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El aborto y la grieta de la fe

Aunque es mayoritario y poderoso el lobby religioso contra el proyecto de legalización que llegó al Congreso, existen voces que quiebran ese coro dominante.

La discusión por la ley de aborto es motivo de análisis desde el punto de vista de la salud pública, la bioética, la libertad de la mujer sobre su cuerpo, la ciencia y los derechos humanos, pero tanto “proderechos” como “provida” evitan que la cuestión religiosa emerja en el debate. Un sector, porque sostiene que no cabe, por lo que apela a consignas como “saquen los rosarios de nuestros ovarios”, y el otro porque considera que los fundamentos basados sobre la fe debilitan la posición de rechazo al aborto legal.

No obstante, intencionalmente o no, los argumentos religiosos se cuelan en el debate. Ocurrió en 2018 y vuelve a ponerse sobre el tapete ante el que se avecina.

El presidente Alberto Fernández, que aspira a que el proyecto verde esta vez se convierta en ley, lo puso recientemente en el contexto de las creencias al reconocerse católico pero aclarando que no está de acuerdo con la “lógica” de la Iglesia sobre el aborto. También, al traer al papa Francisco al debate y pedirle públicamente, en una entrevista, que no se enoje y entienda que su responsabilidad es resolver un problema de salud pública argentina.

El primer mandatario no se quedó ahí y anticipó que, si eventualmente Jorge Bergoglio lo interpelase por contribuir a la aprobación de la ley en el país, le respondería algo similar a lo que el presidente Valéry Giscard d’Estaing, quien también decía profesar el catolicismo, le dijo al entonces papa Pablo VI al legalizar el aborto en Francia en 1975: “Yo gobierno para muchos franceses que no son católicos”.

El pontífice pareció ensayar una respuesta indirecta al Presidente al sostener que el aborto “no es un asunto primariamente religioso”, sino “de ética humana, anterior a cualquier confesión religiosa” e interpelar a hacerse dos preguntas: “¿Es justo eliminar una vida humana para resolver un problema? ¿Es justo alquilar un sicario para resolver un problema?”. Lo hizo en una carta manuscrita y escaneada como imagen que remitió por correo electrónico a su excolaboradora en Buenos Aires y diputada celeste Victoria Morales Gorleri (JxC), en respuesta a otra misiva que le enviaron días pasados madres de las villas, ante lo que consideran el intento de algún sector de generalizar que la práctica del aborto es la “única opción” para las mujeres pobres.

La posición de la mayoría católica que responde a la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) y las congregaciones que reúne la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA) es de clara oposición al aborto legal, al punto de que se unen a las ONGs “provida” que se dicen aconfesionales para organizar un 28N con movilizaciones al Congreso y marchas en todo el país.

No obstante, existe un grupo de Católicas por el Derecho a Decidir que se declara autónoma de la jerarquía eclesiástica, que a su vez las califica de incongruentes, y manifiesta su compromiso por las mujeres contrarrestando, desde una perspectiva teológica y feminista, los “fundamentalismos” religiosos.

Un ideario similar y emparentado con las “verdes” tiene el protestantismo histórico representado por las iglesias Evangélica Discípulos de Cristo, Evangélica del Río de la Plata, Evangélica Metodista Argentina, Evangélica Valdense del Río de la Plata y Evangélica Luterana Unida (las cinco conforman la Comisión Argentina para Refugiados y Migrantes – CAREF). También, por las denominaciones que integran la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE).

Aunque lo consideren “inoportuno e imprudente” en medio de la crisis sociosanitaria, católicos y evangélicos celestes exigen ser escuchados en el futuro debate legislativo del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo; al igual que las iglesias cristianas verdes, los musulmanes, las distintas visiones del judaísmo y otras comunidades de fe menos representativas en el país.

El pataleo eclesiástico pareció ser escuchado, dado que las comisiones de la Cámara baja a cargo de la discusión -Legislación General, Legislación Penal, Salud y Mujeres y Diversidad- sumaron un grupo de referentes éticos religiosos a los otros tres que sentarán posición: científicos, sanitaristas y juristas.

Tal es la susceptibilidad que genera el tema, que en un reciente encuentro por el Día de la Libertad Religiosa realizado en la catedral porteña hubo un tibio e imperceptible cruce de posiciones entre el sacerdote Guillermo Marcó, exvocero de Bergoglio y copresidente del Instituto de Diálogo Interreligioso (IDI) y Luis María Alman Bornes, miembro del consejo pastoral de la Iglesia Anabautista Menonita de Buenos Aires.

Ante referentes de una veintena de credos y tras pedir reconocer que las religiones fueron, muchas veces, espacios excluyentes y partícipes de hechos de violencia contra las mujeres, Alman Bornes llamó a construir “fraternidad” y “sororidad” a partir de un compromiso con legislaciones favorables a “los derechos de nuestras hermanas”.

Marcó, por su parte, apuntó a la supuesta liviandad del debate, al replicar: “No se puede discutir la vida humana como si fuera simplemente un enfrentamiento entre dos cuadros de fútbol”. “Esa vida inalienable” merece la dignidad de otro tratamiento en pandemia, completó.

Ante la diversidad desde la fe y el lobby de los credos que busca influenciar en el voto verde o celeste de las legisladoras y los legisladores, la pregunta se hace recurrente. ¿El aborto es también una cuestión de religión?

Por Guillermo Villarreal- Letra  P