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Aceite hirviendo

La lucha de titanes agroexportadoras vs. el gremio de las paritarias premium le quema al Gobierno, desesperado por dólares. Diplomacia silenciosa y urgente.

El jueves último, en medio del funeral de Diego Maradona, Claudio Moroni llamó por teléfono tres veces a Gustavo Idígoras para pedirle que la cámara que reúne a las grandes cerealeras accediera a pagar el bono de fin de año que reclama el gremio de Aceiteros. Entre los ruidos de una jornada que contrastó el fervor popular por la muerte del ídolo con el reino de la improvisación situado en la Casa Rosada, el ministro de Trabajo de Alberto Fernández tenía como misión principal convencer al presidente de la poderosa Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC): era preferible cumplir con la demanda del combativo sindicato que tiene una incidencia decisiva en el polo oleaginoso de Rosario y Santa Fe antes que activar un foco de conflicto en un sector estratégico y en la antesala del primer diciembre del Frente de Todos en el gobierno. Moroni suponía que la distancia entre las partes era más estrecha y se encontró a un lado y al otro de la discusión paritaria con posturas muy distantes.

Ese día, mientras el país estaba pendiente de Maradona, fracasaban las negociaciones en Trabajo y empezaban a madurar las condiciones para la huelga nacional que se inició en el primer día de diciembre en el complejo agroexportador argentino, la gallina de los huevos de oro en un zoológico donde todo es escasez.

Ya el fin de semana, el líder del gremio aceitero, Daniel Yofra, había advertido que los puentes estaban rotos y la postura intransigente de las grandes cerealeras los estaba empujando al conflicto. Con una pulseada salarial iniciada en septiembre pasado, había vencido dos veces la conciliación obligatoria y en la sede de Moroni no se habían logrado avances.

El lunes, Aceiteros anunció el paro en todo el país junto a la Unión Recibidores de Granos y Anexos de la República Argentina (URGARA), otro gremio que tiene una fuerte presencia en el sector, representa a los operarios de los puertos de todo el país y tiene su paritaria vencida desde julio. La huelga impactó en el comercio de granos y fue un primer indicio de un conflicto de resultado incierto, en un negocio vital para un gobierno sediento de dólares.

CHOQUE DE TRENES. Las partes en tensión se conocen bien y llevan varios años de acuerdos consensuados sin conflicto. La última huelga de magnitud fue la que Aceiteros llevó adelante durante 25 días en 2015, cuando perforó el techo salarial que fijaba el entonces ministro de Economía, Axel Kicillof.

Esta vez, el choque es el más importante de los últimos 11 años y, para el Gobierno, el menos oportuno. Agregado agrícola en Bruselas entre 2004 y 2009, Idígoras es un exfuncionario q,ue pasó por Monsanto y en el último año se convirtió en un actor importante para el Gobierno. No sólo por ser la cara amable de los gigantes -en su mayoría multinacionales- que liquidan los dólares de la cosecha. También, por ser uno de los motores del Consejo Agroindustrial que reúne a más de 50 entidades del agronegocio y se acercó al peronismo para conseguir beneficios impositivos con la zanahoria del aumento de las exportaciones. El titular de CIARA entró por la puerta de la Cancillería, se sentó rápido a la mesa con Alberto y llegó incluso a visitar a Cristina Fernández en el Senado, en un encuentro de lo más amable que la vicepresidenta se encargó de publicitar antes que nadie.

Parado sobre un sector esencial y una base de afiliados acostumbrada a decidir su plan de lucha en asambleas, en los últimos siete años, el sindicato que conduce Yofra se transformó en una referencia general a la hora de discutir paritarias y se ubicó, junto con La Bancaria, entre los que mejores acuerdos salariales cierran cada año, siempre por encima de la inflación.

Por primera vez, en esta paritaria, Idigoras y CIARA-CEC conducen una discusión en la que también están incluidas la Cámara Argentina de Biocombustibles (CARBIO), la Cámara Industrial de Aceites Vegetales de Córdoba (CIAVEC) y la Cámara de Puertos Privados Comerciales (CPPC). Esa confluencia parece haber llevado a los sindicatos a cerrar un acuerdo para que 22 mil trabajadores decidan de común acuerdo una huelga nacional que, de repetirse, puede impactar más fuerte en el ingreso de divisas que mantiene en vilo a Fernández, Martín Guzmán y Miguel Pesce.

