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Cristina y la guerrilla vía telefónica Por Marcelo Canton

Cristina llamó y rompió el acuerdo” se escucha en Provincia y también en Nación. Macri parece elegir a Cristina como el foco de la “oposición no constructiva”.

Cristina ha lanzado una guerra de guerrillas contra Macri. Así parecen demostrarlo algunos hechos de los últimos días. Pero, sobre todo, es el lugar en el que el macrismo quiere colocar hoy a la ex presidenta: le sirve tenerla como contendiente destemplada.
Vayamos por pasos. Primero, lo que pasó el martes por la noche. En el gobierno de la provincia de Buenos Aires dicen que fue el propio jefe del bloque kirchnerista de la Legislatura, José Ottavis, quien llevó el mensaje a los hombres de la gobernadora María Eugenia Vidal. “Me llamó Cristina y es mi jefa, no le puedo decir que no”, aseguran en la cúpula bonaerense que dijo el legislador camporista (ver pág. 5).
“Teníamos un acuerdo cerrado y lo rompieron por el llamado de Cristina; no se puede creer”, se indignan los funcionarios de Vidal. Y no dejan de repetirlo a los cuatro vientos: quieren que el kirchnerismo pague el costo político de que la sesión se cayó y no hubo Presupuesto. “Los intendentes peronistas están muy calientes, porque ahora ellos también se quedan sin recursos”, agregan en el oficialismo.
“Fue un llamado de Cristina, no pudimos hacer nada. Danos unos días hasta que nos reorganicemos”, aseguran en Cambiemos que fue el mensaje de otros interlocutores del peronismo, menos cercanos a la ex presidenta que Ottavis. ¿Qué se supone que sería esa “reorganización”? Pues la ruptura del bloque del PJ. Se dividirían entre “aquellos que quieran ser constructivos y aquellos que quieran ser destructivos”, especula el ministro de Gobierno bonaerense, Federico Salvai.
El planteo de “Cristina llamó por teléfono desde Santa Cruz y rompió el acuerdo que ya estaba cerrado” que hacen hoy los bonaerenses es una réplica de lo que se escucha en el Congreso nacional estos días sobre la elección de autoridades para la comisión que debe analizar los DNU, un lugar clave para el macrismo. Según el oficialismo, lo convenido no se cumplió porque los legisladores kirchneristas, presionados aquí también vía telefónica por la ex presidenta, lograron arrastrar a todo el bloque del PJ. Hoy se da por cierta la versión de que el jefe del bloque de senadores del PJ; Miguel Pichetto, recibió siete llamados de Cristina en un día.
Una situación similar había denunciado Cambiemos en la polémica por la conformación de la AGN y la designación allí de Ricardo Echegaray. Se podría sumar también la elección de autoridades en el Consejo de la Magistratura a la lista.
“Es increíble cómo Cristina los llama desde el Sur y hacen lo que ella quiere”, dijo días atrás en una entrevista radial la vicepresidenta Gabriela Michetti sobre la situación actual en el Senado. Y añadió, también hablando con Radio Mitre, que había senadores que cumplían a pie juntillas lo que decía la ex presidenta y otros a los que la situación “les da vergüenza”. Es justamente sobre esa frontera donde intenta operar el macrismo: dividir al peronismo del kirchnerismo, a los legisladores que necesitan acuerdos o recursos para sus distritos de los que responden a la viuda de Kirchner y al bloque de La Cámpora.
Esta exposición permanente de Cristina como la dama enojada que llama desde el Sur y rompe los acuerdos es algo que al macrismo le sirve, por cierto. La situación le complica la gestión: Buenos Aires quedó el martes al borde de tener problemas para pagar sueldos, dicen, por la falta de Presupuesto. Pero les ofrece la posibilidad de tener enfrente a una contendiente destemplada, que “no contribuye al bienestar general”, a la que le pueden dar un perfil negativo. “Por eso salimos a hablar de este tema con tanta insistencia”, reconoció un alto funcionario macrista ayer por la mañana.
En su momento, a Cristina le servía tener de contendiente a Macri, pudiendo jugar al tándem “yo soy el progresismo, él es la derecha”. Hoy Macri parece elegir a Cristina como el foco de la “oposición no constructiva”, de aquella que no lo deja resolver los problemas que, dice, generó el kirchnerismo. La diferencia clave es que ella tenía mayorías en el Congreso, y él en cambio tiene que construirlas. Y para eso usa precisamente esa figura, la de la ex presidenta con el teléfono al rojo vivo.