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Con la deuda externa no hay ´grieta´: aplauden fernandistas y macristas

La euforia de ´Toto´ Caputo con el acuerdo de deuda externa suscripto por los Fernández con los bonistas, desmiente el montaje que alimenta la polarización ficticia entre ´peronistas´ y ´macristas´. Caputo fue el responsable de uno de los mayores desfalcos financieros ejecutados en Argentina, y con seguridad el que llevó menos tiempo. El endeudamiento acumulado desde principios de 2016, a tasas de interés fabulosas, estalló en abril de 2018 y se aceleró con los préstamos del FMI y las fugas de capitales. Argentina quebró hace dos años. Dejó con un grueso monto de cobranzas impagas a una serie de bancos y fondos internacionales. El acuerdo que anunció Guzmán, el martes 4, constituye un rescate del Tesoro de Argentina a de esos saqueadores.

El domingo anterior, Martín Guzmán, el ministro de Economía, anunció en Página/12 un cambio de política, porque debía defender a los niños argentinos. El plan sería suspender las negociaciones de deuda por seis meses con los fondos internacionales y buscar, en el entretiempo, un acuerdo con el FMI. Dio a entender que con el apoyo del FMI doblegaría las exigencias de los acreedores del exterior. Mientras el ministro entretenía a los periodistas con esta variante, un alto funcionario de la banca Rothschild proponía lo mismo en las páginas del Financial Times. Algún día sabremos si todo esto fue una tramoya o si Guzmán se dejó atraer por un espejismo. Lo cierto es que el FMI le bajó el pulgar a esta variante, lo que no debe sorprender porque en el FMI pesa más BlackRock, uno de los fondos acreedores, que varios países europeos.

Todos los que aplauden este acuerdo, y los Fernández en primer lugar, destacan que permite reducir la deuda en un 45%, porque pasa de un valor de 100 a 55. Se trata de una falsedad hecha con alevosía. La deuda de Argentina sigue aproximadamente en 100, el valor de emisión de los bonos – no hay descuento, ni quita. Al final del camino, cuando los términos del acuerdo se apliquen a todos los tipos de deuda – jurisdicción nacional, deuda interestatal, de las provincias y otras, Argentina deberá gatillar los u$s400 mil millones registrados – algo así como el 130/150% del PBI, que entre crisis y crisis se cotiza a menos de u$s300 mil millones, una caída del 20% respecto a 2015. Lo que podría pasar a valer 55 no es lo que debe Argentina, sino la cotización de la deuda en el mercado de títulos. El que compró deuda a 100 no pierde nada – la cobra entera a su vencimiento. Quien la haya comprado el año pasado o principios de este a 30, ganará casi un ciento por ciento. Todos ganan. Sólo pierde Argentina, o sea sus trabajadores, que se convirtió en un campo orégano de maniobras financieras, que ahora paga, a pesar de encontrarse en quiebra, precisamente por culpa de ellas.

Es cierto que la tasa de interés de los títulos se ve reducida de un promedio del 7% anual al 3,5%. Esta rebaja sólo prueba el latrocinio cometido cuando se contrajo, porque el promedio en el mundo era la mitad. Ahora, la nueva tasa vuelve a ser el doble del promedio mundial, que no llega al 2 por ciento. Lo que los Fernández han obtenido es que esa tasa arranque desde abajo, un 1,2% para llegar al final a arriba del 5%. El dúo de la victoria cree que eso le alcanzará para gobernar – en medio de cesantías y quiebras masivas. Es necesario advertir que los acreedores se han asegurado una tasa de interés formidable en un mercado mundial de tasas bajas, como corresponde a la recesión y deflación actuales. Argentina, en cambio, deberá obtener financiamiento externo para distintas actividades e incluso gastos de capital del Estado, a partir de una hipoteca ya contraída, que supera holgadamente su valor de producción anual. Con un déficit fiscal del 10% anual, Argentina sigue en default, no importa los arreglos firmados.

Los Fernández no llevarán el acuerdo al Congreso; dirán que han cumplido con las condiciones que establece la ley financiera. Esto es obviamente falso, porque una ley que avala un desfalco es un contrasentido. Se limitará a consignar en el Presupuesto los pagos que deba hacer cada año, Ese ´año´ es hoy: porque emitirá un bono por los intereses impagos en los últimos meses, y porque los primeros pagos del acuerdo comienzan en 2021 – dentro de cuatro meses.

Con la grieta del desfalco superado, macristas, lavagnistas, massistas y kircheristas se aprestan a votar la adaptación de ese acuerdo a la deuda de jurisdicción local. Acá se aprestan a consagrar una estafa de potrero – quieren convertir a dólares las deudas en pesos. Es lo que exigen los fondos que perdieron plata con bonos en pesos. Aumenta de este modo la deuda vulnerable a la devaluación del peso. Pero esta medida es parte ´secreta´ del acuerdo firmado el martes 4, con esos mismos fondos.

Estas trapisondas acentúan la debacle fiscal – lo contrario de lo que dicen los ´economistas´ al servicio del capital. Solamente un corte completo con la hipoteca financiera podría dar a Argentina una vía de salida. Claro que esto choca con los intereses de la burguesía local -una sucursal de la burguesía mundial-, y sólo sería viable por medio de la estatización, al menos, de bancos y dueños de recursos estratégicos. Pero los Fernández todavía esperan una salida con Vaca Muerta o por medio de exportaciones con mayor valor agregado. No es la perspectiva que ofrece el mercado mundial ante lo que será la crisis más grave de la historia del capital.

Como todos saben, los derrumbes fiscales (y las guerras) han sido las parteras de las grandes revoluciones.

Por Jorge Altamira-Política Obrera