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Carrió no fue

Siempre está. El tema es cómo. Con plumaje de paloma, jubila a Macri, aúpa a Larreta y le clava su apoyo por la espalda al Presidente. ¿Hay 2021?

Descifrar el torbellino de Elisa Carrió cuando habla es tarea de especialistas o creyentes. La jefa de la Coalición Cívica sigue siendo una ametralladora de títulos que rinde bien en el show del periodismo, aunque va y viene en el tiempo, se contesta sola, no escucha las preguntas y se pierde en anécdotas sobre todos los golpes que dice haber evitado desde que nació a la política. Sin embargo, la constelación de Lilita siempre hace sentido sobre un mapa de poder donde ella sabe inscribirse desde su inigualable poder discursivo y su minúscula fuerza política. Juntos por el Cambio la necesita para ser bastante más que el rejunte del macrismo sin Mauricio Macri y el radicalismo sin jefe. A nadie como a ella reverencian los guardianes de la república.

Carrió no volvió, porque nunca se fue, pero decidió intervenir una vez más, en TN LN+, con dos incursiones para su platea cautiva que le sirvieron para distinguirse de la polarización más dura. Con su pedido para sostener a Alberto Fernández y su defensa del pliego de Daniel Rafecas como procurador, Lilita metió la contradicción en el corazón de la alianza opositora. Fue un paso más en su estrategia de alineamiento con las palomas que quieren dejar atrás el incendio de Macri y tienen como líder en maduración a Horacio Rodríguez Larreta. La reunión en Exaltación de la Cruz, este viernes, con el jefe de Gobierno porteño, María Eugenia Vidal y sus leales Maximiliano Ferraro Maricel Etchecoin no hace más que confirmar que la palabra explosiva de Lilita pesa fuerte entre los que hacen el trabajo de parto del posmacrismo.

Por supuesto, su defensa del Presidente incluye el cuestionamiento de fondo al rol de Cristina Fernández de Kirchner y deja en un lugar incómodo a Fernández. “Yo no le pegó a un presidente débil (…) Todos tenemos que ayudar ahora a Alberto Fernández, porque su vicepresidente lo ha vaciado de poder. El golpe ya está hecho a la autoridad de Fernández. Cuando somos republicanos y tenemos un gobierno débil, hay que fortalecerlo. Es muy fácil pegarle a un hombre debilitado”, dijo. Más tarde, vaticinó, en una pirueta que mezcla estrategias contradictorias, que CFK está mandando “al muere” a su socio, “quiere borrarse y voltearlo” para después asumir.

En septiembre, ya había denunciado otro golpe, con acusaciones sobre Massa después de las jornadas en que gobierno y oposición no lograban ponerse de acuerdo sobre el formato de las sesiones.

DEFENSA DEL PERSEGUIDOR. De acuerdo a la caracterización de la jefa de la CC, Argentina es un país “sin conducción”, con un jefe de Estado sin poder que tiene que gobernar frente a un “descalabro económico parecido al de 1975”. Por eso, dice dejar de lado su conflicto histórico personal con Fernández, afirma que piensa en la república y quiere sostener al Presidente que eligió la ciudadanía, pese a que se trata de “la persona que más” la “persiguió”.

Carrió aún recuerda la campaña de hace 15 años, cuando desde el albertismo se organizó una falsa denuncia contra el entonces candidato a legislador Enrique Olivera, de la cual se arrepintió después Daniel Bravo, el secretario de Deportes de Anibal Ibarra en la Ciudad. En LN +, Lilita aseguró que detrás de aquella operación que se hizo en la recta final hacia los comicios estuvieron Bravo, Fernández y Vilma Ibarra. Era un tiempo en que figuras del lilismo como Graciela OcañaFernando Melillo María América González daban el salto al oficialismo de la mano del entonces jefe de gabinete.

MACRI YA FUE. Tantos años después, la defensa de Carrió con respecto a Fernández sintoniza con la prédica de Larreta y marca distancia con la línea dura de Macri y Patricia Bullrich. Con toda una vida ejercitando la gimnasia de la denuncia, Carrió parece haber salido transformada de su experiencia traumática al lado de Macri. Repite que le paró “dos golpes” y dice, en el lenguaje de su archienemigo Jaime Durán Barba, que el egresado del Cardenal Newman “ya fue”.

