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Eduardo Valdés: “Cambiemos se puso el país de sombrero”

El dirigente peronista y ex embajador argentino en el Vaticano realizó un análisis para Zoom sobre el primer año de Cambiemos, el peronismo y el Papa Francisco.

¿Qué balance hace de este primer año de Cambiemos?

Lo primero que me sale decir es: “se pusieron el país de sombrero”. Creo que por encima de todos los errores que hayamos cometido, nadie puede decir que al 10 de diciembre del año pasado el poder adquisitivo del salario no servía para vivir dignamente. Quizás se le ocurre decir a uno de los ideólogos, el profesor de economía de todos los que están gobernando, [Javier] González Fraga, que eso era una ficción. Él dijo eso: que nos habían hecho creer una ficción. Pero él no entiende qué es el peronismo. A nosotros no nos gustan las ficciones, nos gusta la realidad. Pero la realidad que nos gusta es que los de abajo vivan bien hoy, no dentro de cuarenta años. Creo que quizás manejamos mal nuestra comunicación, algo hicimos mal para que los beneficiarios de las políticas que llevamos adelante en los últimos doce años crean que lo consiguieron por su esfuerzo individual y no porque esto es un proceso colectivo donde las políticas del Estado permitieron, por ejemplo, que por primera vez generaciones de estudiantes universitarios en el primer cordón fueran hijos y nietos de gente que no había terminado el colegio primario ni secundario. Lo que creo hoy es que, como probaron esa vida digna, sin duda nos van a acompañar, si es que logramos encontrar una propuesta donde nos volvamos a unir lo que llegamos juntos al 23 de noviembre pasado. Creo que tenemos que tener la inteligencia y la solidaridad necesarias para encontrarnos todos en una misma mesa y encima ampliar la cancha.

¿Volver al 23 de noviembre implica volver al espíritu de la campaña para el ballotage? Porque el kirchnerismo no lo encaró igual que a la primera vuelta.

Creo que lo que vos estás hablando de la segunda vuelta fue la sublevación de los peronistas. Porque los kirchneristas estaban debatiendo si les gustaba Scioli, midiéndole el aceite. Y los peronistas se pusieron la campaña al hombro. Esto no significa que yo no sea… Para mí el gobierno de Néstor y Cristina ha sido el gobierno más revolucionario que pude ver, porque no pude ver el de Perón. Pero para mí no hay kirchnerismo sin peronismo. No puede haber peronismo sin kirchnerismo, ni kirchnerismo sin peronismo. No comparto lo que dice el Momo Venegas de que el kirchnerismo no es peronismo, pero tampoco comparto lo que plantean algunos sectores dentro del kirchnerismo de que kirchnerismo y peronismo no son lo mismo. Yo creo que peronismo, primero que nada, es voluntad popular, es mayorías nacionales. Y nadie me puede que en estos doce años no estuvieron expresadas las mayorías nacionales. Creo que vamos a volver, vamos a ganar las elecciones en el 2017 pero no porque seamos mejores sino porque éstos son peores. Recién entre el 2017 y el 2019 tendremos que encontrar una propuesta para mostrar que somos mejores y que vamos a alcanzar los valores que se necesitan para alzarse con una presidencial.

¿Cómo ve al peronismo hoy de cara a ese futuro electoral?

