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Del éxito al desapego: el­ ala política del gobierno­

La aprobación del Presupuesto fue un triunfo del Gobierno edificado por dos hábiles negociadores como Rogelio Frigerio y Emilio Monzó. Este último está en retirada y Cambiemos pierde un fino artesano de la gobernabilidad.­

Curioso procedimiento político el que intenta estos días el oficialismo. El miércoles consiguió una notable victoria cuando el Senado aprobó la Ley de presupuesto que ya había atravesado el filtro de la Cámara Baja, con 45 votos de diferencia. Toda una señal a los mercados y un signo (quizás equívoco, pero eficaz) de la base de apoyo institucional del gobierno en vísperas de la reunión del G20 en Buenos Aires.­

En ese logro tuvieron un relevante papel dos figuras del ala realista del PRO: el ministro de Interior, Rogelio Frigerio, y el presidente de Diputados, Emilio Monzó. Ellos mantuvieron vivo el diálogo con el peronismo y los gobernadores que aportaron los votos para asegurar mayorías con las que la coalición oficialista no cuenta por sí sola.­

Ahora bien, Monzó vuelve a experimentar en estos días muestras de desapego presidencial y hace saber que tomará distancia de la jerarquía partidaria y buscará redefinir su futuro político cuando concluya este período. El Gobierno empieza así a perder un fino artesano de la gobernabilidad.­

Otro trabajador de acuerdos, Jorge Triaca, deja en estos días el elenco de Macri. Con él no sólo desaparece un tejedor de consensos y un tranquilizador de conflictos: el Presidente decide simultáneamente confirmar la desaparición del ámbito donde se tramitan las conversaciones con el sindicalismo, el ministerio de Trabajo.­

Es una señal clara de desjerarquización de un sector, al que se priva de una­ interlocución específica con el EstadoEn combinación con cierta guerra retórica entablada contra algunos dirigentes gremiales, la jugada parece dirigida a dar señales de confrontación.­ Al ministro de Interior le han producido también algunos daños a raíz del­ trato políticamente taimado que se infiere a sus interlocutores peronistas.­

REGODEOS DE DUJOVNE­

Después de que Frigerio facilitó y obtuvo el trabajoso acuerdo que permitiría la sanción del presupuesto, el ministro de Economía, Nicolás Dujovne, se regodeó ante los medios y, hablando para que lo escucharan los mercados, dijo: “En la Argentina nunca se hizo un ajuste de esta magnitud sin que caiga el gobierno”.­

Si es razonable que la Casa Rosada quiera sobrevender la aprobación de la ley como una muestra palmaria de su estabilidad, sería conveniente que el ministro no compre, en un exceso de candor, lo que quiere vender. Y, sobre todo, que no resienta, por falta de tacto, el delicado hilván que sostiene la operación del acuerdo. “Ustedes no se dejan ayudar -recriminó al oficialismo Miguel Pichetto, una contraparte central en las negociaciones de Frigerio y Monzó-. Hoy escuché al ministro de Economía, la verdad que son un poco mucho las tonterías que dice ese hombre. Es increíble: casi la apología del ajuste”.­

Es que Dujovne (el Ejecutivo) quiere mostrarse ante los mercados y el Fondos como el jardinero fiel del ajuste más riguroso, pero Pichetto sólo podía hacer votar el presupuesto por los suyos si conseguía los beneficios para las provincias que en definitiva obtuvo y explicando que no colaborar en la aprobación de la ley negociándola era dejarle a Macri las manos libres para ajustar a voluntad.­

LA ASTUCIA DE LOS BUENOS­

La declaración de Dujovne parecía destinada a mojarle la oreja a los­ aliados cultivados por Frigerio y Monzó. Como una vuelta de tuerca de ese desafío, algunos voceros oficialistas parecen empeñados en incomodar al peronismo dialoguista describiéndolo como co-gobernante. La senadora cordobesa (PRO) Laura Rodríguez Machadoesquivó esta semana críticas del justicialista­ Daniel Arroyo argumentando que “el peronismo es nuestro socio en el gobierno: votamos juntos las leyes más difíciles”.­

Es un testimonio solapado: el PRO se ha negado a tener socios de gobierno (sólo busca ayudas puntuales), ha rechazado en ese sentido los intentos de cuadros propios (caso Monzó), pero esos dichos son útiles al cristinismo, que encuentra en ellos la confirmación de sus sospechas. José Mayans, el senador formoseño que actúa en proximidad a la señora de Kirchner sostiene que Pichetto recibe “instrucciones del ministro de Interior”.­

Así el PRO debilita (objetivamente; quizás también deliberadamente) al dialoguismo peronista: prefiere tener como rival electoral a quienes “quieren incendiar la pradera” (Pichetto dixit) bajo la batuta de CFK.­

La reivindicación del ajuste, la poda progresiva de las ramas propias dedicadas al diálogo y la ávida búsqueda de polarización con la señora de Kirchner son, si se quiere, apuestas a todo o nada que el gobierno encara en esta etapa de su derrotero.­

Algunos caracterizan ese movimiento como la reversión del gradualismo;también puede interpretárselo como una reacción nerviosa ante el tiempo perdido y un intento quizás impaciente por recuperar energía y objetivos en la última etapa de la marcha, cuando muchos de sus votantes empiezan a expresar su desasosiego. Un ejemplo: Alfredo Casero (el actor, siempre cálido defensor de Macri, se muestra ahora irritado y ve “un gobierno con el pecho frío, que nos ha abandonado a todos los que le pusimos el pecho”). Como se verá, hay otra gente­ irritada (o que simula estarlo).­

ACRATAS DE MADERA DURA­

Con la reunión del G20 en capilla, el gobierno se prepara para ofrecer una performance digna en materia de seguridad. En estas vísperas le ha aparecido un desafío patético: grupetes bohemios que invocan el anarquismo y se dedican a amenazar con bombas con las que tienen éxito en dañarse a sí mismos.­

Por cierto, estos chapuceros consumidores de sustancias no pueden tomarse como metro patrón de los auténticos retos que puede afrontar una reunión como la que se producirá en Buenos Aires a fines de este mes. No es en estos improvisados en los que piensa la inteligencia británica cuando alerta a sus ciudadanos, ni los que escrutan los equipos de seguridad de las potencias.­

Estos anarquistas que han aparecido en los últimos tiempos marchan con los pañuelos verdes, dañan templos con pintadas anticatólicas, provocan a la policía en manifestaciones ajenas y le quieren poner una bomba a un juez de pasado peronista. Por cierto, no tienen nada que ver con los luchadores obreros de otras épocas; tampoco con los lunáticos personajes de Roberto Arlt. Por su comportamiento funcional, evocan más bien a los personajes del grupo Quebracho, que aparecieron en tiempos K. Estos patéticos anarquistas surgen en tiempos M. Fue Karl Marx el que dijo que “un anarquista es un liberal con una bomba en la mano”.­

Por Jorge Raventos