Final de ciclo Por Ricardo Rouvier

El resultado fue un vendaval, una avalancha de votos contra el gobierno de Macri. La sociedad valoró la oportunidad y no la perdió al expresarse luego de años de perder conquistas y nivel de vida. Encontró en Alberto Fernández y la coalición peronista el instrumento para castigar al oficialismo. Sin duda la alianza entre CFK, con Sergio Massa, y gobernadores e intendentes, dio la sumatoria que las urnas indicaron con precisión matemática

Antes de la coalición opositora el 30/31% de los votos fueron aportados por el kirchnerismo y más propiamente por Cristina Fernández de Kirchner, a lo que se le agregó el peronismo no k en esa sumatoria. Ese era el piso que ponía en situación ventajosa al Frente ante el macrismo que siempre tuvo entre 30/32%. No había razones para incrementar el caudal del oficialismo. El voto anti k. fue estimulado en la polarización pero predominó al voto anti Macri. Mientras los medios hablaban de esto, subterráneamente la sociedad preparaba el dictamen.

El gran bastonero de este acontecimiento fue el propio candidato a Presidente. Un actor imprescindible para lograr que se ablandaran las diferencias, y que se lograra convencer a los ex socios que vuelvan a serlo. Aquella sentencia de «Sin Cristina no se puede y con Cristina no alcanza» se cumplió con rigurosidad. También sobre el candidato recae Maquiavelo con su ponderación de la fortuna. Necesidad y oportunidad se cruzaron nuevamente en la historia convergiendo en la figura de Alberto Fernández.

La política está hecha de diferencias, acuerdos y polémicas; y las particulares visiones que puedan tener las distintas superestructuras que constituyen el Frente quedan demoradas detrás del propósito principal: que Macri se vaya; y agregaría: que se normalice la crisis.

Las distancias que pueda haber en el intraperonismo entran en un cono de silencio subordinado a los tiempos. El país está y estará en emergencia económica, financiera, y social, y eso exige esgrimir una de las principales virtudes del político: la prudencia.

Esa prudencia que el gobierno en retirada, no logra obtener de las idas y vueltas emocionales del Presidente o del discurso delirante de Carrió o las groserías de Bolsonaro

Además de lo que le corresponde pensar a los derrotados, hay que desplegar una gran reflexión sobre la victoria, y comprender la importancia que tienen las consecuencias de la gestión sobre la sociedad que a veces supera los enunciados ideológicos. Es recomendable, en esto, volver a Perón cuando señalaba cómo habían cambiado los tiempos de espera de los pueblos frente al sacrificio económico (de este modo criticaba el modelo stalinista de desarrollo)

No agregarle pólvora al voto genera tranquilidad en una sociedad golpeada por la incertidumbre y la recesión. Eso es lo que espera la mayoría de la opinión pública de todos los actores: sensatez, diálogo, acuerdo.

La derrota de Juntos por el Cambio confirmó las sospechas que iban creciendo a medida que pasaba el tiempo: hubo una llamativa carencia de experiencia y conocimiento sobre la sociedad; un desprecio por la política propia de las corporaciones. NI siquiera la centuria que pesa sobre los hombros de la UCR les evitará una fortísima autocrítica que ya ha empezado a crecer.

Acá hay dos tiempos en tensión: uno, el de la crisis financiera y sus efectos sobre la economía y la gobernabilidad que requiere reestablecer la normalidad en forma urgente, y otro tiempo que es el que media con la elección general de octubre. Hay una decisión de algunos sectores del PRO que plantean la posibilidad de revertir los resultados en la elección general y llegar a los penales (ballotage). Si bien esto es matemáticamente posible, es muy poco probable que ocurra.

Hay que agregar que el caudal del otro día del oficialismo está en peligro ya que varios gobernadores e intendentes consideran que para asegurar victorias o revertir resultados, deben jugar ellos y no Macri. La boleta corta que preconizaba Pichetto ahora tendrá éxito y el gobierno tomará la misma medicina que le quería suministrar a su adversario.

La candidata estrella María Eugenia Vidal, derrotada fuertemente por el tándem CFK/AF y Kicillof, espera revertir su situación que la pone más cerca de la capitulación, porque ahí no existe la esperanza de la segunda vuelta. Sacrificada por las políticas públicas, la gobernadora quiere emprender la gesta en soledad. Quiere ser ella la que gane o pierda y no ponerse, de nuevo, el salvavidas de plomo presidencial.

No puede dejar de mencionarse que una parte de los gobiernos de los países centrales, y las grandes corporaciones, más el FMI, esperaban que Macri ganara o perdiera por poco. Este resultado es una contradicción dentro del orden mundial.

En realidad, el poder financiero internacional viene avisando desde diciembre del 2017, cuando se cerraron las ventanillas para nuestro país, que no había más plata. Ir al FMI fue peor porque nuestro país contrajo una obligación impagable y no cumple con lo prometido. El fantasma de la cesación de pagos ronda, nuevamente, por estos lares.

El poder mundial rápidamente se acomoda, su capacidad adaptativa es gran parte de su éxito; y el gobierno de Juntos por el Cambio es descontado velozmente. Parte de los poderes fácticos giran y buscan en la oposición factores de negociación y diálogo. Ellos saben que la estructura hegemónica permanece sea presidente Macri o cualquier otro. Pero, tendrán que hacerlo habiendo retrocedido algunos metros. La voz de la mayoría se hizo sentir y muy fuerte, y lo que viene no es precisamente lo que ellos más desean.

Un peligro acecha a la alianza oficialista, y es la descomposición, el éxodo, y volver al inicio siendo un partido local, un partido porteño. No nos parece que Macri tenga que ver con algún futuro político en nuestro país.

*Lic. en Sociología. Dr. en Psicología Social. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier & Asociados – LT

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