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3 casos de impotencia masculina y sus soluciones

El abanico de causas de la impotencia masculina es diverso. Sandra Lust nos cuenta tres casos clínicos y sus tratamientos.

Digamos que sucede, aunque ellos se propongan evitarlo. La impotencia sexual no promete cura inmediata, hablamos de una patología. La pérdida de erección puede atacar a jóvenes, a hombres mayores, a ancianos. Las causas son tantas como las situaciones que lo pueden hacer posible.

No creas que solo le pasa a hombres con un problema clínico, también puede sucederle a quien no tiene más que temor a fallar, o a quien se siente aún con un conflicto provocado por el divorcio, o a quién está estresado, o tiene problemas económicos. Lo importante es entender que la impotencia es una enfermedad que ataca a un porcentaje altísimo de hombres, que depende mucho de la psiquis pero también de la clínica, que es importante el diagnostico previo para poder diferenciar si existe un problema médico, en ese caso la terapia incluye el tratamiento clínico.

Y no solo se trata de recetar Viagra. Este medicamento solo funciona para un 40 % de los casos. El resto es la cabeza, y la relajación.

La mayoría de los sexólogos coincidimos en que la terapia debe incorporar a la pareja, ya que la actitud de la mujer es muy importante frente a la autoestima deteriorada de los hombres que sufren este trastorno. Frente al temor a tener una enfermedad, a no tener más posibilidad de tener una erección, a la pérdida de confianza en sí mismo, a lo expuesto que queda.

El hombre que reconoce su impotencia y que está en una relación estable teme que cambie su situación, teme no funcionar con ninguna mujer. Al problema real, se le suma un conflicto en el cual la psiquis que no le permite curar su herida narcisista. Entonces acude a diversos tratamientos que abandona si no encuentra solución inmediata.

Es importante entender que la impotencia también puede ser causada por: la diabetes -y que esta produce neuropatías-; por la medicación hipertensiva después de muchos años; por problemas arteriales, y por medicación específica para algunas patologías coronarias.

Las problemáticas psicológicas pueden muchas veces ser una patología, cuando de estrés o de temor a fracasar se trata. Entonces, no hay clínica médica en el paciente por la cual no puede tener erección, o la tiene y la pierde, o le sucede con ciertas mujeres y no con todas, o en ciertas situaciones, horarios, épocas, en momentos específicos relacionados con pensamientos o con etapas de la vida como conflictos con el área laboral o de pareja.

Tres casos reales de impotencia

Juan llegaba a la consulta muy tenso. No sabía que le pasaba. Empezó ser infiel cuando descubrió su pérdida de erección durante las relaciones sexuales. Pero, contra lo que podemos imaginar, a él no le pasaba cuando miraba porno. Así se empezó a ver seducido por la posibilidad de ser infiel, ya que quería saber si en ese caso también le sucedería. Por supuesto que no pasó. Cuando empezamos a trabajar el origen de la impotencia, la historia clínica de lo que le sucedía, descubrimos una fobia al deseo de embarazo de su mujer, lo que favorecía su pérdida de erección ya que si podía penetrar, era muy posible que pudiera embarazar.

Miguel tiene 55 años y padece un cuadro clínico de Peyrone, una enfermedad que muchas veces provoca la impotencia, conocida como calcificaciones en el pene que deben ser encontradas a tiempo ya que producen la deformación peneana al punto de provocar consecuencias para penetrar (por la curvatura que se produce en el pene). Esto requiere tratamiento médico clínico y psicológico conjunto, ya que el paciente necesita elaborar lo que le sucede.

Fernando tiene un matrimonio de 25 años. Su impotencia comenzó con la pérdida de deseo sexual, trayendo la disminución de la frecuencia sexual. Luego de varios años de recurrencia, decidió consultar al médico, quién luego de varios estudios, encontró un problema clínico que lo llevó a tener poco sexo a causa de su dificultad para mantener la erección. Una arteria estaba tapada, el colesterol promovió su enfermedad. Mediante un ecodopler peneano, se encontró la zona afectada, se reemplazó con un stend y su sexualidad mejoró absolutamente, jamás hubiera creído que sus arterias estaban obstruidas.

Por la licenciada Sandra Lustgarten, psicóloga y sexóloga.
Twitter: @sandralust – EntreMujeres