Síndrome de excitación sexual permanente y sus dificultades

Quienes lo sufren pueden presentar un orgasmo como respuesta a situaciones no erotizantes, como por ejemplo, por un movimiento brusco en un colectivo. Como consecuencia, estas personas se aíslan. Tratarlo es fundamental.

Bajo ese enunciado o proposición o el de sus siglas en inglés, PSAS, o bajo el más apropiado de “Trastorno de la  Excitación Genital Persistente”  (TPEG), se esconde, más que una patología con una etiología determinante definida, una serie de testimonios de mujeres (que yo sepa, no los hay de hombres) que manifiestan un malestar clínico consistente en un trastorno de la respuesta sexual que genera una súbita e involuntaria excitación (seguida, en algunos casos, de la fase meseta y del orgasmo), pero sin que dicha respuesta se inicie por el deseo. Es decir, estas mujeres manifiestan y acuden a atención clínica porque se activa en ellas una excitación genital persistente y recurrente sin que exista, aparentemente, ningún motivo para ello. Así, al producirse su respuesta sexual sin la motivación del deseo, ésta se puede producir en cualquier circunstancia de su habitual existencia, tanto en privado como en público; en el autobús, en una reunión de trabajo, cenando sushi en casa, en una ceremonia religiosa… Es decir, sin ninguna motivación ni control en la reacción que deviene puramente fisiológica (genital mucho más que sexual).

El tema, y por eso de la risa tonta que suele acompañar lo relativo a nuestros genitales, cuando se empezó a publicitar, lo hizo más en los tabloides sensacionalistas que en las revistas sexológicas especializadas, bajo titulares del tipo; una mujer norteamericana tiene trescientos orgasmos al díauna mujer sufre repentinos orgasmos secuenciales en el entierro de su padre, etcétera, etcétera. Circunstancia ésta que no ayudó precisamente a darle la oportuna credibilidad al asunto.

Más que estimulante, el síndrome de excitación sexual persistente es una verdadera complicación para la vida diaria. También llamado trastorno persistente de excitación genital se caracteriza por reacciones o respuestas de excitación genital desajustada e involuntaria, ya que sucede en un contexto en que el individuo no percibe ni interpreta como erótico, lo que le causa gran ansiedad y malestar tanto físico como psicológico.

La psicóloga y sexóloga española Carolina Muñoz, perteneciente al Instituto de Sexología, Medicina y Psicología Espill, indicó que en estos casos, “la excitación no tiene un significado sexual para la persona”, que puede sufrir “orgasmos continuados, sintiendo una total incoherencia y falta de control de su propio cuerpo, debido a que no percibe una relación de los estímulos del ambiente con la respuesta genital que le da su cuerpo”.

Estas respuestas pueden darse, por ejemplo, debido a un movimiento brusco en el transporte público o al subirse a una bicicleta. Por eso, es importante que el paciente identifique cuál es el “gatillo”.

Francisca Molero, presidenta de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS) explicó que aunque este trastorno es poco frecuente “ahora es más fácil de identificar porque ha ido aumentando su conocimiento”.

Uno de sus principales síntomas se basa en que el orgasmo puede sobrevenir en los momentos más inoportunos, sin poder hacer nada por evitarlo y sin discriminar los estímulos. De hecho, es muy similar al mecanismo de la sucesión de estornudos de las alergias, que, aunque estos también son desagradables e inoportunos, la persona puede llevarlo bastante mejor en su vida cotidiana.

“Como la mujer lo considera algo intruso o no deseado, aparece una reacción psicológica de rechazo”, indicó la presidenta de la FESS.

Según se detalló en el sitio Cuidate Plus, hasta el momento no se sabe muy bien cuál es la causa de este grave problema, aunque se plantean diversas hipótesis. El profesor Barry Komisaruk, de la Universidad de Medicina de Nueva Jersey en EEUU, publicó un estudio en la revista especializada Journal of Sexual Medicine en el que lo relaciona con la presencia de quistes de Tarlov. “En los resultados se observa que el 66% de las mujeres de su estudio presentaban esas pequeñas protuberancias en la columna vertebral. Cifra muy alta si se compara con que solo el 9% de las personas en la población general tiene estos quistes. Aunque esto no resuelve la incógnita, ya que hay otras mujeres que presentan el trastorno de excitación genital persistente y no tienen esos quistes; y personas que tienen esos quistes y no tienen el síndrome”, explicó la sexóloga Muñoz. Por ese motivo, algunos autores apuntan también a algún tipo de lesión traumática que pase desapercibida y que solamente afecte a la respuesta orgásmica genital.

Cómo repercute en la vida diaria y la sexualidad

Muñoz calificó a los efectos de este trastorno en la cotidianeidad como nefastos. En concreto, los pacientes “pierden por completo el deseo sexual y rechazan totalmente las relaciones sexuales. Si tienen pareja, el sufrimiento se incrementa por el sentimiento de culpa de no poder llevar una vida sexual sana y placentera con ella”. Y si a esta situación se le suma el miedo constante que padece a que el orgasmo la sorprenda en cualquier situación social, nos encontramos a una persona que se aísla, se recluye en su miedo y que suele estar inmersa en un estado depresivo. Otra de las consecuencias es sumirse en un estado de hipervigilancia frente a este trastorno.

¿Pero tiene tratamiento? Al respecto Muñoz opinó que es importante que el paciente acuda a terapia lo antes posible para que se pueda abordar su caso, con el objetivo de que “el trastorno persistente de excitación genital le afecte lo menos posible en su vida en general y en los diferentes ámbitos en particular (personal, social y laboral); y que, fundamentalmente, aprenda a desarrollar habilidades para las diferentes situaciones de la vida cotidiana”.

El primer paso es que la persona aprenda a aceptar lo que le sucede y, a partir de ahí, tratar de dar avances para disminuir la situación incapacitante que le produce este trastorno en su vida. “Es fundamental tratar su ansiedad y ayudarle a construir una visión de sexualidad positiva, para que pueda tener una vida sexual sana y placentera”, indicó Muñóz.

“Hay que ir acompañándole en las distintas sesiones en el proceso de su crecimiento erótico, facilitándole ayuda para que aprenda a discriminar los estímulos que le puedan resultar agradables, placenteros y estimulantes sexualmente”, agregó la sexóloga.

Es importante además que el paciente compruebe la diferencia entre la respuesta orgásmica involuntaria que le hace padecer el trastorno y la vivencia de su sexualidad en la que focaliza la atención a los estímulos que selecciona y disfruta por su cuenta.

Por último, la terapia puede ayudar a desarrollar estrategias de afrontamiento a las situaciones incómodas que le produce el trastorno, trabajar su autoestima, sus emociones y sus habilidades sociales. En palabras de Molero, presidenta de la FESS, es clave que el abordaje sea integral, ya que además del aspecto psicológico, también hay que trabajar el suelo pélvico.

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