Andrea Rincón: “Mucha gente se me reía en la cara y me decía que no iba a poder ser actriz”

La ganadora de un Martín Fierro Revelación habló con Sergio Florez de su carrera, sus fracasos amorosos, la maternidad y más.

Corría agosto de 2007 cuando una joven Andrea Rincón, de 22 años, ingresaba a Gran Hermano 5: la nueva generación. Para muchos, el programa significada la posibilidad de un trampolín a la fama; para Andrea, un ingreso de dinero asegurado y un techo sobre su cabeza. “Lo veía como una salida laboral. Yo venía de dormir en una plaza, zafé pudiendo alquilar una pieza en una pensión y, en ese momento, entré en un reality y me salió esa salida para zafar el mango para vivir”, cuenta.

Once años pasaron desde aquel entonces y mucho camino recorrido. Tapas de revista súper sexies, romances mediáticos y algunos desamores, escándalos transmitidos por TV y una férrea lucha contra las adicciones. Hoy, con el corazón más tranquilo y los pies firmes en la tierra, supo construir una ascendente carrera como actriz, que le valió el año pasado un Martín Fierro como Revelación, por su trabajo en la telenovela La Leona.

Feliz por su presente laboral en la tira 100 días para enamorarse y por la segunda temporada de la exitosa miniserie Un gallo para Esculapio, Andrea habló con Ciudad de su vida, su carrera, sus ganas de ser madre y mucho más.

-Vanesa, tu personaje en Un gallo para Esculapio, es una chica con muchas ambiciones: ¿cuáles son las tuyas?

-Yo tengo una ambición, pero no es a nivel material como ella, sino con mi carrera. Me encanta crecer, tengo mis metas, las tengo bien focalizadas y sé hacia dónde voy. Vanesa va bastante al frente como yo, pero siempre estuvo bajo el ala de Chelo Esculapio (interpretado por Luis Brandoni en la primera temporada) y protegida por él. Y yo nunca estuve bajo el ala de nadie, ni protegida. Al contrario, siempre estuve yo protegiendo a la gente.

-¿Y cuáles son esas metas que tenés focalizadas?

-Me considero una persona muy evolutiva. La evolución es algo que me llama todo el tiempo, a nivel profesional y personal. Si hago algo mal, quiero saber por qué. Pido perdón y trato de meterme en lo que pasó, no es que digo ‘bueno, ya pasó, paso de página’. Me quedo ahí, me fijo por qué, y trato de no volver a repetir el error. A nivel profesional todo el tiempo estoy absorbiendo conocimiento de mis compañeros. Los miro, los veo y pregunto. No me siento mal por sentirme inferior, porque ellos tienen más años de trabajo y trayectoria que yo. Entonces se manejan con comodidad y yo tengo más inseguridades. Todos los objetivos que tuve a nivel laboral los fui cumpliendo y mucha gente se me ha reído en la cara. Yo he sido tapa de revistas, hice 9 tapas de revista en un año en semi pelotas y decía ‘voy a ser actriz’ y todos me decían, ‘no vas a poder, esto no lo das vuelta con nada’. Y yo respondía ‘lo voy hacer’. Ojo, tenés que perder para ganar y no fue fácil. Perdés económicamente, desde un montón de puntos de vista, pero lo que gané fue muchísimo porque es lo que yo quiero. Tengo objetivos y siempre los tuve claros.

-¿Y en lo personal qué objetivos tenés?

-Siempre trato de ser mejor persona, mejor amiga, mejor hermana, mejor hija. Y también trabajo para ser una buena madre el día de mañana. Hoy no creo estar preparada. Y una buena mujer para el hombre que me acompañe el resto de mi vida. Aprendo de cada fracaso amoroso.

-¿Tu pasado de mujer fatal y las tapas sexies te pesan?

-El prejuicio más grande lo tuve yo, eso de no dejar de ser un espejo que uno enfrenta. A mí no me pesaría la mirada del otro si tampoco estuviera la mía. Sin dudas, el mayor prejuicio a superar fue el mío. Porque imaginate que yo siempre fui un varoncito a nivel de cómo me vestía. Para mí la imagen no era nada, lo veía como una salida laboral. Yo venía de dormir en una plaza, zafé pudiendo alquilar una pieza en una pensión y, en ese momento, entré en un reality y me salió esa salida para zafar el mango para vivir. Pero realmente me angustiaba muchísimo porque no iba de la mano con lo que yo pensaba, sentía que estaba yendo en contra de mí misma. Realmente fue muy difícil para mí eso, pero el prejuicio mayor fue el mío, tuve que pelear mucho con esto y tratarlo mucho en terapia. Ya pasó y no fue nada indigno: no robé, no maté y no me prostituí. Creo que el día de mañana, cuando las mentes evolucionan, en el verano vamos a estar todos en pelotas y nadie se va a indignar. Nosotros nos escandalizamos, y te vas a Europa y no pasa nada.

-Hace un tiempo dijiste que te convertiste en tu propia salvadora. ¿Cómo estás hoy?

-Me siento bien, me siento fuerte. Estoy en un momento en el que miro mucho hacia adentro y trato de hacer una limpieza de mí misma. Trato de sacar lo que no me gusta más de Andrea. Si hay un montón de cosas que pude eliminar de mi vida, me preguntó qué más hay para evolucionar. Quién soy hoy y quién quiero ser mañana. No hay nada más difícil que mirar para adentro y ver las cosas que no te gustan. Me pude amigar con un montón de fantasmas de cosas feas que me pasaron en la vida.

-¿Te gustaría ser madre?

-No tengo apuro, la verdad. Siento que no tengo apuro por encontrar una pareja. Si se me pasa el cuarto de hora para ser madre, puedo adoptar porque hay tantos chicos que necesitan amor y yo tengo mucho amor para dar. Hice elecciones malas con personas abusadoras, hablo de abuso en el sentido de que siempre recibían y nunca daban. Absorbieron todo lo que yo daba y nunca dieron nada a cambio. Siempre repetí lo mismo, y ya no lo hago más, porque lo pude cambiar a través de mis amistades, que dan y reciben. Hoy me hace ruido si no es así. Mi última pareja me duró una semana porque dije ‘pará loco, te doy todo y vos…’. Una cuestión desigual. Entonces, hoy me doy cuenta de que si el día de mañana tengo una pareja y me dura, realmente es el hombre para mí. Lo que pasa es que suelo ir a buscar lo mismo que me llamaba la atención antes, repito ese patrón, pero no me duran nada porque enseguida me doy cuenta de que son los mismos tipos abusadores, que lo único que hacen es abusar de la nobleza de la otra persona. Ya conmigo eso no le funciona más a nadie. Yo doy todo, porque funciono así, no voy a cambiar nunca, te entrego todo, pero cuando veo que la otra persona se abusa, no. Me voy a otro lado a entregarle todo a otra persona.

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