Aguantadero Por Beatriz Sarlo

¬ŅPor qu√© 16 gobernadores quieren seguir al frente de sus provincias? ¬ŅNunca les alcanza el tiempo?

Para esto no se pelearon centralistas y provincianos en el siglo XIX. Sus enfrentamientos no significaron solamente ambiciones personales; invocaban cuestiones institucionales, que no siempre eran pretextos para conservar el poder o alcanzarlo. Al reconocer los¬†derechos de las provincias, los constituyentes de 1853 quisieron debilitar el localismo autoritario y feudal, que no ha perdido fuerza en el siglo XXI. En ocasiones, parece que esta larga historia hubiera transcurrido en vano. Las¬†peleas pol√≠ticas¬†siguen impulsadas por una avidez revestida con ‚Äúprincipios‚ÄĚ y causas nobles. La semana pasada, 16 gobernadores vieron coronados sus esfuerzos reeleccionistas. Entre ellos, el fabuloso Gildo Insfr√°n, que va por el noveno per√≠odo en Formosa.

En un acto escolar, una alumna de su provincia obsequió al gobernador con un poema que halagó su personalismo. No es para menos, porque Insfrán se vanagloria de que Formosa es la provincia que más habría invertido en educación. Los implacables controles de Chequeado.com muestran que, pese al poema recitado por la nenita de guardapolvo blanco, Formosa ocupa el lugar doce en inversión por alumno. Como curiosidad, el Cippec agrupa a Formosa, Buenos Aires y La Rioja en el medio de su cuadro de inversiones educativas, con datos del 2009.

Pero mejor no mirar mucho ese cuadro, porque¬†Urtubey, que ahora tiene aspiraciones presidenciales (¬Ņqui√©n no las tiene?), fue tres veces gobernador de Salta y coloc√≥ a su provincia en el peor puesto de la tabla, all√≠ donde menos inversiones se hicieron. Solo superan a Urtubey los¬†Rodr√≠guez Sa√°¬†que, en amable o conflictiva alternancia, gobernaron d√©cadas San Luis; y¬†Alberto¬†quiere seguir por cuarta vez.

¬ŅPor qu√© 16 gobernadores quieren seguir al frente de sus provincias? ¬ŅNunca les alcanza el tiempo?

Son 16. Vuelvo a Insfr√°n porque su caso es llamativo. Sin parar, es gobernador de Formosa desde 1995. En 2003, una Constituyente habilit√≥ la reelecci√≥n indefinida, un ‚Äúpermiso‚ÄĚ que afecta el principio democr√°tico de alternancia. Tambi√©n le sobr√≥ tiempo para otros menesteres: es socio de Boudou en Old Fund, que le factur√≥ millones a Formosa por una asesor√≠a; y, al parecer, la sociedad fue m√°s activa que la recaudaci√≥n de ese dinero, porque sobre ella planea la sombra del affaire Ciccone Calcogr√°fica. En las elecciones de 2019, Insfr√°n corre de nuevo para batir su propio r√©cord.

El domingo 27, el gobernador Sergio Casas de La Rioja celebró un plebiscito aprovechando el calor de enero. Se votaba para habilitar una reforma de la Constitución que permitiera al gobernador Casas un tercer mandato (poca cosa si se lo compara con el linaje Rodríguez Saá en San Luis o el amigo Insfrán).

Leo el diario y, aunque estoy acostumbrada a las noticias argentinas, me cuesta creerlo. ¬ŅPor qu√© toda esta gente quiere seguir gobernando su provincia? ¬ŅPor qu√© no ha habido la alternancia que cualquiera puede comprobar en la lista de los gobernadores norteamericanos del √ļltimo siglo, para nombrar una naci√≥n profundamente federal? Hacer memoria: Dorrego y otros federalistas argentinos admiraron las instituciones norteamericanas. Eran unos so√Īadores que nunca entendieron el pa√≠s que les hab√≠a tocado.

Imagino respuestas a la pasi√≥n de los 16 gobernadores que van por la reelecci√≥n: est√°n orgullosos de lo que han hecho y no quieren dejar su obra a mitad de camino, una obra a la que, como a las catedrales y las pir√°mides, no le alcanzan quince a√Īos, ni veinte; o tal vez han delinquido demasiado y temen un sucesor adverso; quiz√° no alcanzaron a fortalecer su equipo, o se sienten irreemplazables y temen a sus sucesores no solo porque vayan a cortarles las piernas o mandarlos a la Justicia, sino porque se consideran a s√≠ mismos los √ļnicos capaces.¬†¬ŅY si son simplemente personalistas que no se conciben fuera del poder, al que necesitan como aguantadero?

