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De Dilma a Kuczinsky, de La Pedrera a Gualeguaychú Por Jorge Raventos

La dimisión del presidente peruano tuvo eco en el Gobierno argentino. Macri pensó en no asistir a la Cumbre de las Américas, en apoyo al saliente jefe de Estado. No actuó del mismo modo cuando cayó la mandataria brasileña. Puede sentirse cercano a Kuczinsky en cuanto a que no posee mayoría en el Parlamento. Mientras tanto, la oposición define su futuro tratando de hacer a un lado a los “piantavotos”.

La renuncia del presidente de Perú, Pablo Kuczynski, hizo algún ruido en la política exterior del gobierno argentino. En vísperas de esa dimisión, cuando la situación apuntaba a un final con juicio político y destitución por el Congreso peruano, Mauricio Macri conversó con su colega de Colombia, Juan Manuel Santos, la posibilidad de no concurrir a la VIII Cumbre de las Américas, que debe realizarse en la capital peruana el 13 y 14 de abril próximo y en la que tiene programado participar el presidente de Estados, Donald Trump. Sería una lástima que Mauricio Macri no aproveche la ocasión para subrayar el logro diplomático de que Washington exceptuara a Argentina de las trabas para comerciar acero y aluminio con el país del norte.

KUCZYNSKI Y UNA INCOHERENCIA

¿Por qué se planteó Macri la inasistencia? Se trató, sin duda, de un gesto crítico ante la inminencia del desalojo de su colega peruano. Sin embargo, cuando el Congreso brasilero avanzaba en su juicio político a Dilma Roussef (que también optó por la renuncia), el gobierno argentino siempre proclamó su “respeto al proceso institucional que se está desarrollando” y contempló con neutralidad los acontecimientos que desplazaron al Ejecutivo del Partido de los Trabajadores.

El cambio de rasero en (frustrado) beneficio de Kuczynski supone una caída en la inconsistencia y sólo puede explicarse por un rapto de ideologismo, una adicción a la que el oficialismo parecía inmune.

Kuczynski, caracterizado como neoliberal, formaba parte de un conjunto de presidentes sudamericanos que enfrentaron la influencia continental del chavismo y marcaron un giro en la región; en ese team figura con relieve Macri, también el colombiano Santos y, tras su triunfo electoral en Chile, se ha incorporado Sebastián Piñera.

Las Cumbres de las Américas constituyen un mecanismo de concertación y diálogo político al más alto nivel que funciona desde 1994 y reúne, cada tres años, a los 35 Jefes de Estado y de Gobierno del hemisferio con el fin de dialogar e identificar soluciones comunes para la región sobre los principales temas de interés.

El renunciante Kuczynski quizás se sienta íntimamente aliviado con su alejamiento. La Cumbre de abril (que todavía debería confirmarse, ya que podría verse alterada por el cambio) tiene como tema protagónico de su agenda la lucha contra la corrupción en las Américas y él, precisamente, aparece como un ejemplo de ese fenómeno a raíz del llamado escándalo Odebrecht, que ha golpeado a varias naciones (y a varios mandatarios) del continente.

EL ARGUMENTO Y LA INGOBERNABILIDAD

Al justificar su dimisión, al tiempo de rechazar con énfasis las acusaciones de corrupción que lo toman como blanco, Kuczynski aludió a los riesgos de ingobernabilidad que acechan a Perú por la combinación de un Poder Ejecutivo debilitado por las denuncias y un Legislativo en manos de la oposición. ¿Es este otro aspecto que infunde empatía en Macri?

En rigor, no debería ser así: aunque en Argentina el oficialismo no cuenta con mayorías propias en el Congreso, lo cierto es que la oposición no actúa monolíticamente para hostigar al Ejecutivo: contribuyó a aprobar toda la legislación sustancial que el Ejecutivo necesitó y la negociación es más habitual que el bloqueo o el rechazo intransigente.

Un ejemplo fue lo ocurrido el último miércoles: con el apoyo de renovadores y peronistas dialoguistas, el gobierno consiguió que se aprobaran en la Cámara Baja tres asuntos que previamente había querido imponer en un megadecreto de necesidad y urgencia. Admitió, para eso, algunos cambios: quedó eliminado el artículo que habilitaba el embargo de las cuentas sueldo, igual que los que autorizaban a la Anses a negociar con menos restricciones sus fondos en el mercado financiero.

Sin embargo, el oficialismo sorprendió a la oposición cuando dejó sin quórum a la Cámara en el momento en que se iba a tratar, en contrapartida, la anulación del DNU presidencial. Este sigue en vigencia (incluyendo los puntos anulados) hasta que se promulguen las leyes con que los diputados lo reemplazaron. Naturalmente, la oposición denunció la maniobra parlamentaria como una burla: “Lo que ustedes hicieron es bochornoso, no tienen nada para envidiarle al kirchnerismo. Ya están iguales y peor, porque ellos tenían el número para los abusos que cometían”, increpó al oficialismo la vocera del Frente Renovador, Graciela Camaño. Si bien se mira, esas triquiñuelas -ese quiebre de “contratos”-, si se reiteran pueden terminar en un peligroso envenenamiento del clima político y, en definitiva, a regar cualquier amenaza de ingobernabilidad.

