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Caputo, el imprescindible

El Gobierno tiene en el ministro offshore la llave para su modelo: sus vínculos y su experiencia en el universo financiero le permiten conseguir los dólares rápidos y fáciles para tapar el déficit.

“Es un crack, el Maradona de las finanzas, el mejor de todos nosotros”, lo definió una vez un hombre que aprendió a admirarlo al trabajar bajo su autoridad en el Deutsche Bank. “No puede seguir siendo funcionario, porque en cada decisión que toma piensa más en cómo se beneficia él que en el país”, replicó el diputado por Unidad Ciudadana Darío Martínez.

La reputación de Luis “Toto” Caputo, el ministro de Finanzas, se juega permanentemente entre esos extremos. Su rol en el gabinete de Mauricio Macri es tan impactante como las cada vez más numerosas acusaciones de corrupción, que involucran un aspecto que ya parece un signo trágico de muchos miembros de la administración de Cambiemos: el manejo de millones de dólares a través de cuentas y entramados de sociedades offshore.

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, lo defendió encendidamente el último miércoles en la Cámara de Diputados, a donde concurrió para dar su informe de gestión. “Ratificamos absolutamente al ministro de Finanzas, su integridad y su honestidad”, señaló. Autorizar la comparecencia esta semana del cuestionado ante la Comisión de Finanzas de la Cámara baja fue su única concesión. El de Peña fue uno de esos avales que se le dan a alguien cuando se sabe que un futuro cambio de opinión siempre será un lujo prohibitivo.

 

En el Gobierno aseguran que las acusaciones contra Caputo no hacen daño porque no influyen más allá de lo que el Presidente ha bautizado como “círculo rojo” y no llegan al ciudadano común. El goteo de acusaciones, sin embargo, puede resultar corrosivo en el largo plazo, algo que empieza a atisbarse en un clima de opinión cada vez menos permeable al relato de la transparencia reconquistada.

Esta misma administración se ha deshecho de funcionarios por denuncias mucho menos sustentadas que las que se ciernen sobre el ministro. Frente a ese argumento, sus defensores repiten: “Toto no es Valentín (Díaz Gilligan)”.

LAZO FINANCIERO. El ministro, primo del Nicolás Caputo, el “hermano de la vida” del Presidente, tiene una extensa trayectoria financiera. Presidió la filial local del Deutsche entre 2003 y 2008, cénit de una carrera que había iniciado allí en 1998. Antes de eso, desde 1994, se había desempeñado en el área de América Latina de JP Morgan.

Esos lazos han sido invalorables tanto para él como para el plan económico gradualista al que se ha abrazado el Gobierno, basado en cerrar poco a poco el déficit fiscal y en llenar ese bache, entretanto, con un aluvional ingreso de dólares prestados. Su importancia como generador de financiamiento es tal que, sin ello, todo el andamiaje de la política oficial se desmoronaría, revirtiendo la “nueva derecha” argentina a sus formas tradicionales, cuya única receta eran los shocks de ajuste del gasto público, tan ineficaces para encarrilar la economía como infalibles para dinamitar la gobernabilidad.

“Caputo resume todos los conflictos de interés de este Gobierno. Como (Juan JoséAranguren, estuvo de los dos lados del mostrador y toma decisiones que lo benefician en lo personal; como (GustavoArribas y Díaz Gilligan, no declaró sus actividades offshore; y como Macri, tiene un entramado de sociedades en guaridas fiscales”, le dijo el diputado Martínez, resumiendo cuestionamientos que hizo frente al fefe de Gabinete y que van mucho más allá del kirchnerismo.

El legislador se prodiga en detalles sobre las denuncias conocidas, cuyo origen se remonta a los negocios que los dos bancos para los que trabajó se aseguraron en el comienzo de la actual gestión. Primero fue su rol en la salida del cepo cambiario, que supuso una devaluación del 40% en diciembre de 2015 y un enorme beneficio para Axis, fondo del que había sido dueño hasta su ingreso al Gobierno y que había destinado $ 700 millones a la compra de dólares futuro. Esto, por no mencionar la ganancia de $ 31 millones que obtuvo su propia mujer, Ximena Ruiz Hanglin, por haber participado de la misma operatoria.

Luego fue su supuesta influencia en la inversión de $ 90 millones de la ANSES en Lebac a través de la propia Axis, algo que motivó el pago de comisiones con “dinero de los jubilados” de vidriosa justificación. Finalmente, se sumó la omisión en las dos declaraciones juradas que debió presentar desde su asunción de su condición de propietario de la sociedad Noctua a través de un entramado de mamushkas offshore, algo que él había negado y que fue confirmado por la Securities and Exchange Commision (SEC). El registro impresiona.

