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Alfonsín: “Cambiemos se convirtió en una escribanía”

Ricardo Alfonsín critica el rol que asumió la UCR en la alianza gobernante y admite que trabaja para armar una alternativa de “centro izquierda”. Definiciones sobre Chocobar, aborto y Carrió.

Ricardo Alfonsín está más delgado. Superada con éxito la operación de corazón que tuvo en enero de 2017, bajó varios kilos. Pero es sabido que la actividad política no suele llevarse bien con la dieta. En su recorrida por distintas provincias y localidades, los correligionarios lo invitan a comilonas y es difícil negarse. De todos modos, mantener la línea es el menor de sus problemas. Con estas incursiones, Alfonsín busca sentar las bases para un armado lateral, soñando con establecer una alternativa a la política de alianzas que la Unión Cívica Radical mantiene con el PRO. La idea parece una cruzada: llega en plena hegemonía macrista dentro del frente de gobierno, y con el radicalismo estructural por completo domesticado. “La riqueza de Cambiemos era la diferencia, ahora parece que es un disvalor”, apunta Alfonsín, quien exige que la UCR cumpla los compromisos que asumió en la convención de Gualeguaychú en 2015, cuando se selló el pacto electoral con Mauricio Macri.

El dirigente se refirió además a los embates de Elisa Carrió –“es muy hiperbólica y voluble”–, consideró que hay homenajes a su padre que parecen hechos para lavar “sentimientos de culpa” y advirtió sobre “el peligroso mensaje” del caso Chocobar: “¿Guerra sucia contra la delincuencia? No, yo no creo en eso”.

– ¿Cómo evalúa el primer tramo del mandato de Macri?

– Creo que si nosotros hubiéramos influido como dijimos que lo íbamos a hacer, procurando intervenir en los contenidos de las decisiones, el rumbo de la gestión hubiera sido otro, la situación en el presente sería mejor y, en consecuencia, también la expectativa de futuro. Si la UCR hubiese hecho lo que dijo que iba a hacer, hubiera podido cambiar la idea dominante en el PRO, convencer de que lo mejor que los gobiernos pueden hacer por la economía no es meterse lo menos posible; esa idea de que hay que delegarle, simplificando un poco, la política económica a los mercados. En ese sentido, el radicalismo actuó como si el que gobernara fuera la UCR. Es más, ni con la UCR fuimos tan acríticos.

– ¿Sospechaba que el macrismo iba a gobernar así?

– Era previsible lo que iba a hacer el PRO si ganaba las elecciones. Éramos conscientes de que se trataba de fuerzas que piensan distintos. Es decir, que tienen soluciones diferentes, que tienen ideologías diferentes, con perdón de la palabra (sonríe); que tienen filosofías distintas. Lo que no era previsible era que mi partido hiciera algo tan distinto de lo que dijo. La riqueza de Cambiemos era la diferencia, ahora parece que es un disvalor y que el valor es la escribanía. A mí, cuando señalo diferencias, me dicen que lo hago desde una posición contraria a Gualeguaychú. ¡Es exactamente al revés! Lo que exijo es que se cumpla con lo que se dijo en Gualeguaychú. Tendrán que explicar los radicales que no lo reclaman o los que han decidido incumplir con Gualeguaychú, por qué lo hacen. Dijimos que en caso de no ganar las PASO, íbamos a influir en las decisiones, a evitar que se cometieran errores y que no íbamos a acompañar decisiones que juzgáramos equivocadas. ¿Alguien podría haber dicho lo contrario? No, nadie, y sin embargo, eso que no lo hubiéramos podido decir es lo que hicimos.

– La UCR dice que es parte del oficialismo pero que no gobierna. Además de ser difícil de explicar, ¿es una posición políticamente cómoda?

– No, cómodo no es nada. Estar en Cambiemos no es cómodo para ninguno de los partidos que no piensan como el PRO. Naturalmente, es difícil de explicar, por eso mismo es incómodo. De todas maneras, siempre dijimos que somos frentes distintos, que reúnen a fuerzas que piensan diferente; incluso, dijimos que en circunstancias normales estas fuerzas deberían competir entre sí. ¿Por qué razón se reunieron? Para evitar las amenazas que existían sobre la Republica. El propio presidente dijo que no es una coalición de gobierno. ¿Qué, vamos a ser más papistas que el Papa? Por eso yo le digo a mi partido que no podemos aceptar que el Ejecutivo funcione como si Cambiemos no fuera una coalición de gobierno, como si no estuviera obligado a consultar al resto de las fuerzas, pero al mismo tiempo crea que las fuerzas sí tienen que funcionar como si fueran una coalición de gobierno. Es decir, no hay derecho a consultar pero tenemos derecho a acatar todo. No, no es así. Ahora, esto no quiere decir que no tengamos derecho a influir, porque sí contribuimos a que Cambiemos llegara al gobierno. De esto nos tenemos que hacer responsables, y de hacer lo necesario para que no se equivoquen, porque las consecuencias las paga la sociedad.

