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Agustina Cherri y su producción de fotos para la revista Caras

La actriz ilustra la última portada de la revista Caras y habló de la sensualidad, su novio, sus hijos, y mucho más.

Cumplió 33 años y los festejó con una fiesta en su propia casa, porque ese es el deseo que hoy gobierna su universo: celebrar. Agustina Cherri dice sentirse en armonía y su gratificante presente se sustenta en tres pilares determinantes: la vida junto a su hijos Muna y Nilo —de su relación pasada con Gastón Pauls—, la satisfacción que le deparó volver al trabajo y el amor que vive con el músico Tomás “Pepo” Vera, percusionista de la banda de rock “Otro Mambo” y su novio desde hace un año y medio.

Y así, en paz con lo vivido y entusiasmada por lo que vendrá, la actriz de “Los Ricos no Piden Permiso”, la novela éxito de las noches de El Trece, se entrega a una sensual sesión fotográfica que reconfirma la impactante silueta que detenta desde que regresó a la televisión después de cuatro años sabáticos: “Creo que si se me ve más bella es porque me siento mejor. Lo interno maneja lo externo”, asegura.

– ¿Qué dejó ese gran tiempo sabático?
—Lo disfruté muchísimo y fue un alivio sentir que no me muero sin el medio, sin estar en la pantalla. También estuvo bueno porque extrañé y tuve la necesidad de volver renovada, con un cambio. Hacer algo completamente nuevo. Y así surgió el cortarme el pelo. Fue un parate clave para volver renovada, reforzando la idea de que ser actriz es lo que quiero hacer toda mi vida.

—Pero además de cortarte el pelo, desde aquel entonces lucís más delgada. ¿Sentís que volverte vegetariana te embelleció?
—La dieta vegetariana ayudó, claramente, a lucir más delgada. Pero no sé si tiene que ver con la belleza física sino con el sentirse mejor. Al margen de que el cuerpo se modifica y cambia, yo me siento mejor. Tengo mejor la vista, el pelo y me levanto con más energía que antes. Más allá de lo físico que está buenísimo porque yo laburo con mi cuerpo, me favoreció en un montón de cosas el cambio de alimentación. Cuando tomé la decisión de ser vegetaríana, hace ya nueve años, estudié cocina macrobiótica porque quería hacerlo bien. Son procesos que hay que sobrellevar a conciencia y con responsabilidad.

—Y no dudaste jamás en que tus hijos sean también vegetarianos.
—Jamás. Cada padre le da lo que cree mejor a sus hijos. En mi caso, yo entiendo que lo mejor es la alimentación vegetariana. Hasta los tres años fueron macrobióticos vegetarianos y hasta hoy vegetarianos. Que no quiere decir que la gente se altera, mi hija come helado o papas fritas si va a un cumpleaños. Fui estricta hasta los tres años que es cuando sus órganos terminan de desarrollarse. Y fui estricta porque ellos eran felices con la alimentación que les daba. En casa preparamos leche de almendras y ellos están re cancheros y saben hacerla. Amasamos pan, hacemos seitán casero, que es la carne vegetariana, tenemos un día para cada cereal y comemos quinoa, algas.

—Sos de las que han afirmado que los treinta y pico son la mejor edad para la mujer. ¿Te gustás más ahora que hace diez años?
—Me parece que a los treinta no me critico nada. Tengo treinta y soy lo que soy por las elecciones que tomé. Los treinta me llegaron sin cuestionamientos.

—¿Pero te permitís ser más sensual?
—Creo que tiene que ver con la evolución de uno. Tal vez siendo más chica no me sentía tan cómoda en ese lugar. Creo que cuando una mujer está más segura de sí, se permite liberar su sensualidad. No le tenés miedo. Ahora estoy más relajada, aunque nunca fui una mujer insegura con mi cuerpo. Nunca tuve complejos. Que no quiere decir que ahora no me sienta mejor. Pasé por todos los pesos y defectos de cada edad. De adolescente estaba más grande y bajé de peso, pero siempre trabajé e hice producciones de fotos. Nunca tuve inhibiciones, siempre estuve expuesta, la gente me vio crecer, desarrollarme.

—Disfrutás tu cuerpo sin pudores.
—Sí, soy relajada. Obviamente que con los años uno se preocupa por la estética y hay que cuidarse más y tener entrenamiento. Hubo un momento en que tuve que empezar a ir a la cosmetóloga. Mi cara tiene mucha exposición y paso doce horas maquillada, pero recién a los treinta empecé a usar cremas para la cara. Un horror , porque tendría que haber sido antes. Ahora uso distintas cremas para el rostro y me saco siempre el maquillaje antes de dormir. Pero no mucho más que eso. Y entreno porque me gusta y descargo. Hago Pilates pero un estilo fuerte con mi profesor, Federico Randazzo.

—¿Cómo fue volver a estar en pareja?
—No estaba preparada, me sorprendió. Creo que cuando uno menos busca, aparece. Fui sola al casamiento de mi amiga, a la que adoro, Marcela Kloosterboer, con cero expectativas y apareció Tomás y quedé flechada. No es algo que me pase, soy muy difícil. Pero con él nos miramos y listo. Yo no sabía quién era y era raro porque conocía a todos los amigos de Marcela. Soy su amiga desde que tengo 10 años y conocía también a los amigos de su esposo, Fernando. Lo que pasó es que con Tomás nunca nos habíamos cruzado. Fue como con Agustín y Helena en “Los Ricos no Piden Permiso”, de cero a cien. La realidad supera la ficción y hubo amor a primera vista. Marcela se casó el 15 de noviembre de 2014 y desde ese día que nos cruzamos nunca más nos separamos con Tomás.

—¿Y cómo vivís el amor ahora, qué priorizas, qué te gusta compartir?
—Más allá de que él es un amor, para Tomás también era estar conmigo y con mi hijos. Ellos lo adoran y él a ellos. Se llevan genial y creo que es por eso que lo nuestro es posible. Las mujeres que tenemos hijos y estamos separadas sabemos lo que implica. Una persona puede encantarte pero si hay algo que no funciona con tus hijos, entonces todo se va al tacho. Tomás no tiene hijos y se lleva bárbaro con los míos. Él es músico y entonces conectan por ese lado. Hacen música los tres juntos. Con el más chiquitin tocan percusión y Muna va a empezar a tocar en el piano las canciones de Otro mambo, la banda de Tomás, porque quiere tocar algún día en el escenario con él. Tomás es un sol, un hombre muy tranquilo, en algún punto era lo que necesitaba. También su calma y que sea artista, pero sin la exposición que tengo yo. Es un bálsamo. Sus amigos me adoptaron en su grupo. Tomás es el cable a tierra que yo necesitaba, como buena acuariana con ascendente en acuario que soy. No es celoso, me incentiva todo el tiempo a que avance.

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