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Balear niños Por Osvaldo Bayer

Los argentinos estamos batiendo todos los records. En represión. Primero fue la desaparición de personas durante la dictadura. Ahora, después de 40 años, se reprime a los niños. Como acaba de suceder. La gendarmería contra niños.

Se han usado todos los métodos y se siguen usando. Desde la de- saparición de personas a la represión de menores. En algunos medios realmente libres se publicaron las fotos de niños heridos en el rostro, en el cuerpo y en sus extremidades. Algo nunca visto. Uno se pregunta: ¿cuál va a ser el próximo paso? No. Aquí necesitamos una fuerte reacción de los organismos democráticos, en especial del Congreso, para investigar cómo se dio esa orden de balear. El gobierno debe hacer una profunda investigación entre los altos mandos de la Gendarmería para determinar quién dio la orden y, si fue sólo por voluntad de los gendarmes presentes en el hecho, eliminarlos del plantel. Porque aún si hubieran recibido la orden, un gendarme como cualquier uniformado, debe negarse siempre a usar las armas contra niños.

Hoy tengo que preguntar no solamente cómo se usaron balas de goma sino por qué también hay rastros de balas de plomo. Si esto llegara a comprobarse justificaría la cesantía de los altos jefes de Gendarmería. Este hecho parece anecdótico pero puede marcar la absoluta impunidad que existe para las fuerzas de seguridad. No puede quedar como un hecho anecdótico. La impunidad hay que eliminarla de la democracia.

Todo ejercicio represivo siempre fue justificado como necesario. A este sistema hay que ponerle fin. Lo común en nuestra historia es que queden impunes las acciones contra el derecho público, empezando por ese cáncer espantoso que fue la Campaña del Desierto de Roca. A algunos desaparecedores de personas de la última dictadura se los sometió a juicio con todo el derecho de defensa. Fue la manera de empezar la construcción de una auténtica democracia. Ejemplo a seguir en el futuro.

El espectáculo nos tiene que sobrecoger y decir basta. Tenemos que ir aprendiendo a defender nuestra democracia con leyes de castigo para quienes la traicionen. Los partidos políticos democráticos deben alertar y prevenir la posibilidad de nuevos golpes militares y actuar en consecuencia. Todo lo que acaba de ocurrir, con el uso de armas para reprimir una murga infantil, puede ser un mal principio de impunidad. Vuelvo a proponer: informar al Congreso todo caso de impunidad en el uso de armas oficiales. Citar a cada uno de los gendarmes que intervinieron en el hecho y llegar a fondo para determinar de dónde salió la orden de reprimir esa actividad infantil. No hay que dejarlo pasar. Hay que establecer normas ineludibles ante el uso de la violencia de los que ostentan el poder para “mantener el orden”.

La llegada al poder de todos los dictadores militares que sufrimos nos da una experiencia histórica para reflexionar y aprender. Pero también hay que aprender de la falta de fuerza y decisión de los gobiernos civiles que les precedieron. La llegada al poder del general Uriburu, por ejemplo, es inexplicable sin la debilidad y decadencia de los radicales en 1930. ¿Cómo los civiles no marcharon a la plaza a defender a las instituciones? Los golpes posteriores fueron muy parecidos y siempre se trató de la falta de reacción de la población y en especial de algunos partidos políticos que dieron la bienvenida a los dictadores. En cuarto y quinto año de los colegios secundarios debería darse una materia sobre “Defensa de la democracia” que enseñe a defender y profundizar el sistema democrático que vivimos y ampliarlo. Y en ese marco habría que tener en cuenta el rol que deben jugar allí las fuerzas armadas y la policía. Después de nuestra desgraciada historia debemos preparar a nuestra sociedad para defender sus libertades. Allí está la palabra que repetimos varias veces en nuestro Himno Nacional.”Libertad” para llegar a la Igualdad, tal como lo cantamos en nuestro Himno desde 1813.

El escritor salteño Raúl Fernández ha escrito estas frases sobre la burla a la democracia que ha significado la represión contra los niños:

“Democracia, libertad, libertad, democracia. Cuántas veces hemos pronunciado estas palabras. Sí, desde el uso de razón, en las escuelas, la universidad, la vida cotidiana y la sociedad en la que estamos incluidos todos. Sin embargo, también en nombre de esa libertad civilizatoria, en nombre de la espada y la cruz desde 1492, del descubrimiento de América hasta 1592, en apenas cien años, hubo una masacre de 60 millones de indígenas y culturas autóctonas que fueron explotadas en las minas de Potosí en Bolivia y Magdalena en Colombia en nombre de la civilización. Tupac-Amaru, Tupac-Catari, masacrados con todas sus familias para que sirvan de escarmiento. ‘Civilización’, con la campaña al desierto, Roca, seis mil Remington comprados por el presidente Avellaneda para eliminar a los habitantes que poblaban lo que ellos decían que era un desierto… en nombre de la civilización.

“Luego, junto con ‘la civilización’ viene con el nombre de la democracia y la libertad y se fusilan a 1500 obreros en el gobierno democrático de don Hipólito Yrigoyen cuando estaba anulada ya la pena de muerte en este país. También en la llamada Semana trágica fueron fusilados obreros en una manifestación por el jefe de policía Ramón Falcón y así seguimos levantando la bandera de la ‘Hipocresía’ en nombre de la Libertad y la Democracia, para cometer los actos más incivilizatorios de eliminar inocentes. EE.UU., por orden del presidente Truman, en nombre de democracia y libertad, ordenó la masacre de Japón con las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Eliminar, eliminar, nunca crear, se atacan inocentes y se justifican con la mentira sesgada disfrazada de democracia, Cuál es la diferencia cuando la historia se repite y la democracia, la libertad y la civilización terminan fusiladas por las balas que disparó la infamia?

“Dejad que los niños vengan a mí, decía aquel Hombre que nació en Belén, sin embargo hoy baleamos a los niños y la estupidez es la Biblia de los gobernantes y políticos de turno.

“No aprendimos nada. La Historia nos sigue pasando por encima y no aprendimos nada. No aprendimos que vamos a vivir con mucha suerte noventa años y nos pasamos la vida mintiendo, y la hipocresía es la que reina sobre las verdad. No construimos sobre el amor, la comprensión y la humildad. Por eso a aquel hombre de Belén lo siguen crucificando día a día con la injusticia, el hambre y la miseria humana.

“Albert Einstein decía que ‘lo más tangible y verdadero en el universo es el infinito y la estupidez humana’.

“Señores gobernantes y políticos apliquen la esperanza. Están a tiempo. Todavía.”