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BID: los costos de una estrategia para la tribuna ideológica

El kirchnerismo volvió a demostrar que prefiere no buscar adversarios para negociar sino enemigos para derrotar

La zarzuela diplomática protagonizada por el gobierno argentino en la elección del nuevo director del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) exhibe sin inhibiciones el principal tic del catecismo kirchnerista en política exterior: producir testimonios ideológicos aunque se perjudique el interés nacional argentino.

En los últimos cuatro mil años, desde que se tienen registros, los gobernantes sensatos procuran no chocar de frente con los más poderosos, reservando su relativa capacidad de confrontación para los casos donde se juega un interés nacional irrenunciable.

Esta histórica inclinación por la prudencia aparece modernamente contrariada por pensadores como Laclau y seguidores como el kirchnerismo, que prefieren no buscar adversarios para negociar sino enemigos para derrotar.

Esta elección del BID resultaba muy importante para Washington mientras que –como sucedió con Malcorra- no representaba a ningún interés estratégico argentino, como no fuere la aventura personal de un amigo del poder.

Apelar a otra metáfora de David versus Goliat corresponde a otra derivación de ese catecismo heroico, enfrentándonos de manera épica, mejor si en soledad, al monstruo imperial que se dispone a avasallarnos. En suma, quedamos de punta con Washington y desmarcados de nuestro vecinos, a cambio de ninguna ganancia, salvo para la tribuna ideológica interna.

El verdadero fracaso no reside en que el candidato argentino tuviera finalmente que retirarse, huérfano de apoyos. La candidatura de Beliz no procuró fundamentarse en ningún interés propiamente argentino sino en el interés regional de que el director electo fuera preferentemente latinoamericano. Por ende, el mayor fracaso, costosísimo, es no haber procurado un acuerdo con nuestros aliados y vecinos de la región para sostener a una posición común con un único candidato, argentino o no. A nuestros vecinos no les interesó.

El costo va a ser importante. No solo por el peso de EEUU en la negociación con el Fondo sino en toda la relación global; de Washington necesitamos mucho más su cooperación que su indiferencia. Inclusive en el menudeo: Argentina, con un poder de voto de menos del 11%, cuenta con el 30% de funcionarios connacionales en el BID, conquista amasada durante décadas y difícil ahora de sostener.

Argentina tiene el mismo peso porcentual de voto que Brasil en el BID, un poco más del 10%, pero Brasilia operó distinto, negoció con Washington y lo más probable es que el próximo vicepresidente del BID sea un brasileño, quizá el mismo que Itamaraty habría propuesto para la presidencia y lo declinó para negociar obteniendo algo importante. Saravá.

Al revés, el Palacio San Martín convocó al choque de los trenes, descontando (para peor públicamente) que México lo acompañaría, pero AMLO terminó agachándose prudentemente para que pasara la pelota.

Llevarse bien con una superpotencia no es fácil y mucho menos si está presidida por alguien como Trump. Normalmente los países son prescindentes ante las candidaturas y esperan al que gane para acomodar los tantos. Pero con esta movida en el BID, el gobierno argentino se permitió apostar a quién ganará en noviembre las presidenciales norteamericanas, repitiendo la jugada que se hizo a favor de la Hillary Clinton candidata y nos salió el tiro por la culata. No parece casual: emitimos oficialmente descomedida opinión previa ante las elecciones presidenciales no solo de EEUU sino también de Brasil y Uruguay. Y en estos momentos apoyamos a candidatos en las de Ecuador y Bolivia. Todas votaciones en que quienes respaldábamos, encima terminaran perdiendo.

El inolvidable Renato Cesarini advertía a sus arqueros que, ante las pelotas que iban adentro, mala suerte, pero que al menos se cuidaran de no meter en el arco a las que se iban para afuera.

Por Andres Cisneros