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¿Deseo y decepción?

Fernández, Macri y el juego de los parecidos. El pliego de Cristina y la historia. Política o economía, esa es la cuestión. En busca del desarrollo perdido.

Un año entero de nuestras vidas va a quedar para siempre hundido en la ciénaga de la pandemia. Eso solo es culpa del pangolín, pero provoca frustración constatar que, en realidad, la Argentina se encuentra atascada desde hace mucho más tiempo. No es cuestión de caer en el vicio de esos analistas checoslovacos que gustan sentenciar, desde Praga, que “este país” no tiene salida. Eso es falso: la tiene o, más, debe tenerla. El problema es que los caminos al fracaso pueden ser infinitos.

El último de ellos no queda lejos. Allá por 2017, érase una vez un gobierno que, decidido a fortalecerse como proyecto político, puso en pausa su fallida política antiinflacionaria y, en lugar de corregirla, apostó a que una economía con anabólicos podría cimentar el camino a la reelección que debía emprender dos años después. La mise en place de ese plato incomible fue la conferencia de prensa del Día de los Santos Inocentes, el 28 de diciembre de ese año, cuando Marcos Peña sentó a una misma mesa a los entonces presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, y ministros de Hacienda, Nicolás Dujovne, y Finanzas, Luis Caputo. Las metas de inflación, largamente incumplidas, fueron relajadas y, con ellas, la política monetaria.

El mercado respondió con la furia de los amantes despechados: en febrero del año siguiente, le cortó el chorro del crédito al gobierno de Mauricio Macri, en abril se lanzó a la caza del dólar y de inmediato empujó hacia el cadalso del Fondo Monetario Internacional (FMI) al presidente cuyos ojos color cielo se llenan de lágrimas cada vez que recuerda su sacrificio por la patria. Sí, es para llorar.

Hoy, a un día de que se cumplan tres años de ese sarcasmo de las efemérides, el pliego que Cristina Kirchner extendió en el estadio Diego Armando Maradona de La Plata como condición para el futuro de la unidad y la renovada intención de cebar la economía para fortalecer al Frente de Todos en las elecciones de mitad de mandato de octubre próximo imponen un freno al plan de ajuste gradual de Alberto Fernández y su ministro de Economía, Martín Guzmán. El deseo es el mismo de 2017: asegurar la viabilidad política del proyecto para ir, en algún momento, a los bifes; el riesgo de decepción es similar.

El ministro fijó en el Presupuesto 2021 una meta de superávit fiscal primario –antes del pago de deudas– de 4,5% del producto bruto interno (PBI) con la idea de empezar a reducirlo desde las alturas de vértigo a las que lo remontó la pandemia. En el llano aguarda un equilibrio que, según corrigió sus dichos previos a la emergencia, ya no se podrá alcanzar en el actual mandato.

El problema es que el mercado empezó a apretar donde más le gusta, en la zona blanda del dólar paralelo y las expectativas de devaluación del oficial. Su mejor intérprete, el FMI, les dejó en claro a los negociadores argentinos la conveniencia de apurar el paso.

Guzmán –Fernández– cree en la necesidad de equilibrar la macroeconomía, toda vez que los pesos excesivos que financian el déficit presupuestario alimentan, a la larga o a la corta, la demanda de dólares, génesis de todas las crisis nacionales. Sin embargo, sabe que intentarlo en modo de shock resultaría humanamente condenable, socialmente insustentable y políticamente suicida.

“En La Plata, Cristina actuó a lo (Javier) Castrilli: repartió tarjetas y mostró modos discutibles, pero no bombeó a nadie ni inventó penales. Lo que dijo es que no hay margen para acelerar el ajuste y que es necesario sintonizar mejor con la sociedad para no perder en octubre”, le indicó a Letra P una fuente consustanciada con el pensamiento de Guzmán. “Eso es lo que siempre plantea Martín: que los salarios están atrasados y que los ingresos tienen que recuperarse el año que viene”, agregó.

“Las cosas no son binarias: ajuste sí o ajuste no. Vamos a tratar de armonizar variables como salarios, jubilaciones, precios y tarifas”, explicó la fuente, que, en verdad, lo que armonizó fue el plan original con el exigido por la vice.

