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Anunciaron la “aparición” de los supuestos cuadernos originales de las fotocopias

Son seis de los ocho cuadernos del arrepentido Oscar Centeno. El periodista de La Nación, Diego Cabot, dice que se los entregó un desconocido que lo contactó por teléfono. Una historia insólita con aroma a operación de inteligencia.

En lo que parece una obra cómica, este miércoles, a cuatro días de las elecciones, aparecieron los que supuestamente son seis de los ocho cuadernos originales del arrepentido chofer Oscar Centeno. Una de las cosas más asombrosas es que la aparición evidencia que el principal arrepentido del expediente, el chofer Centeno, mintió de forma descarada: sucede que Centeno dijo que quemó los cuadernos en una parrilla. No faltarán los que sostengan que corresponde la inmediata detención del arrepentido porque su mentira está penada con el falso testimonio agravado. De paso, hicieron aparecer otra vez en escena al fiscal Carlos Stornelli, justito cuando cumple siete meses en rebeldía y es muy probable un pedido de destitución por parte del comité de evaluación constituido por cinco fiscales. De todas maneras, aunque ya las maniobras de este estilo tienen poca credibilidad, el principal efecto que se busca es introducir el tema de los cuadernos cuando asoma la catástrofe electoral de la Casa Rosada.La historia fue narrada otra vez por el periodista de La Nación, Diego Cabot, abogado, quien contó que recibió un llamado anónimo pasado el mediodía del martes. La voz del desconocido lo citó a las 19.30 en un lugar de Nuñez –que se mantiene en secreto– porque tenía que entregarle algo. Cabot concurrió al encuentro, y después de una larga espera, apareció un sujeto, de unos 60 años, vestido con un saco azul y portando una mochila, que le entregó una bolsa de papel. De inmediato, el individuo –siempre según el relato de Cabot– dijo que se tenía que ir porque tenía que volver al centro.El periodista, contra todo lo previsible y los consejos de cualquier padre criterioso, tomó sin problemas el paquete que le ofrecía el desconocido, sin sospechar ni por un instante que en la bolsa hubiera algo peligroso o comprometedor como un explosivo o droga. Una actitud por lo menos curiosa para un periodista que se supone expuesto por el tenor de sus publicaciones.

Cabot cuenta que entonces se encontró con la sorpresa de que la bolsa contenía seis de los ocho cuadernos con los que se inició la causa. No está claro por qué faltan los cuadernos números tres y cinco ni tampoco dónde estuvieron los cuadernos todo este tiempo. Queda en el ambiente un indisimulable aroma a operación de los servicios de inteligencia, un estilo a lo Marcelo D’Alessio de poca calidad.

Por Raúl Kollmann – Página/12