¬ŅCambiemos?¬†Los gobernadores de Cambiemos conversan hace meses con la¬†Jefatura de Gabinete¬†si conviene o no desdoblar las elecciones nacionales de las provinciales. Vidal quer√≠a desdoblarlas, persuadida de que ella podr√≠a salvar su ropa m√°s f√°cilmente si no ten√≠a que ayudar a salvar la de Macri. El Presidente, con toda la raz√≥n del mundo, la presion√≥ para que las elecciones nacional y provincial sucedieran el mismo d√≠a. En primer lugar, √©l puso a¬†Vidal¬†en la provincia; y, en segundo, fue generoso con ella, como no lo hab√≠a sido Cristina con Scioli: ‚ÄúSi Cristina me hubiera tratado como este ejecutivo nacional trat√≥ a su gobernadora, no estar√≠a donde estoy ahora, de relleno en las revistas de chismes‚ÄĚ, debe fantasear retrospectivamente Scioli.

El que miente a los otros necesita, por razones políticas, llegar a creer en lo que ha mentido

Por su parte, Vidal quiere ser gobernadora y luego presidenta. Finalmente, el PRO acordó una sensata simultaneidad de ambas elecciones. Nadie pensó si los ciudadanos votarían más libremente si no se vieran obligados a elegir los dos cargos en el mismo día. Nadie creyó en este discurso que circuló por allí. Se discutió hasta que se convencieron de que, sin desdoblamiento, los dos resultaban favorecidos. Que se hayan equivocado o no, es otra cuestión que sabremos en las elecciones. Está claro que a nadie le importó cuál era la forma más libre y racional de plantear una elección. Todo lo que se haya dicho sobre la yuxtaposición o la separación de las fechas es doble discurso y retórica.

La ‚Äúmesa chica‚ÄĚ de Cambiemos quer√≠a prolongar hasta marzo el suspenso sobre elecciones conjuntas o desdobladas. Pero los consejeros de Vidal creyeron inconveniente que las vacilaciones¬†se leyeran ‚Äúcomo una especulaci√≥n‚ÄĚ. Es decir, no quer√≠an que se las interpretara como lo que eran: un c√°lculo pol√≠tico al que le falt√≥ tiempo y apoyo. Pero, en vez de callarse la boca, siguieron hablando: ‚ÄúHay que darles previsibilidad a los bonaerenses y decirles cu√°ndo van a votar‚ÄĚ. Esto es sencillamente una mentira, porque no se trata de la raz√≥n por la cual las elecciones finalmente no se desdoblaron. La raz√≥n es que Macri y su entorno creen que todo debe subordinarse a la elecci√≥n de presidente y que, en consecuencia, no hay que perder los votos que podr√≠an ir a Vidal y no a la reelecci√≥n de Macri si cada uno jugara su destino por separado.

Juro que creo en mi mentira. El que miente a los otros necesita, por razones pol√≠ticas, llegar a creer en lo que ha mentido. Gildo Insfr√°n no piensa que es una transgresi√≥n tan disparatada como descomunal ser gobernador de Formosa durante 25 a√Īos. Por un lado, conoce la profundidad de su afrenta a la democracia liberal. Por el otro, piensa que no es una simple transgresi√≥n, sino algo que est√° en la necesidad de las cosas, no solo en sus intereses mezquinos.

Por eso, hombres como Insfr√°n o como el riojano Casas, que ser√° recordado por su¬†plebiscito¬†en plena can√≠cula, no son simples mentirosos, sino algo mucho m√°s da√Īino. Creen en lo que dicen, como si fuera verdad. Lo cual es mucho peor que la mentira. No son c√≠nicos, como lo era Menem. Mar√≠a Eugenia Vidal y Macri repiten sus razones como si fueran las que m√°s convienen a la gente. H√°biles gestores de una doble moral, creen en lo que dicen, aunque tambi√©n sepan que son mentiras.

Los gobernadores que van por su¬†reelecci√≥n¬†son responsables de la falta de sentido de la pol√≠tica argentina. Unen su suerte a su territorio. Son hombres de paja que no est√°n en condiciones de enunciar claramente cu√°les son sus motivos. En consecuencia, cualquier objeci√≥n y cualquier cr√≠tica cae desautorizada, porque no admite respuesta verdadera. Disfrazan la verdad de lo que saben y se justifican: no tengo ning√ļn sucesor en quien confiar; necesito mantener el aguantadero de la casa de gobierno; los que vienen detr√°s de m√≠ quieren destruirme; esta provincia no puede pasar a la oposici√≥n y soy yo el √ļnico en condiciones de impedirlo.

Las razones de Macri son diferentes. No puede decir: fracas√© cuatro a√Īos y por eso necesito otros cuatro para demostrar que soy capaz de superar el fracaso. Tampoco¬† admite el razonamiento inverso: si fracas√≥ cuatro a√Īos, no conviene darle otra oportunidad. La historia, adem√°s, muestra que los segundos per√≠odos fueron siempre peores que los primeros. La reelecci√≥n trae mala suerte.

Por Beatriz Sarlo ‚Äď Perfil

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