El Gobierno se apura a recoger su propio barrilete. ¿No limitó o eliminó, en los últimos meses, renglones gruesos de gasto destinados al sostenimiento de empresas, trabajadores y excluidos en los momentos más duros del aislamiento? ¿No apuró una reforma de la movilidad jubilatoria macrista para desengancharla de la inflación? ¿No se esforzó, en definitiva, en desacelerar el gasto, lo que le permitió, según proyecciones del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), que el déficit primario termine este año al filo del 7% del PBI, un récord desde 1975, pero bien inferior al 8,2% calculado en el Presupuesto 2021? Así las cosas, el punto de arranque del sensible año electoral será más bajo y, en ese sentido, el ahorro fiscal, menor, si es que de hecho lo hay: el rojo presupuestado de 4,5% no difiere demasiado del de 2020 si se le resta el “gasto covid”.

En las charlas con el Fondo para convertir la deuda que Mauricio nos legó en una viable se había planteado la posibilidad de bajar el déficit primario a 3,5% en 2021, pero el Gobierno ahora se planta en el 4,5% del Presupuesto. ¿Qué dirá el FMI? ¿Cómo reaccionará el mercado?

La calma chicha del dólar en diciembre estaba descontada por el incremento estacional de la demanda de dinero: empresas y particulares venden billetes verdes o dejan de comprarlos para hacer frente a aguinaldos y gastos para las fiestas o las vacaciones. Febrero-marzo suele ser otra historia y, de hecho, el blue ya dio un aviso en la previa de la Navidad con un salto de casi el 5% en un solo día hasta $159. La sensible cuestión de las expectativas es lo que hace temer que este diciembre de replanteos sea una remake del de tres años atrás.

Quirúrgica

Con sus dichos de La Plata, Cristina tocó más fibras sensibles que las evidentes. Para empezar, las de un Fernández a quien le anunció lo que en un régimen parlamentario serían mociones de censura contra varios de los ministros que más leales le son; no por nada el Presidente agasajó a todo su gabinete antes de la Navidad, un modo de ratificarles a los funcionarios que, por ahora, no piensa ceder y mandarlos a buscar laburo. Además, las de los sindicalistas, a quienes les irritó la piel que descansa a la sombra de sus pañales cuando habló de un plan nacional de salud que involucre a las obras sociales de las que son amos y señores. Asimismo, las de los empresarios de servicios públicos –desde la luz y el gas a la telefonía e Internet–, a quienes les anticipó que trabajará para limitar los aumentos de sus precios. También, a los productores de carne y granos, ante cuyos oídos reivindicó los cupos a las exportaciones. Por último, las del mercado financiero y el propio FMI, a los que les dejó claro que no hay margen para acelerar el ajuste. De ese modo, marcó la cancha de un modo radical, lo que lleva a interrogarse por el margen de acción que le deja a Fernández.

¿Qué justifica el paso de cualquier hombre o mujer por el poder? Cumplir con la demanda histórica de su tiempo. La actual –demorada largamente– es la estabilización de la economía argentina como base de un proceso de crecimiento económico y de desarrollo social duradero. Uno que supere el drama de la inflación, la carrera siempre desigual entre precios e ingresos, las megadevaluaciones periódicas, la retracción de la inversión y la pobreza con piso en el 30% y techo –apenas por ahora– en el 40. Solo así habría futuro.

Guzmán hace equilibrio entre las necesidades de la política y las de la economía, más aun cuando ya garabatea números bajo el supuesto –y algo más– de que el primer tramo de 2021 traiga más coronavirus que vacunas. Conciliar estabilidad política y ordenamiento económico: ese es el loop que está por cumplir –por lo menos– una década. Cristina en versión 2.0 y Macri privilegiaron –una con cepos a diestra y siniestra, el otro con deuda– el primer término de una ecuación que nunca atinaron a resolver. ¿Fernández seguirá esas huellas o logrará, por fin, despejar la equis?

La Argentina espera.

Por Marcelo Falak – Letra P