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¿Cristina ayuda o perjudica a Macri? Por Eduardo van der Kooy

Marcos Peña se apartó llamativamente del libreto. El jefe de Gabinete exhortó ayer a Cristina Fernández a que use las energías para explicar su situación ante la Justicia. Fue el primer dardo caliente que el macrismo le disparó a la ex presidenta desde su retorno de la semana pasada, cuando convirtió su declaración ante el juez Claudio Bonadio en plataforma de una supuesta reconstrucción política. Mauricio Macri y Gabriela Michetti habían reaccionado antes esgrimiendo apenas cebitas. “Desafortunado”, dijo el Presidente sobre aquel acto kirchnerista frente a Comodoro Py. “Antipatriótica”, definió la vicepresidenta la actitud actual de la viuda de Kirchner.

El macrismo pareciera envuelto en una discusión sobre cómo afrontar la permanencia y activismo de la ex presidenta. Quizás sea un ejercicio que deba realizar con recurrencia. Cristina estará pocos días más y retornará a El Calafate. No se sabe por cuánto tiempo. El suficiente, con seguridad, para regenerar expectativas que una prolongada presencia aquí ayudaría quizás a aplacar. No es lo mismo bajar directivas desde la Casa Rosada que en la sede de la Fundación Patria, de la calle Rodríguez Peña.

La teoría clásica macrista consistió siempre en no confrontar con la ex presidenta. Fue la estrategia de campaña electoral que, guste o no, produjo dividendos. Los protagonismos se invirtieron y, a lo mejor, aquel diagrama empezaría a ser revisado. No habría aún en el debate interno del PRO o de Cambiemos coincidencias visibles. Algunos dirigentes sostienen que el primer plano de Cristina ayudaría a amalgamar –por vía del espanto– la heterogénea expresión social que llevó a Macri hasta la cumbre. Otros suponen que la pasividad podría resultar perjudicial porque la ex presidenta sigue exhibiendo astucia para vender gato por liebre. Disfrazó de presunto regreso épico una rendición de cuentas ante la Justicia que hizo, enredadamente, por escrito.

Cristina pretende revalidar su liderazgo como jefa indiscutida de la oposición. Cuenta con una ventaja. Ese espacio está vacante. Podría ocuparlo quizás Sergio Massa. Pero el diputado del Frente Renovador bascula entre su papel de opositor y el de pieza muchas veces indispensable para facilitarle la gobernabilidad a una administración que nació condicionada. Sobre todo, por la composición del Congreso. Esas no son preocupaciones que importen a la ex presidenta.

Aquella pretensión de Cristina, sin embargo, ocurre sobre un escenario donde cada día se ventilan cuestiones de corrupción de la década pasada que no resultan ajenas a ella. Esa fue la raya que deseó trazar Peña con su advertencia de ayer. Además de la venta de dólares a futuro del Banco Central en el final del ciclo K, por la cual Bonadio podría procesar a la ex presidenta, transcurre la ruta del dinero K que tiene preso y con procesamiento a Lázaro Báez y varios de sus socios. El empresario patagónico es un engranaje clave en la maquinaria recaudatoria armada por la familia Kirchner. Resta saber hasta cuándo dormirá en manos de Daniel Rafecas la causa Hotesur, la empresa que administraba una cadena de hoteles en El Calafate. Propiedad también de los Kirchner. Hay en ambos casos presunciones sólidas sobre lavado de dinero.

Cristina y el kirchnerismo se empeñan en desviar el foco de la atención pública. Primero centraron en una presunta persecución política de Bonadio la investigación sobre la venta de dólares a futuro. Luego revelaron que algunos actuales funcionarios de Macri se habían beneficiado con tal proceder. Citaron, entre otros, a los coordinadores del gabinete económico, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui. Cristina afirmó que lo habrían hecho a sabiendas de que luego iban a devaluar.

En la ensalada cabrían todos los ingredientes. Pero la cronología no dejaría margen para la distorsión. El Central comenzó con aquel procedimiento en julio del 2015. Cuando ni siquiera se habían realizado las elecciones primarias en las cuales Macri, sumando los votos de Ernesto Sanz y Elisa Carrió, quedó a ocho puntos de distancia de Daniel Scioli. A comienzos de octubre, el ahora ministro de Hacienda, Alfonso Prat- Gay, anunció que Cambiemos presentaría una denuncia penal por la operatoria del Banco. Se concretó el 30 de octubre, cinco días después que el candidato del Frente para la Victoria (FpV) volvió a imponerse sobre Macri en la primera vuelta, aunque por un margen más estrecho que en las primarias. El balotaje que coronó al Presidente se realizó recién el 22 de noviembre. ¿Alguien sabía fehacientemente que el macrismo triunfaría? Por lo manifestado ahora, Cristina sí. En tal caso ¿ existían indicios firmes, entonces, del rumbo económico que iba a adoptar? Demasiada hojarasca para ensuciar el terreno.

El problema asomaría bien claro. El kirchnerismo no podría explicar por qué motivo el Banco Central puso en marcha un mecanismo que consumió al Estado alrededor de US$ 70 mil millones. La discusión pretendió ser desplazada de un plano legal, inabordable, a otro ético. La ausencia de ética impregnó prácticamente todo el ciclo kirchnerista. ¿Fué ético, acaso, que por la vigencia del cepo se permitiera a miles de argentinos tomar crédito a largo plazo para viajes, con una dólar cuya cotización se fijó muy por debajo de la imperante en el mercado? ¿Fué ético, del mismo modo, el invento del dólar ahorro que benefició sólo a ciudadanos con poder adquisitivo y siguió horadando las reservas del Central? La cuestión medular, también sobre le ética, radicó en la decisiones del poder. Que indujeron siempre a cualquier comportamiento colectivo.

El Gobierno no habría sabido todavía desbaratar ese ardid dialéctico. Sobre esa inoperancia estaría obrando Cristina. No pocos se sorprendieron por la convocatoria que tuvo su encuentro con los intendentes bonaerenses. Fallaron sólo 4 de 55 aunque varios asistieron planteando diferencias. Ocurrió algo lógico. La mayoría de los alcaldes peronistas concurrió porque la oposición mayoritaria permanece aún bajo el shock de la derrota electoral. Carece de nuevas referencias. Y observa una conducción partidaria que continúa en veremos. Habrá que ver si el sanjuanino José Luis Gioja y Scioli terminan imponiendo en mayo la lista de unidad.

Tampoco aquel representaría para Cristina un paisaje completo. No podría olvidar que el bloque de diputados del FpV se fracturó. Su reaparición podría coagular por ahora nuevas deserciones. Habrá que verlo. Los senadores también votaron divididos ante las primeras leyes que impulsó el macrismo. En especial, aquella que posibilitó el acuerdo con los fondos buitre que, según Macri y Prat-Gay, permitiría destrabar y ordenar la economía. Tampoco debería soslayarse que algunos dirigentes con densidad política habrían considerado concluido a futuro el liderazgo de Cristina. Lo afirmaron Juan Manuel Urtubey, el gobernador de Salta, y Miguel Pichetto, el jefe de los senadores del FpV.

La ex presidenta, en el desarrollo de su proyecto de constituir un frente ciudadano para resistir contra Macri, se habría encargado de excluir a otros. Lapidó delante de los intendentes la campaña electoral de Scioli. Recriminó, sin nombrarlo, a Florencio Randazzo por haberse negado a competir en Buenos Aires. Requerirá de abundante y nuevo material, por lo visto, para llevar a cabo aquello que propone.

Fuente: Clarín