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AEA-CGT, una conspiración anti-obrera

La reunión de los jefes de la CGT con la Asociación Empresaria Argentina (AEA) dejó claro que la adhesión de la burocracia sindical al programa y los planteos de la gran burguesía nacional e internacional es incondicional. Pero más allá de ello configuró un bloque, dentro de la burguesía local, de claros propósitos políticos: imponer un gabinete que represente directamente al capital financiero, o sea romper a la coalición gobernante, sin la exclusión del golpismo.

En las conclusiones del encuentro, “se volvió a recalcar la necesidad de llegar a un acuerdo con los acreedores privados de la deuda y evitar el default”. Pero el llamado a aceptar la contraoferta leonina de BlackRock y los demás fondos internacionales no concluye con la crisis de deuda, como no ocurrió con ninguna de las ofertas precedentes, porque el propósito del mayor fondo internacional del mundo es imponer su propia política y sus propios representantes en Argentina y en América Latina.

La burocracia hizo propio el reclamo de AEA de “reducir gradualmente la presión tributaria sobre el sector formal de la economía”, a sabiendas de que las patronales han colocado su foco en la reducción del gasto de seguridad social. El corazón del arreglo de deuda que se está pergeñando pasa por el desmantelamiento del régimen previsional estatal, para abocar los recursos del Anses al pago de la deuda y recrear el filón de la jubilación privada.

La CGT y la AEA coincidieron también en que habían dado un primer paso hacia la “formulación de consensos básicos” y “políticas públicas para favorecer el empleo registrado”. No puede haber forma más sinuosa de aludir a la reforma laboral. Hace muchos años que los capitalistas, en nombre de facilitar el empleo en blanco, impulsan la institucionalización del trabajo en negro. Sin embargo, y de cara al derrumbe industrial en curso, para las patronales el eje de una reforma laboral pasa por abaratar el costo del despido. La reforma laboral también está en la agenda de los acreedores internacionales.

La presentación de esta “agenda común para la postpandemia” le pasó el trapo, por supuesto, a la pandemia misma, y a las crisis sanitarias que se están viviendo en la gran industria. La presión por la vuelta al trabajo ha dejado un tendal de trabajadores contagiados, sin que se hubieran adoptado las medidas elementales de distanciamiento obligatorio y equipamiento sanitario para los trabajadores. Nada de esto estuvo presente como reclamo por parte de Acuña, Daer y compañía. Mucho menos el reclamo de inmediata reapertura de las paritarias, en un año donde la inflación en curso amenaza con devorarse el 30% de los salarios si no se producen reajustes. En definitiva, los que se reunieron con AEA son los mismos que arreglaron las suspensiones con descuentos salariales durante toda la cuarentena.

La reunión con AEA, por lo tanto, ha dejado expuesto el compromiso de hierro de la burocracia sindical con una agenda antiobrera, la misma que exigen los fondos internacionales y la gran burguesía para la “pospandemia”.

Por Marcelo Ramal- Política Obrera