Mirá, creo que hoy, analizando la política, en el escenario hay tres actores. Por un lado está el presidente Macri, por otro lado está Sergio Massa y por otro lado está Cristina Fernández de Kirchner. Con todo el torpedeo mediático que tiene, cada vez que hacen encuestas -ellos, no nosotros-, les da que mide más Cristina Fernández de Kirchner. Entonces, yo no sé si Cristina va a ser o no candidata. Pero sí veo que ese espacio que se expresa allí es un espacio que ningún analista político puede obviar. Algunos están debatiendo si la meten presa o no, pero no porque tengan motivos, sino porque les molesta. Es como lo de Milagro Sala. Los organismos internacionales, ya sea Amnesty International, Human Rights Watch, las Naciones Unidas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, todas dicen que es una detención arbitraria, que la tienen que dejar en libertad ya. Y uno lee acá ríos de tinta que justifican por qué no, aunque la frase más contundente haya sido la del senador Ernesto Sanz, que en un programa que se llamaba “Confesiones”, mirá vos cómo se llamaba, dijo: “yo sé que Milagro Sala está mal detenida pero era la única forma por la cual el gobernador Morales podía gobernar”. Es lo mismo. Nosotros tenemos todo para juntarnos. Y en esos tres espacios que te hablaba tenemos que ser mucho más generosos de lo que somos. No todo lo que es más cristinista que Cristina es lo que ayuda para juntar. Hay gente a la cual los analistas mediáticos los tienen como anticristinistas, pero cuando me junto a hablar con ellos me piden “por qué no me llevás a hablar con Cristina”. Siento más viudos de Cristina, que enemigos de Cristina. Ahora, eso lo que requiere es que Cristina me ayude un poco a que me atienda a los viudos. Porque a veces el viudo también necesita que le den un pésame. Son cuestiones humanas que me parece que sirven. Por ejemplo, para mí sería una enorme alegría que Hugo Moyano se pueda juntar a tomar un café con Cristina Fernández de Kirchner. Yo escuché en una película que se va a presentar en estos días, Quiero trabajo, donde Hugo dice que le encantaría tomar un café con Cristina Fernández de Kirchner. Yo creo que ese día tiemblan los muchachos. ¿Por qué no soñar que Roberto Lavagna se junte a tomar un café con Cristina Fernández de Kirchner?

¿Y esas divisiones internas no serían otra razón para entender por qué se perdió en 2015, más allá de los problemas comunicacionales?

Absolutamente. Hay mucho ultrista de un lado y del otro. Pero lo que no se dan cuenta los ultristas es que los platos los pagan los humildes. Porque ninguno de esos ultristas hoy está mal. Lo que está mal es el pueblo. Y nosotros trabajamos con el pueblo. Tenemos que tratar de que las heridas que están generadas hoy porque el salario no alcanza sean lo más fáciles de cicatrizar al momento en que volvamos al gobierno y no que sean heridas irreversibles, como en el 2001, que generó un sector que, por más políticas activas que lleves adelante, no los incorporabas a la sociedad nunca más. Ese fue el drama del 2001. Nunca más lo debemos repetir. Lo digo para algunos tontos que piensan que hay que llegar a un 2001. El 2001 lo sufren los humildes. Jamás tenemos que volver a un 2001. Ojalá nosotros podamos, con nuestra lucha, poder rectificar políticas. Mirá lo que pido. Algún día escuché que Macri decía ser desarrollista. ¡Espero que haga algo de Frondizi! ¡Espero que haga un gobierno desarrollista! Mirá lo que pido. Sin Plan Conintes, por supuesto.

¿Por qué hay tantas personas que se arrogan una relación especial, cercana con el Papa Francisco?

El Papa tiene relaciones múltiples. No me gusta ser de los que califican a los que dicen haber estado con él. Pasaba con otras personas, para no dar nombres, porque después se ofenden los católicos, dicen: “lo comparás con el otro”. Sí puedo decir que me tocó vivir en Roma y ver, con emoción, que muchos iban a buscar la palabra de Francisco. Una de las cosas más lindas que pasan en Roma es cuando los miércoles y los domingos van a escuchar al Papa jóvenes agnósticos, marxistas, trotskistas, cristianos de toda laya, católicos romanos, ortodoxos, judíos, musulmanes. Y no van a escuchar lo teológico, sino a ese Papa que dice que el trabajo es dignidad, que estamos en la tercera guerra y que la guerra no es guerra de religiones sino por dinero, y que de ese intento de hacer prevalecer el dinero por encima de todas las cosas salen los subterrorismos, como el narcotráfico o las peleas interreligiosas. Esos jóvenes, el día que les toque gobernar sus sociedades, van a valorar primero la dignidad del trabajo, darse cuenta lo que el Papa ya denunciaba en Aparecida respecto del libre comercio. Creo que lo que el Papa ha dicho en Santa Cruz de la Sierra o lo que acaba de decir hace un mes en la última cumbre de los movimientos populares, más lo que dice en la Laudato Sí, que tiene que ver con la convivencia en las ciudades, van a ser las doctrinas por la cual van a luchar nuestros jóvenes. Va a ser mucho mejor el mundo post-Francisco, que el mundo de Francisco. Está sembrando.

Por Diego Sánchez – Bean Gibbons / Foto: Georgina García | Zoom