– ¿Qué resultados vienen dando sus recorridas en busca de adhesiones?

– Muy buenos. En términos superestructurales, de elite dirigencial, no tengo acompañamientos mayoritarios, pero en términos de militancia de base y de afiliados, sí los tengo. Todos quieren que Cambiemos acierte, pero son conscientes de que la mejor manera es tratar de que, hacia adentro, cada fuerza puede hacer oír su voz, y si la UCR hiciera oír su voz, seguramente muchas decisiones no se tomarían, muchas decisiones no se hubieran tomado.

– Los radicales más cercanos a la Casa Rosada tienen buenas expectativas con respecto al crecimiento del partido. ¿Qué opina?

– No entiendo bien lo que quiere decir eso. ¿Quiere decir que hay que seguir en Cambiemos?

– En parte, sí, y esperar el momento.

– ¿Y qué piensan acerca del resto de las fuerzas que integran Cambiemos? ¿Piensan igual como para que sigamos en un frente común? No entiendo qué es lo que quieren decir, porque esa consideración es puramente electoral, yo quiero hacer una de tipo programático, político. La UCR es una herramienta electoral, desde luego, pero antes es un conjunto de ideas. Yo milito en el conjunto de ideas, no en la herramienta electoral. Lo que hace única a la UCR son las ideas y si no las respeto, en el fondo no milito en la UCR, aunque use sus sellos.

– La idea es que, agotadas las chances de relección de Macri, la UCR pueda competir en la interna de Cambiemos con un candidato potente.

– Eso es hacer futurismo y nosotros tenemos que resolver los problemas hoy. Eso lo discutiremos en su momento y veremos si hay acuerdos programáticos, porque en este caso se omitieron. Eso es un déficit, sería bueno que lo explicaran los radicales. ¿Por qué no hubo un acuerdo programático en un frente que reúne fuerzas que piensan diferente? Es raro, ¿no? Y sin embargo ni los medios ni la política hacen hincapié en este déficit, en este defecto congénito de Cambiemos, que era subsanable, pero en mi partido no hicieron nada al respecto.

– ¿A QUÉ ATRIBUYE ESTA ACTITUD SI NO TRAE GANANCIAS PARA EL RADICALISMO?

– Creo que muchos creen que es positiva para su carrera política. Piensan que el PRO tiene un recorrido largo en términos electorales y que además va a seguir siendo hegemónico en Cambiemos, por lo cual no quieren hacer nada que pueda contrariarlos, porque podría poner en riesgo sus chances, ¿se entiende?

– ¿HAY EN ESO ALGO DE DESCONOCER O DESESTIMAR LA FUERZA PROPIA?

– Creo que sí, que hay muchos que no confían. Por ejemplo, si en 2017 la UCR hubiera ido a disputar en la categoría de diputados nacionales, hubiéramos dado una sorpresa a propios y a extraños, pero eso contrariaba, en el sentido de que molestaba, enojaba, a la dirigencia del PRO. Hasta nos prohibieron participar en las internas para concejales, eso no había existido nunca en la UCR.

– ¿Qué piensa de los dichos de Nicolás Massot sobre la continuidad del PRO y el lugar de la UCR?

– No me pareció importante. Estoy seguro que esas son conversaciones que tiene con muchos radicales que piensan que lo mejor es seguir en Cambiemos. Somos tan originales en Argentina que consideramos que es más racional que nos reunamos con los que piensan muy distintos a nosotros para competir contra los que piensan muy igual a nosotros. Bueno, yo quiero reunir a los que piensan igual. Que tenga éxito o no, no sé, pero me voy a quedar tranquilo con mi conciencia.

– ¿Lo que tiene en mente es un espacio de centro izquierda?

– Sí, como era el anterior a 2015, como era FAUNEN, que no murió en Gualeguaychú. Allí se firmó el certificado de defunción pero llegó muerto. Murió a lo largo de 2014 y no de muerte natural, lo lincharon. Hubo una intención deliberada de destruirlo para reemplazarlo por un frente que supusiera la posibilidad de reemplazar por centro derecha al FPV.

– Cada tanto, Elisa Carrió, otra socia de Cambiemos, se muestra crítica de su padre. ¿A qué lo atribuye?

