Francisco nombró por primera vez a una mujer en un cargo importante de Estado

Francesca Di Giovanni, quien trabaja hace 27 años en esa dependencia del Vaticano. “Esto representa un signo de atención hacia las mujeres”, dijo la funcionaria.

Una mujer ocupará por primera vez en la historia un alto cargo en la Secretaría de Estado del Vaticano, el órgano de Gobierno de la Santa Sede. El Papa nombró ayer a Francesca Di Giovanni, una laica con amplia experiencia en el departamento, como la nueva subsecretaria de la sección para las Relaciones con los Estados en el ámbito multilateral. Es decir, se encargará de mantener el contacto con las organizaciones intergubernamentales y de la supervisión de tratados internacionales. El cargo es de nuevo cuño, no tenía precedentes en el Vaticano, pero en un Gobierno civil equivaldría al de un secretario de Estado, inmediatamente por debajo del ministro. Con este nombramiento, Francisco refuerza su intención de incluir a más mujeres en puestos de responsabilidad en la Iglesia.

Di Giovanni nació en Palermo en 1953 y desde hace 27 años trabaja para la Secretaría de Estado. Se trata, por tanto, de una profesional reputada con una dilatada carrera en los entresijos de la Santa Sede. Justo los perfiles que busca el Papa para feminizar la maquinaria de la Iglesia. Estudió Derecho y, aunque completó su formación jurídica en el Centro Internacional de la Obra de María –del movimiento religioso de los Focolares–, no es una mujer consagrada. Durante su trayectoria se ha ocupado fundamentalmente de temas relativos a migrantes y refugiados, al derecho internacional humanitario y de la condición de la mujer en el ámbito multilateral.

En una entrevista publicada por los medios oficiales vaticanos, nada más conocerse su designación, Di Giovanni confesó que no se esperaba el encargo del Pontífice. «Ha tomado una decisión ciertamente innovadora, que, al margen de mi persona, representa un signo de atención hacia las mujeres», aseveró. Sin embargo, según la nueva dirigente vaticana, «la responsabilidad está más ligada a la tarea que al hecho de ser mujer», porque el multilateralismo y los asuntos que ha manejado hasta ahora son de vital importancia para Francisco.

En la homilía de Año Nuevo, Bergoglio afirmó que «la mujer es donante y mediadora de paz y debe ser completamente involucrada en los procesos de toma de decisiones. Porque cuando las mujeres pueden transmitir sus dones, el mundo se encuentra más unido y más en paz». Ayer, Di Giovanni le contestó: «Me gustaría poder contribuir a esta visión».

Feminizar la Iglesia

Lo cierto es que en varias ocasiones el Papa ha mostrado su preocupación por la «cultura machista» que existe en la sociedad y ha denunciado que hay pocas mujeres en puestos de responsabilidad. Por eso, desde hace algún tiempo trata de predicar con el ejemplo. Se ha especulado con que pronto una mujer sería nombrada para la jefatura de un dicasterio –ministerio vaticano–, algo que todavía no ha ocurrido. Pero sí que hay subsecretarias en el de Laicos, Familia y Vida; han formado parte de la secretaría general del Sínodo de los obispos –entre ellas la española María Luisa Berzosa–; y, la más visible por los pasillos de la Santa Sede, Barbara Jatta, dirige los Museos Vaticanos.

Aún así, las reivindicaciones para que ellas asuman un peso más importante en la Iglesia siguen llegando. En el último suplemento femenino del «Osservatore Romano» precisamente se denunciaba que en el Vaticano hay cerca de 950 empleadas –más de una quinta parte del total de trabajadores–, pero que muy pocas ocupan altos cargos. Francisco debe haber tomado nota.

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