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Comunismo no, vacuna sí: Fernández llama a Putin para apurar la compra

Los mandatarios hablarán este viernes para cerrar la negociación por el antídoto ruso. Oxford y lo que vio AF que no le gustó. Un contacto clave en Moscú.

Alberto Fernández está decidido a avanzar con la vacuna rusa para salir del encierro. Pese a que en las últimos días parece haber un ritmo decreciente en la expansión del virus, el Presidente ve cómo el covid-19 sigue cobrando víctimas: con más de 32 mil víctimas mortales, Argentina asciende al puesto diez en el ránking global de fallecimientos por millón de habitantes y ya está en niveles comparables a los de Donald Trump en Estados Unidos. Mientras Joe Biden se presentaba como vencedor de los comicios, Fernández tiene previsto conectarse este viernes vía Zoom con el otro extremo del mundo y comunicarse con Vladimir Putin.

Según le dijeron a Letra P fuentes al tanto de la negociación entre los gobiernos argentino y ruso, el contacto al máximo nivel servirá para dar un paso más en el entendimiento para que el país acceda a 25 millones de dosis de Sputnik V y vacune, en una primera tanda, a cinco millones de personas que recibirán las dos inyecciones necesarias con 21 días de diferencia. De acuerdo a la información difundida por el ministerio de Salud, el objetivo es que diez millones de vacunas del experimento que está en fase 3 lleguen en el mes de diciembre y el resto en la primera quincena de enero.

La llamada entre Fernández y Putin será la ratificación del sendero que se inició con el viaje de la viceministra de Salud, Carla Vizzotti, y la asesora presidencial Cecilia Nicolini a Rusia y de la la carta de felicitación que el presidente argentino le envió a Putin el 11 de agosto pasado. En aquella oportunidad, Fernández escribió: “Mientras algunos insisten en presentar los distintos desarrollos de vacunas como una carrera entre países, yo creo que esta pandemia, en realidad, ha servido para unirnos como personas con un destino común sin distinción de nacionalidades, pues la tragedia nos ha alcanzado a todos”. Corrían las horas en las que el Presidente anunciaba desde la residencia de Olivos, junto a Ginés Gonzáles García, el acuerdo con AstraZeneca para que la vacuna de Oxford se fabricara en el laboratorio mAbxience del empresario Hugo Sigman y nadie parecía precisar de los servicios rusos.

PUEDE FALLAR. Sin embargo, las cosas se complicaron cuando las empresas exigieron inmunidad de jurisdicción y condicionaron el contrato a que no hubiera reclamos por parte del Estado argentino en caso de que la vacuna no funcionara. A principios de octubre, la Cámara de Diputados aprobó la ley que protegía a los laboratorios de eventuales juicios y había sido elaborada por el diputado, Pablo Yedlin, ministro de Salud de Juan Manzur entre 2007 y 2015. Entre las cláusulas del proyecto, figuraba la prórroga de jurisdicción a favor de tribunales arbitrales y judiciales con sede en el extranjero, una exigencia de los laboratorios que no estaba contemplada en la ley argentina.

Según dicen cerca de Fernández, en ese momento, el Presidente consideró que la propuesta que venía de la mano de González García y tenía detrás a Sigman y Manzur era excesiva y se negó a firmar las “condiciones leoninas” que le fijaban: en especial, la que le negaba al Estado comprador la posibilidad de hacer reclamos en caso de falla. “Me quedé sin vacuna”, dicen que comenzó a decir entonces Alberto.

Por esos días, un domingo de octubre, un colaborador de extrema confianza del Presidente contactó al jefe de Estado con un empresario argentino que viaja muy seguido a Rusia y se encontraba en ese momento en Moscú. Un rato después, el propio Fernández estaba en línea con Kirill Dmitriev, el director del Fondo Ruso de Inversión Directa de Putin, un funcionario que está a cargo del financiamiento y habla un perfecto español. De acuerdo a la información que difunden desde Olivos, Dmitriev se sintió halagado por recibir el llamado del propio presidente argentino y mostró enseguida su disposición para llegar a una acuerdo. El titular del RDIF ruso sostiene que el fondo ya recibió solicitudes de mil millones de dosis de la vacuna por parte de 20 países y que están llevando adelante negociaciones en América Latina, Medio Oriente y Asia.

UN PASO MÁS. La decisión de que viajará Vizzoti se presta para que en el propio oficialismo circulen distintas interpretaciones y versiones. La secretaria de Acceso a la Salud fue directora del Plan Nacional de Vacunación y es especialista en el tema. Sin embargo, en el gobierno reconocen que la embajada rusa en Buenos Aires no tomó bien algunas expresiones públicas que tuvo González García con respecto a la Sputnik en el momento en que parecía que AstraZeneca tenía el antídoto. Algo de eso puede haber sido parte del encuentro que Cristina Fernández de Kirchner mantuvo la semana pasada con el embajador Dmitry V. Feoktistov. Según dicen cerca de la vicepresidenta, el enviado de Putin quería hablar hacía tiempo para ponerla al tanto de las inversiones que su país quiere hacer en Argentina y conversaron en forma acotada sobre el acuerdo por la vacuna. Sin embargo, CFK tiene un contacto estrecho con Putin desde su paso por la presidencia y en enero pasado intentó coordinar un encuentro entre el premier ruso y Fernández, durante el viaje del presidente argentino a Israel. Precisamente, en las últimas horas, el Centro Médico Hadassah acaba de anunciar que el gobierno de Benjamin Netanyahu recibió la confirmación de que puede comprar alrededor de 1,5 millón de dosis de la vacuna rusa en los próximos meses.

Según publicó Infobae, Sputnik V utiliza una tecnología de adenovirus humano de dos vectores diferentes, Ad5 y Ad26, para una primera y una segunda inyección. Fue desarrollada en 2015 para tratar el Ébola, superó todas las fases de los ensayos clínicos y sirvió para derrotar esa epidemia en África en 2017.

Previsto para este viernes, el llamado de Fernández a Putin parece ser el punto más alto de un acuerdo que avanza a ritmo vertiginoso. Ya recibe cuestionamientos de la oposición y no puede ofrecer garantía de éxito, pero, si algo demuestra el avance del covid-19 y el rebrote global es que, hasta el momento, ningún ensayo lo tiene.

Por Diego Genoud – Letra P