Según CIARA-CEC, la industria agroexportadora ingresa entre 20 y 25 mil millones de dólares anuales al país. Sin embargo, en lo que va del año -según el dato difundido por la cámara el 1 de diciembre- el sector liquidó US$18.583.581.963. De acuerdo a las empresas, la diferencia se explica por los U$S3.000 millones liquidados el año pasado de manera adicional ante la inminencia de la asunción de un gobierno que, ya se sabía, iba a subir las retenciones.

QUÉ SE DISCUTE. Fernández necesita evitar una conflictividad mayor, en un momento en que la cotización del dólar paralelo cede desde el techo de 195 pesos que tocó a fines de octubre, pero la sangría de reservas del Banco Central no se detiene. Por eso, Moroni no sólo llamó al presidente de CIARA, sino que fatigó los teléfonos de Yofra en busca de una solución que todavía parece muy lejos.

El sindicato y las cerealeras firmaron un aumento del 25% a principios de año y acordaron un reajuste a discutir a partir de septiembre, pero, mientras Aceiteros busca cerrar un numero extra hasta fin de año acorde con la inflación y volver a discutir en marzo, las empresas pretenden acordar para todo 2021 un incremento de 3% mensual que se ajuste por inflación, en caso de ser mayor. De fondo, está el básico de convenio que hoy se ubica en torno a los 70 mil pesos y el gremio quiere llevar a 92 mil pesos. En la pulseada de corto plazo, los gigantes del complejo agroexportador que representa Idigoras afirman que los sindicatos quieren un aumento del 176% en el bono de fin de año, pero desde la Federación lo niegan por completo y aseguran que pretenden el plus que cobran cada diciembre con el agregado del IPC 2020.

Las partes llegan a la negociación en situaciones contrapuestas. Desde Aceiteros remarcan que las cerealeras se beneficiaron entre enero y noviembre con un doble proceso. Por un lado, los precios internacionales aumentaron en los cuatro rubros agrícolas principales de Argentina y la soja ahora ronda los 430 dólares. Por el otro, junto con una devaluación que multiplicó las ganancias del sector, el Gobierno les devolvió el diferencial a las aceiteras y les concedió una baja de las retenciones superior a la que recibieron los productores sojeros y sin fecha de vencimiento. El reverso lo marcan los ingresos de sus empleados, que son altos si se los compara con la media pero vienen cayendo como todos en pandemia. En mayo de 2020, mes de inicio del nuevo acuerdo, el salario bruto aceitero equivalía a USD1.014 y en octubre de 2020 se había reducido a USD 885, 13% menos, medido al dólar oficial.

LA PELEA DE FONDO. El conflicto impacta en el marco de las negociaciones salariales que impulsan los sindicatos en un contexto de tres años de pérdida generalizada del poder adquisito y puede complicar fuerte a Fernández y a Guzmán si escala durante el verano y pega en el marzo, el mes de la cosecha.

Por el peso decisivo que tiene el complejo agroexportador en la economía argentina, la paritaria excede la discusión sectorial. En CIARA ven que Yofra busca ocupar un lugar en la primera fila del sindicalismo nacional y en el gremio advierten que el agronegocio se muestra más intransigente que de costumbre y juega fuerte para consolidarse como el sector que lidera al establishment local. Indicios no faltan. El titular de la UIA, Miguel Acevedo, proviene de la agroindustria, es cuñado del magnate cordobés Roberto Urquía y representa a Aceitera General Deheza. Aunque el Consejo Agroindustrial incluye a una diversidad de actividades que exceden por mucho al negocio sojero, tiene entre sus primeros impulsores a Idigoras en nombre de CIARA y a José Martins, el presidente de la Bolsa de Cereales que llegó con el impulso de las cerealeras y fue durante 43 años un hombre de Cargill.

Por Diego Genoud – Letra P