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Banca oficial

Fernández sentó a un soldado de extensa trayectoria en la silla eléctrica del Central, donde vio pasar y caer desde Redrado a Vanoli. Quedó en la mira de Guzmán por los bancos, la emisión y el dólar.

Su nombre aparece mencionado en la mayor parte de las encrucijadas que enfrenta el Gobierno: el aumento del dólar, el comportamiento especulativo de los bancos, las penurias de las pymes, la emisión, la atención a los jubilados el viernes negro de la improvisación. Después de 11 años en el segundo plano del edificio de la calle Reconquista 266, Miguel Pesce experimenta desde hace 130 días la sensación de estar sentado en la silla eléctrica. El presidente del Banco Central (BCRA) es un funcionario de larga militancia radical que cuenta con la absoluta confianza de Alberto Fernández, pero aparece del lado de los bancos en un gobierno que le reclama a las entidades financieras mayor compromiso para mitigar el impacto múltiple de la pandemia.

De 57 años, graduado del Colegio Nacional Buenos Aires, economista de la UBA y militante de Franja Morada que osciló entre Federico Storani y Raúl Baglini, Pesce tuvo su primer cargo de importancia como secretario de Hacienda de Aníbal Ibarra después del estallido de 2001 y conoció al actual Presidente cuando era un legislador del frente cavallopejotista en la Ciudad. Entre sus méritos figura haber sido aceptado por la secta peronista del albertismo que se conoció en la Facultad de Derecho hace una vida y suele reunirse a recordar sus primeros palotes en la Legislatura porteña.

Fue el propio Fernández el que, en 2004, lo ubicó como vicepresidente del Central después de un pedido de Néstor Kirchner para que alguien de confianza vigilara al ambicioso Martín Redrado. Ya antes había sido probado por el entonces jefe de Gabinete en el Ministerio de Economía de la intervención en Santiago del Estero y como fugaz Síndico General de la Nación en una rara dupla con Alessandra “Lali” Minnicelli. Abonado a ese sillón, se convirtió en el funcionario que más tiempo acumuló en la entidad fundada desde 1935. Vio pasar a Redrado, Mercedes Marcó del PontJuan Carlos Fábrega y Alejandro Vanoli. No deja de ser curioso: ahora Pesce está al frente de un directorio loteado entre las distintas facciones del Frente de Todos, rodeado de cristinistas, lavagnistas, economistas de larga trayectoria como Jorge Carrera o Arnaldo Bocco y diletantes que no le responden directamente. Difícil elegir un funcionario de su íntima confianza, pero quienes conocen la interna del Central afirman que es Claudio Golonbek, el Superintendente de Entidades Financieras, designado por Pesce en un puesto clave.

Ese escaso dominio de su área de influencia esconde una ambigüedad y puede servirle a Pesce para explicar lo inexplicable ante resultados que no conformen a Fernández. El Presidente es el primero que sabe que entre los residuos del macrismo y la heterogeneidad del peronismo hay cuestiones que no funcionan como quisiera.

DEFENSA DE LA BANCA. Desde que se inició el gobierno de Fernández, Pesce choca con dos funcionarios más jóvenes que también cuentan con el respaldo del Presidente pero lo conocen menos y tienen otras prioridades, Matías Kulfas y Martín Guzmán. El ministro de Desarrollo Productivo demanda desde hace tiempo mayor celeridad de los bancos y el ministro de Economía le dijo a Horacio Verbitsky, el fin de semana último, que el “negocio básico de los bancos es favorecer la especulación” y “tiene que cambiar”. Guzmán suele ser mencionado en tensión con Pesce, además, por el nivel de emisión que, después de que volaron todas las previsiones de ajuste, ahora el Gobierno profundiza como única fuente de financiamiento.

Al lado del presidente del BCRA dicen que la coordinación dentro el gabinete económico “es alta” y que después de las discusiones habituales se resuelve de común acuerdo. “Si es necesario, interviene el Presidente”, agregan. Lo cierto es que Pesce coincide con las entidades financieras y discrepa con los que ven un boicot a las pymes en emergencia por un sector que no conoce lo que es el riesgo y figura en la lista permanente de ganadores, con todos los gobiernos.

