El próximo presidente deberá lidiar con una deuda de U$S150 mil millones

El año que viene será el último manejable y el bienio 2022-2023 es un albur. Renegociar con el Fondo es una fija, así como sus condicionalidades. ¿Qué hacer con los privados? El fantasma del default.

Obsesionadas por lo urgente y por la búsqueda de señales sobre las elecciones de octubre-noviembre, la sociedad y la clase política argentinas aún se dan poco margen para pensar en el mediano plazo. Si se levanta un poco la vista, sin embargo, se percibe que el próximo presidente, sea Mauricio Macri o cualquier otro, enfrentará fuertes desafíos en materia de gobernabilidad, con una economía a la que le seguirá costando recuperar el crecimiento y reducir la inflación. Además, para completar el combo, afrontará exigentes compromisos de deuda con escasos recursos propios, la desconfianza del mercado para proponer refinanciaciones y la presencia incómoda del Fondo Monetario Internacional (FMI). La herencia de Cambiemos en esa materia tiene un número concreto: los vencimientos previstos para el cuatrienio 2020-2023 acumulaban, al cierre del primer cuatrimestre, 148.501 millones de dólares. Y el taxímetro corre.

Según datos de la Secretaría de Finanzas, el stock de deuda pública al cuarto trimestre de 2018 creció 40,9% con respecto a octubre de 2015.

La autocrítica oficial sobre el gradualismo fiscal de la primera mitad de la gestión, frenado en seco por el cierre del mercado financiero internacional a comienzos del año pasado, se queda corta. Más que el gradualismo, el problema fue el elevado endeudamiento que lo acompañó, estimado en 161.030 millones de dólares por el Observatorio de la Deuda Externa (ODE) de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET) en su último informe, difundido a fines de abril. La alternativa, se sabe ahora, habría sido un ajuste del gasto más acelerado o, si se quería gradualismo, una política monetaria menos pretenciosa, con objetivos inflacionarios más realistas. Igual, eso ya es historia.

EMPAPELADOS. El endeudamiento acelerado ha sido una de las marcas de la administración macrista. Siempre según el ODE, la cifra mencionada es el 85,5% del total, lo que corresponde al Tesoro Nacional sobre deuda emitida desde diciembre de 2015 por 187.706 millones de dólares, lo que incluye los compromisos de las provincias y las empresas y lo asumidos con el Fondo.

“Según datos de la Secretaría de Finanzas, el stock de deuda pública al cuarto trimestre de 2018 creció en un 40,9% con respecto a octubre de 2015, hasta los 332.192 millones de dólares, mientras que el ratio sobre PBI aumentó en 48,6 puntos porcentuales hasta alcanzar el 86,2%”, indica ese informe. Pero, como hacía el gobierno kirchnerista, el actual asegura que ese número no da cuenta debidamente de la realidad, ya que parte de la deuda es intra Estado o fácilmente refinanciable. Así, si solo se tiene en cuenta la deuda “pesada”, la contraída con el sector privado, la gestión de Cambiemos la incrementó en un 163,5%, algo que el Observatorio de la UMET califica como “extraordinario”.

(Fuente: Observatorio de la Deuda Externa de la UMET).

Gustavo Reija, director de la consultora Mecronomic, estimó en diálogo con Letra P que, cuando el taxímetro de la deuda se detenga el próximo 10 de diciembre, los compromisos para la próxima administración treparán a unos 155 mil millones de dólares.

Todo el financiamiento del FMI quedó para el mandato de Macri, dejando al próximo gobierno prácticamente desfinanciado y, encima, con vencimientos de 45.000 millones de dólares en 2022 y 2023.

HAS RECORRIDO UN LARGO CAMINO. Hastiados de los papeles argentinos que les había vendido Luis Caputo, primero como titular de Finanzas y luego del Banco Central, los inversores dijeron basta a comienzos de 2018, lo que llevó al Gobierno a los brazos del FMI, prestamista de última instancia, sin el cual el país habría marchado sin escalas a su enésimo default.

