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China y Estados Unidos: la pulseada por la influencia en América Latina Por Fernando León

La visita del ministro de finanzas chino a nuestro país, la semana pasada, obedece a una larga política del país oriental en la que los acuerdos bilaterales no son otra cosa que mantener la pesencia china en la zona. Estados Unidos sigue de cerca este juego, y la visita del secretario de Estado, Rex Tillerson, deja ver con claridad este juego de intereses. Los chinos quieren repetir la experiencia africana: una apuesta por invertir en infraestructura que le permite a China abaratar los costos de flete desde la misma zona de generación de materia prima. Por esa razón estuvo el ministro Xiao Jie en la Casa Rosada: para afianzar la cooperación bilateral entre los dos países e impulsar la iniciativa “One belt, one road”, un proyecto de infraestructura que promueve China.Esa es la estrategia: China busca economías complementarias y se beneficia claramente en los acuerdos, al tiempo que aumenta su influencia y amplía sus negocios para dar salida a sus productos y continuar su escalada económica, que lleva décadas de crecimiento ininterrumpido.

Estados Unidos, decidido a recuperarse en el ámbito interno y recobrar el control de sus empresas nacionales, tras años de políticas ultraliberales bajo las dos administraciones anteriores, apuesta por la vía de los acuerdos de cooperación gubernamentales: es claro que no quiere que crezca la influencia Rusa y China en Venezuela, y se preocupa más por apoyar a los gobiernos aliados sin abrir demasiado el juego comercial, al menos hasta revertir el proceso que había quitado trabajo genuino a sus trabajadores. Esta política tiene un costo evidente: tanto las trabas al biodiesel como la dura negociación por el ingreso de cítricos al país del Norte, termina reforzando los lazos con China. Una potencia envía a su secretario de Estado, la otra tiene como enviado a su ministro de finanzas: los intereses, en cada caso, no pueden ser más claros.

Rusia está más lejos de este juego, especialmente en esta zona, pero también hace sus jugadas porque sabe que por ser una economía complementaria también puede aumentar su influencia en la región. Los países de la región han apoyado abiertamente la iniciativa estadounidense de repudiar los regímenes como el de Maduro, pero son los chinos quienes están pisando fuerte en estas tierras, y lo vienen haciendo desde hace varios años, con inversiones y con comercio. Por eso Xi Jinping se muestra tan interesado por el próximo G-20 que se realizará en Buenos Aires: de esas negociaciones puede venir una batería de inversiones y de acuerdos comerciales.

La estrategia se repite, como en otras partes del mundo: China avanza donde Estados Unidos retrocede, y mientras tanto sigue comprando petróleo a Venezuela. Y no olvidemos que ya tiene una base en la zona de Neuquén. Es lo que Macri quiso renegociar con toda la diplomacia posible a pocos meses de asumir su presidencia: evitar que la base, que formalmente será una estación espacial, tenga uso militar. El juego diplomático aquí es clave: estar siempre en buenos términos con nuestro aliado comercial pero sin olvidar a nuestro principal aliado político. Delicado juego a dos puntas que, sin embargo, puede traerle a nuestro país muchos beneficios y proyectar su liderazgo en la región para las próximas décadas.

La dinámica del juego global se podrá ver en funcionamiento en el próximo G-20, que se celebrará en Buenos Aires entre el 30 de noviembre y el 1 de diciembre de este año, la primera de este tipo en América del Sur.

Stay tuned!