Campa√Īa sucia y caza de brujas Por Edgardo Mocca

El gobierno de Macri gira en torno de la publicidad. Es natural que as√≠ sea porque¬†los comandos reales de la pol√≠tica argentina los tiene el Fondo Monetario Internacional, por decisi√≥n del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Funciona una divisi√≥n funcional del trabajo: el Fondo decide el rumbo, administra el √ļnico dinero con que cuenta el gobierno y Macri y su equipo tienen la tarea de darle viabilidad electoral a la operaci√≥n. A esta altura est√° claro que el gobierno sobrevive con el respirador de los d√≥lares del Fondo y con el aparato publicitario de Dur√°n Barba.

La estrategia publicitaria tiene una interesante peculiaridad: opera por rachas, por per√≠odos breves e intensos en los que se instala un eje tem√°tico. Desde la persecuci√≥n de habitantes provenientes de pa√≠ses vecinos hasta los acuerdos program√°ticos de diez puntos, pasando por Pichetto y la magia de su influencia en los mercados, por el inexistente operativo de control de precios ‚Äúesenciales‚ÄĚ y por acuerdos de libre comercio que no tuvieron lugar en la realidad, todo est√° encaminado a la producci√≥n de ‚Äúagenda‚ÄĚ. El v√©rtigo con que las ocurrencias publicitarias se suceden est√°n sugiriendo que ninguna de ellas alcanza un m√≠nimo de potencia en la opini√≥n p√ļblica: su objetivo no es esencialmente el de modificar opiniones sino la instalaci√≥n de temas, la agitaci√≥n de prejuicios, la persistencia del odio entre los argentinos y argentinas como fuente excluyente de legitimidad de un gobierno que ha conducido al pa√≠s al borde del colapso.

El √ļltimo grito de la moda, sin embargo, parece estar cruzando una barrera y comenzando la transici√≥n a un per√≠odo nuevo, en el que la violencia ocupa un lugar central.¬†El nuevo ‚Äúhit‚ÄĚ del repertorio de Dur√°n Barba es un macartismo desenfrenado y un desmesurado impulso a la estigmatizaci√≥n de los trabajadores y sus organizaciones sindicales.¬†Ha renacido en el pa√≠s el delito de opini√≥n. All√° por 1967 el r√©gimen de Ongan√≠a sancion√≥ la ‚Äúley‚ÄĚ 17401, la llamada ley anticomunista. Este engendro ‚Äúlegal‚ÄĚ incorpor√≥ una figura penal sin antecedentes: los hombres y mujeres habitantes del pa√≠s pod√≠an ser juzgados y detenidos no por una acci√≥n cometida sino por una ‚Äúopini√≥n‚ÄĚ.

Ser√≠a otra dictadura ‚Äďla instalada en 1976- la que extrajera todas las consecuencias pr√°cticas de esa innovaci√≥n ‚Äújur√≠dica‚ÄĚ que penaba el delito de opinar de modo diferente al poder. Instituy√≥ un estado terrorista en el que las mismas nociones de ‚Äúdelito‚ÄĚ y de ‚Äúopini√≥n‚ÄĚ quedaron entre signos de interrogaci√≥n. Los habitantes del pa√≠s -lo supi√©ramos o no- √©ramos protagonistas de una guerra. Y no era una mera guerra local, ocasional, era una tercera guerra mundial que el comunismo hab√≠a lanzado contra el ‚Äúmundo libre‚ÄĚ. Hasta la jefatura pol√≠tica de Estados Unidos escuchaba con un poco de asombro ‚Äďsobre todo a partir de la presidencia de Carter- esta retah√≠la delirante proveniente de las autoridades de un pa√≠s que progresivamente declinaba en su influencia a escala regional.

En la Argentina de hoy reapareci√≥ el peligro comunista. Con la peculiaridad de que el comunismo argentino est√° compuesto por peronistas, socialdem√≥cratas, radicales, religiosos, feministas, sindicalistas de distinto signo‚Ķ y tambi√©n por comunistas. ¬ŅLa nueva moda ser√° tan pasajera como la campa√Īa de los precios esenciales o el acuerdo program√°tico con la oposici√≥n? No es seguro. Desde el punto de vista de la intensidad de los titulares es probable que s√≠. Pero el modo publicitario de gobierno no consiste solamente en la creaci√≥n de burbujas de agenda que puedan sacar del foco la cat√°strofe econ√≥mica, social e institucional que est√° sucediendo. Su funci√≥n principal es dibujar un mapa de los enemigos, de los que resisten el ‚Äúcambio‚ÄĚ,¬†identificarlos, establecer su √°rbol geneal√≥gico, prevenir el inevitable intento por parte suya de asaltar violentamente el poder e instalar un r√©gimen autoritario. Una vez m√°s, como en los tiempos de Videla, reaparece la met√°fora del virus, del c√°ncer que hay que extirpar para que el cuerpo nacional finalmente encuentre su camino en la historia.

El virus de Macri tiene la misma factura ideol√≥gica que el de Videla. Consiste en la utop√≠a de un pa√≠s hecho a imagen y semejanza de sus patrones (blancos, varones, exitosos, meritocr√°ticos, normales o capaces de simular ‚Äúnormalidad‚ÄĚ). Para consolidar este pa√≠s virtuoso y condenado al √©xito hay que extirpar el virus. En los tiempos de Videla el santo y se√Īa era la subversi√≥n. Ap√°trida, amante del trapo rojo en desmedro de los s√≠mbolos nacionales‚ĶEs interesante observar el cambio:¬†hoy el enemigo interno no tiene un rostro tan claro, un perfil ideol√≥gico tan definido. Tal vez el nombre ‚Äúpopulismo‚ÄĚ lo designe ahora. Puede ser. Pero en todo caso la ins√≥lita tirada verbal contra el ‚Äúcomunista‚ÄĚ Kicillof o la definici√≥n que Pelloni hizo de la C√°mpora como ‚Äúbrazo‚ÄĚ narcotraficante de la pol√≠tica de Cristina evocan inevitablemente el clima que prepar√≥ y consagr√≥ la √ļltima dictadura.

Ahora bien, la ins√≥lita ofensiva publicitaria actual tiene una peculiaridad que la distingue de sus ilustres antecedentes dictatoriales. No se dirige contra el perfil ideol√≥gico de grupos m√°s o menos importantes por su capacidad de movilizaci√≥n pero tendencialmente insignificantes en t√©rminos de apoyo social y de relevancia electoral. Por el contrario: Macri, personalmente, estigmatiza a Moyano que es uno de los jefes sindicales m√°s representativos. Ataca a Palazzo, otro dirigente de indiscutible representatividad, asentado en un estilo bien diferente del que identifica al camionero. Vidal ‚Äúdenuncia‚ÄĚ a Kicillof y a la C√°mpora, Pichetto desempolva la ley 17401 para descalificar a Kicillof. Es decir,¬†estamos hablando del ataque a una fuerza masiva, extraordinariamente influyente en la sociedad argentina y potencialmente ganadora de las pr√≥ximas elecciones. Es decir, la escena puede describirse como una declaraci√≥n de guerra de un sector de la pol√≠tica contra otro sector que le disputa la hegemon√≠a.

Es cierto que hay que cuidarse de no entrar en un debate que silencie las cuestiones esenciales que nos estamos jugando: el pan, el techo, la tierra, el trabajo. Pero también es cierto que hace falta que los ciudadanos nos pronunciemos contra este giro político regresivo que nos trae a la memoria nuestros tiempos más oscuros.

Fuente: P√°gina/12

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