Como se recuerda, el acuerdo en modo stand-by de junio fue arrasado por la corrida cambiaria y debió ser renegociado en septiembre, con un aumento de su monto de 50.000 a 57.000 millones de dólares y un adelantamiento para este año de lo previsto inicialmente para los dos siguientes. Así, todo el financiamiento quedó para el mandato de Macri, dejando el próximo gobierno prácticamente desfinanciado y, encima, con vencimientos de 45.000 millones de dólares en 2022 y 2023 para pagarle al organismo. Para muchos, casi un aporte de campaña al macrismo; para todos, una carga imposible de afrontar.

Nadie pretende que el país pague cash los vencimientos de hasta 155 mil millones de dólares del período 2020-2023. La idea es que la Argentina pueda volver a los mercados a tasas viables y, de ese modo, refinanciar parte de esos compromisos. Pero hay que recordar que ese fue, justamente, el objetivo de los sucesivos acuerdos con el Fondo, meta que hay que dar por fallida al constatar que el riesgo país no ha hecho más que crecer desde entonces hasta un nivel actual superior a los 900 puntos básicos. Así es imposible tomar ninguna deuda nueva para cancelar la que vence.

(Fuente: Observatorio de la Deuda Externa de la UMET).

LO QUE VIENE, LO QUE VIENE. El analista financiero Christian Buteler le dijo a Letra P que, para analizar lo que viene, “hay que dividir los vencimientos con inversores privados y la deuda con el FMI”.

Con respecto a lo primero, Arnaldo Bocco, director del Departamento de Economía y del Observatorio de la Deuda Externa de la UMET, le dijo a este medio que, “después de la asunción del próximo gobierno, Argentina deberá sentarse con el FMI y reprogramar los vencimientos del acuerdo vigente, que seguramente se va a convertir en uno de Facilidades Extendidas, por lo que, probablemente, en lugar de a tres años, esa deuda se convierta en una a diez”, añadió.

Buteler coincidió. “Con el Fondo, lo que seguramente se va a hacer, sin importar quién sea el presidente, es cambiar de programa e ir a uno que permita pagar los vencimientos más espaciadamente. Obviamente eso va a implicar algunas condicionalidades, pero como siempre se las deberá negociar y hacerlas pasar por el Congreso. Ahí veremos qué pasa con una reforma laboral y con una reforma jubilatoria, por ejemplo”, anticipó.

“El resultado de ese cambio de programa y de esa negociación puede ser más o menos duro dependiendo de quién sea electo, pero se va a tener que dar sí o sí”, dijo.

“La gran lucha del próximo gobierno será minimizar las condicionalidades que imponga el Fondo, que va a plantear una gran pulseada para profundizar ajustes que considera que hasta ahora no se hicieron. En la etapa que viene, pagará muy bien la capacidad de manejo en la negociación internacional, no solo por los vencimientos de deuda sino también por la generación de los ingresos necesarios del flujo comercial externo que el país necesita recuperar”, sumó Bocco.

“La gran lucha del próximo gobierno será minimizar las condicionalidades que imponga el Fondo, que va a plantear una gran pulseada para profundizar ajustes que considera que hasta ahora no se hicieron”, dijo Bocco.

“Dentro del flujo de vencimientos futuros es indudable que una renegociación con el FMI, ajustando plazo y montos de vencimientos, sería la primera de las políticas a encarar”, estimó, en igual sentido, Gustavo Reija.

Hay ya un runrún instalado en círculos opositores y hasta en el propio mercado sobre una renegociación de los compromisos con acreedores privados, en principio “a la uruguaya”, esto es sin tocar montos pero sí plazos. Sin embargo, las ventajas de esa salida admiten discusiones.