Según reveló la exdiputada, hace tres semanas que no habla con el expresidente y está enojada con él. Los motivos de la distancia no se hicieron públicos, pero la pelea que, según Carrió, tuvieron se dio justo cuando el ingeniero volvió a dar entrevistas con la intención de reafirmar su centralidad. Para tratar de convencer a su último gran socio de que se quede en su casa y deje a la oposición liberada, lo compara con Marcelo T. de Alvear por haber sido el primer presidente no peronista que logró terminar su mandato. Lo hizo, claro, gracias a un blindaje descomunal del Fondo, que violó hasta sus reglamentos internos y ahora Fernández tiene que pagar. Como sea, el giro de esta Lilita que defiende la gobernabilidad y pide alejarse de los extremos sorprende, sobre todo a los halcones.

DE LA BOLETA A LA ESTRATEGIA. Carrió vive con dos de sus hijos y, desde febrero, está recluida en su casa. Por la fragilidad de su salud, dicen, se esforzó de manera especial en los cuidados para evitar contraer el Covid-19. Solo en dos o tres oportunidades, la custodia personal que el fiscal federal Jorge Di Lello le puso en 2016 la trajo al distrito de Larreta para depositarla en los programas de TV en los que se siente como en su casa. Sin embargo, a su lado cuentan que enseguida ella misma se aburre de las notas que da y que le piden con desesperación los medios que se atropellan en la competencia por amplificar su mensaje. Entonces, se llama a silencio hasta nuevo aviso y se maneja a través de Twitter.

Su jefe de prensa, Diego Villanueva, está disponible para cualquier consulta de Lilita, pero la llama solo por cuestiones realmente urgentes y se esfuerza en no molestarla. Su grupo de colaboradores más estrechos y leales puede contarse con los dedos de una mano: el presidente de la CC y jefe en Diputados, Ferraro; Paula Olivetto, Juan Manuel López, la diputada provincial Etchecoin y el legislador porteño Facundo Del Gaiso, el que más la visita en Exaltación de la Cruz. Ferraro y López irán el lunes a ponerle el pecho a las declaraciones de Lilita en la reunión de la cúpula de JxC y se espera que haya cruces por la propuesta de bancar a Fernández y aceptar a Rafecas y por la sentencia de que Macri es el nombre del pasado.

Falta mucho y todo es día a día en Argentina, pero el rol de Carrió de cara a la campaña del año próximo ya es materia de especulaciones. Con una oposición dividida en dos alas y un escenario en el que no puede descartarse que el gobierno elimine las PASO, las diferencias internas pueden acentuarse y la palabra de Lilita pesa en la balanza. Ella dice que ya dio todo, pero asegura que se va a “hacer cargo” del armado del antiperonismo militante que pretende volver a ser alternativa.

Una candidatura de Carrió podría ayudar a Larreta a armar su oferta electoral 2021 en la Ciudad o, tal vez, en la provincia de Buenos Aires, dónde Lilita admite que le hubiera gustado incursionar. A esta altura de su función, el obstáculo para probar suerte en el bastión irreductible de Cristina no es sólo político, sino médico. “No tiene ganas y la salud no se lo permitiría”, dice a Letra P uno de sus incondicionales.

A los 63 años, la dirigente chaqueña sigue fumando mucho -lo hace desde la adolescencia-, se agita y no atiende el consejo de los médicos del Hospital Austral que en 2016, después de la angioplastía que le practicaron, le advirtieron que dejara el cigarrillo. Tiene diabetes, hipertensión y su estado físico no siempre es el mejor. Por eso, piensan a su lado, lo más probable es que se dedique a moldear la estrategia de la oposición junto a Larreta, Vidal y Diego Santilli, el primero en respaldar la consigna de aceptar el pliego de Rafecas. Ellos son el puente que la une con otro de sus blancos predilectos, Martín Lousteau.

Dentro del radicalismo, Carrió tiene una excelente relación con Mario Negri y recibió en los últimos días algunos guiños de Alfredo Cornejo, otro gran antiperonista radical que también quiere sepultar a Macri. Con ese grupo, pretende diseñar los ejes centrales de la campaña nacional opositora, primero de cara a las legislativas y después en la pelea por la presidencia.

Por Diego Genoud – Letra P