Consultados para esta nota, desde el Banco Central contradicen la impresión generalizada en parte del oficialismo y entre los empresarios medianos: sostienen que “no hay trabas” y que los bancos están prestando “muy rápido”. Según los datos de la entidad, hasta el lunes último, habían desembolsado 100.000 millones de pesos en préstamos al 24% y tenían comprometidos o en trámite otros 60.000 millones. “El banco Macro, el Galicia, el Santander y el Credicoop entregaron todo lo que les pidieron”, le dijo a Letra P un funcionario ligado a Pesce. Desde el Central sostienen que las organizaciones de pymes que más hacen oír sus quejas son las que estaban al margen del sistema formal y no estaban bancarizadas. “Si no tenías antecedentes y estuviste toda la vida en la informalidad, es lógico que el préstamo demore”, afirman con un argumento calcado del sector privado, más que discutible en un escenario en el que la “mortalidad” de empresas, tal como las definió la consultora Analytica, crece como probabilidad. Además deslizan que, antes de que los bancos concedan los créditos, Desarrollo Productivo debe entregar certificados y el Banco de Inversión y Comercio Exterior, que conduce José Ignacio De Mendiguren, debe aportar la garantía del Fogar.

La defensa de los bancos que ensayan al lado de Pesce incluye otros aspectos, como el de la negativa a reducir los encajes de las entidades financieras para que aceleren con los préstamos para pagar sueldos. En el Central, sostienen que el sistema financiero tiene una “garantía parcial” sobre los depósitos y sólo el 15% de los fondos de los bancos son propios, el 85% restante es prestado por los ahorristas. Conclusión: consideran que aumentar la presión sobre las entidades podría poner el riesgo el sistema, clave de la gobernabilidad argentina, desde 2001 hasta el presente.

RADICAL K. Ubicuo, cauto, correcto en el trato, Pesce llevaba toda una vida en la UCR y había sido funcionario de Fernando De la Rúa en la Ciudad cuando conoció a Ibarra, estrechó lazo con Fernández y saltó a la transversalidad. Trabajó en el primer equipo de renegociación de la deuda junto a Guillermo Nielsen y acompañó al kirchnerismo de punta a punta desde los segundos planos. A la salida del juarismo y como ministro en Santiago del Estero, abonó el sueño de otro radical, el ahora eterno Gerardo Zamora. Mientras el gobierno de Kirchner y el interventor de entonces, Pablo Lanusse, parecían apostar por José “Pepe” Figueroa, Pesce alimentaba por lo bajo la campaña del actual gobernador.

En política, tuvo su protagonismo cuando se subió al tren de los radicales K en aquella primavera transversal que hizo florecer a Julio Cobos. Sin embargo, según le reconoce la barra del albertismo, nunca cruzó de vereda. La renuncia de Fernández como jefe de Gabinete en 2008 y su posterior estigmatización como “hombre de Clarín” por parte del ex Frente para la Victoria no llevaron a Pesce a desistir de su vínculo con el ahora Presidente. “Nunca dejó de verlo”, dicen sus amigos. En 2010, durante el fuerte enfrentamiento del cristinismo con Redrado por el pago de deuda con reservas del Central, jugó con el gobierno de la actual vicepresidenta. Más acá en el tiempo, estuvo entre los funcionarios que soportó el procesamiento de Claudio Bonadio en la causa del dólar futuro, un invento que contó con el ex Golden Boy como perito de oficio. Y que, como reveló Letra P en noviembre pasado, CFK no olvida. Cruzó el desierto del macrismo gracias a Rosana Bertone, que lo designó como presidente del Banco de Tierra del Fuego.

Radical como el líder de la Bancaria, Sergio Palazzo, Pesce se topó con el primer fuego el viernes del desastroso operativo para pagar a los jubilados. Más allá de su buena relación con los bancos, los límites aparecen a cada paso. Tal como Fernández le encomendó, las entidades financieras bajaron las tasas de las tarjetas del 80% al 43% desde que asumió el Gobierno, pero el costo financiero total aún asciende en algunos casos hasta el 70%. La lógica de no tomar riesgos sigue rigiendo los movimientos del sistema financiero. Sin embargo ahí los que conocen al titular del Central dicen que eso es materia que lo excede. “Si quieren nacionalizar los depósitos o la banca, hace falta una reforma del sistema financiero. Eso lo tiene que decidir el Presidente y aprobar el Congreso”, dicen.

Por Diego Genoud – Letra P