LA GUERRA O LA PAZ

¿Forma parte de esa cadena el inesperado anuncio del Presidente sobre su candidata a reemplazar a Alejandra Gils Carbó a la cabeza de la Procuración? Macri lanzó el nombre de Inés Weinberg de Roca en un programa de televisión, para sorpresa de sus allegados directamente vinculados con el tema y, sobre todo, para el presidente provisional del Senado, Federico Pinedo, responsable de las negociaciones con la oposición en la Cámara alta. Principalmente con Miguel Pichetto, titular del bloque peronista, el más numeroso. Pinedo y Pichetto, acostumbrados a llegar a acuerdos (inclusive, a acordar los desacuerdos) venían conversando sobre otros nombres.

Cabe recordar que el nombramiento de la cabeza de Procuración requiere el acuerdo de una mayoría especial del Senado, algo que está muy lejos de las fuerzas oficialistas en soledad. “Es un requerimiento muy alto -advirtió Pichetto, al enterarse de la preferencia presidencial-; el candidato o la candidata debe mostrar solidez muy alta para ocupar el cargo”. Bien entendido, cuando el requerimiento es alto, los requerimientos son altos.

Analistas que reciben las confesiones del poder explican que el Presidente lanzó el nombre la doctora Weinberg de Roca como un ariete contra “la corporación judicial”, un sello en el que engloban a la casi totalidad de los jueces federales, a un número alto de fiscales federales y a parte de la mismísima Corte Suprema, empezando por su titular, Ricardo Lorenzetti. Esos medios sugieren que el superior tribunal tiene “una mayoría peronista” que triangula con los senadores de ese signo y con los jueces federales. Así descripto, el desafío del Presidente sería amplísimo y hasta temerario. O, si se quiere, poco gradualista. ¿Es la Casa Rosada la que quiere involucrarse en un conflicto de esa naturaleza o se trata, más bien, de quienes, dentro o al costado de la coalición oficialista pretenden escribirle al Presidente el guión de su gobierno?

El ala política (por diferenciarla de las alas marketinera y “ceocrática”) del Pro no se inclina por ese tipo de enfrentamiento sino, más bien, por la convergencia (y hasta por la cooptación donde cuadre) de todos aquellos sectores con los que “se puede dialogar o disentir civilizadamente”. En primer lugar con el llamado peronismo moderado.

DE LA PEDRERA A GUALEGUAYCHU

Este último sector, que se referencia en la mayoría de los gobernadores de ese sello y en los bloques parlamentarios que orientan Miguel Pichetto y Diego Bossio, calienta los motores para un lanzamiento formal. Ocurrirá en la primera semana de abril en Gualeguaychú, Entre Ríos.

Podría considerarse este encuentro como la contrafigura del que una semana atrás se produjo en La Pedrera, provincia de San Luis. La reunión, convocada por Alberto Rodríguez Saá fue una expresión embrionaria de la tendencia dura o intransigente del peronismo. Que el anfitrión haya sido el gobernador puntano, que la sede del encuentro haya sido una provincia que no fue kirchnerista y que la figura presente de más peso fuera Hugo Moyano constituyeron signos compensatorios al hecho de que mayoría de las caras famosas allá reunidas formaron parte de los elencos principales del cristinismo. Eso sí: la señora de Kirchner no fue (nadie se dedicó a invitarla especialmente) y los jóvenes de La Cámpora aportaron con cuentagotas.

Algunos de los tics de pretendida intransigencia que se expusieron en la reunión puntana forman parte del catálogo de procedimientos que Perón bautizó como “piantavotos”. Uno de ellos fue vocear a los gritos el cantito conocido como “hit del verano”, con insultos a Mauricio Macri. Una cosa es festejar la ocurrencia más o menos espontánea de una tribuna de fútbol; otra es convertir una asamblea política en un coro que insulta al Presidente de la Nación. En un país cansado de grietas y enfrentamientos no parece astuto pretender alcanzar una mayoría con esa conducta.

La reunión de Gualeguaychú tendrá seguramente un tono distinto: no menos opositor, sino menos altisonante, más medido y probablemente más programático. “No compartimos lo que se puso de manifiesto en la reunión de La Pedrera -afirma el senador Guillermo Guastavino, un organizador de la reunión de Gualeguaychú-; tenemos otra visión, pero no cuestionamos ni hacemos críticas; hacemos nuestro planteo y refirmaremos nuestra posición después del 6 de abril. Las diferencias deberán saldarse en una PASO nacional”. El gobierno tiene por delante la opción del enfrentamiento irreductible que prefieren los intransigentes de la oposición (y los suyos propios) o la competencia con colaboración (y viceversa) que prefieren los racionales propios y ajenos.

Cuando elija con determinación su camino conseguirá evitar riesgos e incoherencias como los que se han puesto de manifiesto alrededor del caso Kuczynski.

Los animadores de este sector consideran que la mejor manera de enfrentar la competencia de Cambiemos reside en desplegar un mensaje afirmado en el peronismo, actualizado para hacerse cargo de la problemática de la época (de la revolución tecnológica) y capaz de atraer al menos a un fragmento de los sectores medios urbanos y rurales que en los últimos comicios optaron por la coalición que hoy gobierna.

Ese programa al mismo tiempo sienta bases objetivas para colaborar en muchos puntos con el gobierno y establece las condiciones de una competencia fuerte: hay disputa por un territorio electoral semejante. “No compartimos lo que se puso de manifiesto en la reunión de La Pedrera, tenemos otra visión, pero no cuestionamos ni hacemos críticas; hacemos nuestro planteo y reafirmaremos nuestra posición después del 6 de abril. Las diferencias deberán saldarse en una PASO nacional”.