“Con los privados –explicó Buteler- no se puede renegociar porque eso significaría juntar a un porcentaje muy alto de tenedores de bonos y en el medio de ese proceso caerían demasiado los precios. Entonces, lo que se tiene que buscar es volver al mercado voluntario de crédito” para refinanciar los vencimientos.

“En 2020, el gobierno podría arreglarse con algunos fondos locales y tal vez algún refuerzo del FMI, pero en 2021 sí o sí ya va a ser necesario ir por ese lado”, estimó.

Reija repasó el camino a transitar en diálogo con este portal. “Durante su primer año de gestión, en 2020, los desembolsos serán de alrededor 22 mil millones de dólares. Las necesidades de financiamiento están prácticamente cerradas para el próximo año, pero lo que ocurra los posteriores dependerá de la factibilidad de acceder al mercado internacional en busca de financiamiento”, agregó.

“Es indudable que si los niveles de riesgo país se mantienen en las cifras actuales no habrá posibilidades de acceder a nuevo financiamiento”, aseguró.

Leandro Ziccarelli, coordinador del Observatorio Monetario-Financiero del CEPA (Centro de Economía Política Argentina), evaluó que “la sostenibilidad empeora fuertemente a partir de 2022, que es cuando caen los pagos de principal más importantes del FMI”. “Hay un claro cuello de botella entre ese año y 2023”, advirtió.

¿QUÉ CULPA TIENE CFK? Si se tiene en cuenta el peligro de que el Banco Central agote una parte importante de sus reservas disponibles para enfrentar la dolarización de carteras de inversión esperada para los próximos meses de incertidumbre preelectoral, la escasez de fondos para pagar la deuda por venir hace más inevitable el camino del roll over en los mercados. La clave para eso será reducir el riesgo país hasta no más de 400 o, cuando mucho, 500 puntos básicos. Pero se engaña quien cree que eso se lograría simplemente si se despejara a los ojos de los inversores la posibilidad de un regreso de Cristina Kirchner al poder. En un extremo, ese temor explica la espuma de la cerveza del vaso del riesgo país de hoy, pero hay mucho líquido debajo que se explica por el sobreendeudamiento y las propias políticas macristas.

“Claro que las cosas cambian dependiendo quién sea el presidente, pero insisto en que más allá de la persona en sí, lo que va a ser determinante será el programa económico que se presente, que sea creíble, sustentable y que vaya a un camino de salida de esta situación de caída de la economía y falta de financiamiento. No nos olvidemos de que hoy el mercado está prácticamente cerrado para la Argentina, con un riesgo país de más de 900 puntos, y el presidente es Macri, que era alguien con buena llegada al mercado y alguien market-friendly”, señaló Buteler.

Como será necesario, para pagar los compromisos, conseguir dólares para que la economía crezca, Bocco apuntó a la producción y a las exportaciones, temas ausentes en un debate actual excesivamente centrado en lo financiero. Así, indicó que la próxima administración “deberá lograr una reinserción del país en mercados no tradicionales. Las exportaciones tendrán que generar los dólares adicionales necesarios para no jugar todas las reservas y contar con un flujo positivo de divisas”.

TODAS LAS VOCES, TODAS. Cuando se trata del futuro de la deuda bajo la próxima administración, llama la atención el nivel de consenso entre economistas de tendencias bien diversas como los mencionados.

Ziccarelli coincidió con sus colegas y resumió así la cuestión: “Venga quien venga, la estrategia tendría que ser pagarles a los acreedores privados y renegociar con el FMI”.

“Para eso habrá que hacer dos cosas –continuó-. Por un lado, armar un programa financiero serio, que permita rollear todo lo que sea posible, incluso cuando las tasas no vayan a ayudar mucho. Y por el otro, rescatar todos los bonos que se puedan, dado que la renegociación con el Fondo seguramente les va a pegar a los bonos. Eso permitiría recomprarlos más baratos”, recomendó.

“Si no refinancian los compromisos de 2022 a 2024, vamos derecho a un default”, cerró.

Por Marcelo Falak – LetraP

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