa del despacho cotidiano.
Carga con la recomendación de Miguel Galluccio, El Mago.
Fue El Mago quien le dijo a La Doctora. “Póngalo a Affronti”.
Centro de mil rumores, Galluccio tampoco sale muy favorecido en la estampita.
El muchacho sabe de destilación, de perforación, de exploración. Un sabio del petróleo. Dejó una carrera rutilante en Londres para sumergirse en «el infierno de la Torre».
Se le factura la responsabilidad por el endeudamiento. Acaso por haberse comprado el delirio de la riqueza inagotable de Vaca Muerta.
La providencial Vaca Muerta que había anunciado Sebastián Eskenazi, Sebita, en el salón de actos, con la presencia de La Doctora que aplaudía con fervor.
El Mago comparte con Affronti la pasión por las recomendaciones. Fue recomendado a la Doctora por el gobernador Urribarri, El Pato, de Entre Ríos.
El paquete incluía a la señora Doris Capurro, la Tía Doris. La creativa diseñó a Miguelito con la galera del Mago.
Fue fácil imponerlo. Como lo fue convencer al argentino que en Vaca Muerta se encontraba el germen de otra Arabia Saudita.
En Añelo, pueblito próximo a la Vaca, “el próximo Dubai”, se instaló hasta un shopping.
Para que la pobre vaca resucite se necesitan decenas de miles de millones de dólares permanentes. El Mago no pudo atraerlos.
Las finanzas disparatadas del archipiélago hoy son diseñadas por Alejandro Lew. Joven despierto que actúa en tándem con Martín Guzmán, Alias Gardelito.
Un ministro que se hace cargo, a su pesar, del espejo de YPF.
Devuelve la imagen del país donde falta algo más que ideas. Faltan los dólares.
Los usuarios de biberones de cicuta, para cobrar, se muestran en condiciones de aceptar bonos. Pero con la garantía blindada.
Exportaciones del Agro, lo único que deja dólares. Pero aún quieren garantizarse más.

En el archipiélago falta el orden. Aunque sea una categoría de derecha.
Se espera que el orden lo traiga Godot. En un marco de entendimiento con la Secretaría de Energía, hoy a cargo de Darío Martínez, de Neuquén.
Armonía patagónica. En vísperas del invierno que amaga con la crueldad. Cortes, sobre todo quebradas. Temor al default. Al quebranto.
El «Pablito» apreciado por el extinto Furia ya tiene 52 años. Es valorado por La Doctora y La Fotocopia.
Es la penúltima esperanza. O la antesala de otra decepción.

Continuará

Por Jorge Asís