“Quieren instalar que las offshore son corrupción. La corrupción son los bolsos de (JoséLópez y la gente ya saldó esa discusión”, fue otra de las frases de Peña en Diputados.

Ahora bien, ¿las offshore implican corrupción o no?

LOS AGUJEROS NEGROS. Uno de los sectores de la grieta en torno al dinero volador vincula íntimamente esas sociedades con el lavado, operatoria que consiste en separar las dos puntas de una relación financiera. La primera es la fuente generadora del dinero ilícito y la segunda, la que facilita el ingreso de este a la economía formal. Cuanto más se alejan y oscurecen los dos términos, mediante eslabones intermedios en paraísos fiscales –las mamushkas-, más difícil es investigar y dilucidar quién es el beneficiario final.

Silvina Martínez, ex diputada nacional, exdirectora del Registro Nacional de Sociedades de la Inspección General de Justicia y asesora de Margarita Stolbizer, le explicó a este medio que “cuando hay una sociedad offshore, no hay una finalidad muy santa que digamos. En la casi totalidad de los casos sirven para ocultar patrimonio”. “Por eso, cuando se las detecta, hay que investigar, porque se las arma para evitar la detección de recursos”, agregó.

Hay, sin embargo, otra mirada, predominante en el mundo de los grandes negocios, según la cual esas empresas sirven, tal vez de modo antiético pero no ilegal, para que una gran compañía pueda pagar impuestos en una jurisdicción que brinda beneficios fiscales. Eludir no es evadir, alegan.

Posturas filosóficas aparte, en el caso del funcionario, el no haber declarado dichas sociedades aun cuando, según la SEC, había sido su propietario, podría constituir un delito: el de omisión maliciosa.

Sin pronunciarse sobre el mérito de las denuncias en contra de Caputo, José Siaba SerrateRodolfo SantangeloFausto Spotorno Christian Buteler, economistas consultados para este artículo, coincidieron en que su rol central para la estrategia económica oficial es la principal causa de su permanencia.

“Con un gran déficit fiscal como el que tiene la Argentina, no hay gradualismo posible si no hay financiación; conseguir esos recursos es la tarea del ministro Caputo. La financiación se obtuvo sin traumas y siempre a tiempo, gracias a una tarea en la que mostró el oficio que da la experiencia, mucha creatividad y, sobre todo, grandes reflejos”, lo ponderó Siaba. Pero agregó una clave: “Esa misma experiencia que te permite hacer bien tu trabajo es la que te mete en bretes”.

Santangelo, presidente de la consultora MacroView, indicó que “un ministro de Finanzas es el único que no puede fracasar ni un día, porque todos los meses tiene que conseguir plata. Todo el programa macroeconómico se basa en eso, en conseguir financiamiento local e internacional”.

“Caputo es un hombre clave en el Gobierno, porque probablemente es el que tiene relaciones más aceitadas con los fondos de inversión internacionales, que hoy son muy necesarios para acceder al endeudamiento que financia el déficit fiscal”, aportó Spotorno, del Estudio Orlando Ferreres.

Para Buteler, en tanto, “sin la presencia de Caputo, la Argentina también habría tenido un crédito abierto, pero no en esta magnitud ni al precio en que se lo consiguió. Por eso lo defienden, más allá de los problemas que representan las denuncias que se le hacen, de su veracidad y de su importancia”.

Probablemente, en el futuro, el éxito en conseguir fondos para el país signifique para él la mochila de haber vuelto a sobreendeudar al país. Por ahora, con todo, eso es solo una presunción. En el corto plazo, entonces, ¿Caputo es imprescindible?

“La pregunta no es fácil. Yo soy un macroeconomista y por eso tiendo a darles valor a los números, pero las personas también importan. Caputo no es el único que puede desempeñar esa función, pero debe ser alguien difícil de reemplazar”, respondió Santangelo.

“Acaso si bajara el calibre del déficit fiscal, es decir de las necesidades de financiamiento, se podría ampliar el menú de los nombres potables” para una eventual sucesión, complementó Siaba.

Ese horizonte benigno, sin embargo, todavía aparece lejano y Buteler va un paso más allá. “Ahora está costando más colocar deuda en el exterior, porque ya se emitió mucha y la tendencia va a continuar en los próximos años. Por eso hay que evitar que caigan los precios de los bonos, algo que, si ocurriera en una magnitud importante, llevaría a que nadie nos preste. Así que su permanencia va a ser cada vez más relevante”, arriesgó.

Cabe apuntar un argumento más. Si Luis Caputo cayera por los vínculos que ocultó con sociedades offshore, ¿cómo se detendría la sangría en un gabinete en el que esas prácticas distan de ser casos aislados? Y más: ¿en qué punto se pararía? ¿En el propio Macri?

En la vida no hay personas irremplazables. Pero algunas son menos sustituibles que otras.

Por Marcelo Falak – LetraP