– No lo sé, habría que preguntarle a ella. Pero bueno, Lilita es muy hiperbólica y voluble, ¿no? A veces cambia de manera de pensar. No comparto muchas cosas que dice o hace pero la respeto. Cuando dice cosas de mi padre, ahí sí que no, me causa pena por ella misma, porque es una persona muy importante de Cambiemos como para perder autoridad frente a ciertas cosas que dice.

– Es llamativo, teniendo en cuenta que la figura de Raúl Alfonsín suele ser valorada por la mayoría de los espacios políticos…

– …y hasta por el radicalismo (risas). Yo les digo siempre a los radicales que le hacen homenajes, que además sean consecuentes con sus ideas, porque si no más que homenajes parecen sentimientos de culpa que van a lavarse.

– ¿Cuál es su postura sobre la legalización del aborto?

– Es para mí un tema muy dilemático pero no podemos seguir sin dar respuesta desde la política, porque con el argumento de que hay que hacer prevención, educar, etcétera, cada vez muere más gente humilde que ha tenido embarazos involuntarios y tiene que resolver esa situación. Por supuesto, hay que discutir en qué momento. Yo me he enganchado con el planteo científico que dice que hasta que no haya determinada información genética ni siquiera hay vida autónoma, menos vida humana. Sí creo que hay que despenalizarlo, lo que no significa estar con el aborto, ¿no? Es como si hay que despenalizar a los que consumen drogas: yo creo que sí, lo que no significa que les voy a decir que tomen drogas.

– ¿Qué opina del recrudecimiento de la política represiva y de casos como el de Chocobar?

– Estoy muy preocupado. Me expresé, creo que fui el primero, aunque no salió, desde luego, porque hay muchos medios que no tienen interés en promover o discutir posiciones disidente hacia adentro de Cambiemos; promover a quienes creen que en algún momento la UCR tiene que repensar la política de alianzas. Me acuerdo que en el diario La Nación, Mariano Grondona decía que el argentino era un sistema patológico, porque eran dos partidos de centro izquierda: el radicalismo y el peronismo. Ahora, el sueño del pibe de la derecha es un sistema patológico pero a la inversa, con dos partidos de centro derecha: un peronismo apoyado en su vertiente más “derechosa”, más liberal, y un Cambiemos hegemonizado por el PRO.

– Hechos como el de Chocobar encuentran tierra fértil en ciertas posiciones de derecha.

– La discusión que se da con relación a estos casos, no solamente el de Chocobar, sino los de gatillo fácil y todos en los que puede estar involucrada con muchas dudas la policía, es la siguiente: están los que creen que el Estado siempre debe ceñirse a la ley y están los que creen que el Estado no está obligado a ceñirse a la ley cuando combate el delito, que allí no se aplica el Estado de derecho. Me parece que la reunión del presidente con Chocobar, el mensaje que mandó, es muy peligroso en ese sentido.

– ¿Es pensar que para el Código Penal hay buenos y malos?

– Si querés, hay buenos y malos, pero frente a los malos tenés que respetar la ley. Es como si al Estado de derecho lo pueden exigir solo los buenos, los malos no. Eso pensábamos en la dictadura. No comparo situaciones pero ese era el razonamiento, no había que ceñirse al Estado de derecho, era guerra sucia. ¿Guerra sucia contra la delincuencia? No, yo no creo en eso. La policía es el Estado y el Estado debe someterse a una prueba muy rigurosa de legalidad.

– Usted habla de una alternativa a la actual política de alianzas de la UCR. ¿Cuál es la propuesta?

– Hace tiempo me vengo reuniendo con Miguel Lifschitz (gobernador socialista de Santa Fe), porque coincidimos en que el espacio de centro izquierda está vacante y hay que construirlo. La santafesina es una experiencia que hay que cuidar, demuestra que se puede hacer y que se puede extender al resto del país. También hablamos con Miguel que hay que darle tiempo a todo esto, él hacia adentro de su partido y yo hacia adentro del mío, para que la mayoría de los radicales, en algún momento, cuando se desaparezca la amenaza a la república, bueno, comprenda que lo racional es que se reúnan los que piensan igual. Estoy trabajando desde ahora para que cuando llegue el momento haya una tarea avanzada por fuera del partido. Y lo mismo Miguel. La otra vez nos reunimos además con Margarita (Stolbizer) y Martín (Lousteau), pero no avanzamos, solo tangencialmente, en la discusión sobre crear ese frente. Sí lo hicimos en la necesidad de desarrollar tareas juntos, de presentar proyectos e instalar temas que no están en la agenda pública.