Algo para decorar Por Beatriz Sarlo

Ojal谩 que las muy monas sillitas intervenidas, que la se帽ora Awada de Macri les regal贸 a sus amigas, hayan sido del agrado de las risue帽as y mudas receptoras.

El G20, que ocup贸 todas las p谩ginas y pantallas hasta el domingo pasado, entr贸 en un cono de sombra frente al protocolo perge帽ado por Patricia Bullrich, que autoriza a los polic铆as federales a usar sus armas sin identificarse ni dar la voz de alto. Fuimos en tren expreso desde el teatro internacional, que supuestamente colocaba al pa铆s en el mundo, a un protocolo electoralista y demag贸gico.

Sin embargo, el G20 existi贸 como “gran acontecimiento”聽y no debiera ser olvidado, como se olvid贸 la presencia de Macri en Davos聽en enero de 2016, despu茅s de comprobar que no llegaban las macetas con brotes verdes, aunque el Presidente, blindado de optimismo, declar贸 entonces que la Argentina “fue recibida con enorme entusiasmo”. La paciencia de los lectores podr铆a ser un aliciente para se帽alar algunos rasgos curiosos de lo que termin贸 en Buenos Aires hace una semana.

La herencia. El camino chino, que Macri ratific贸 suscribiendo decenas de acuerdos con Beijing, fue anticipado por el gobierno de la presidenta Kirchner. Insospechable de simpatizar con ella, el 5 de febrero de 2015, La Naci贸n public贸: “Cristina firm贸 15 convenios con China y ofreci贸 invertir en recursos naturales”. Pocos d铆as despu茅s, la informaci贸n se ampliaba, pero el tono del diario, desde el t铆tulo, mostraba sospechas al se帽alar que tales acuerdos podr铆an condicionar al gobierno que la sucediera. Y que, incluso, el nuevo gobierno los revisar铆a todos. No sabemos si tal intenci贸n revisora tuvo lugar antes de que Macri festejara su firma de treinta acuerdos con Xi Jinping. Estamos celebrando los acuerdos con China y la prensa no advierte de los peligros, como antes lo hizo. Macromilagro.

Excepto P谩gina/12 que, por supuesto, tiene derecho a esta peque帽a venganza: “A pesar de los antecedentes, Macri ampli贸 la cesi贸n de las terrenos eximidos de impuestos para el gobierno chino a la espera de la reuni贸n bilateral que se concret贸 en la residencia de Olivos, en la que ambos mandatarios (el chino y el argentino) firmaron un nuevo Plan de Acci贸n Conjunta para el per铆odo 2019-2023. Adem谩s del intercambio de monedas por hasta 9 mil millones de d贸lares que fortalecer谩 las reservas del Banco Central鈥.

Aunque no se diga, deber铆a admitirse que la relaci贸n con China ya es una pol铆tica de Estado

En Internet se encuentra enterito y con el mismo nombre el “Plan de Acci贸n Conjunta”firmado por Cristina Kirchner y Xi Jinping en 2012, ratificado el 5 de septiembre de 2013, en ocasi贸n de la cumbre entre los presidentes de China y Argentina, cuando ambas partes 鈥渆stablecieron la Comisi贸n Bilateral permanente y el Mecanismo de Di谩logo Estrat茅gico para la Cooperaci贸n y Coordinaci贸n Econ贸mica, como dos nuevos pasos hacia el fortalecimiento de las relaciones bilaterales鈥.

Macri ha consolidado este proyecto que, por su duraci贸n, ya podr铆a llamarse pol铆tica de Estado, en la medida en que le dio comienzo el gobierno Kirchner y Cambiemos lo contin煤a. Nada hay nuevo bajo el sol. Por supuesto, los que opinaron en su momento que los acuerdos con China y Rusia deb铆an ser revisados, no plantearon esa exigencia en el fervor festivalero del fin de semana pasado.

Estas cosas suceden: tienen un comienzo y, como se extienden en el tiempo, los laureles coronan a otro gobernante. De todos modos, habr铆a sido fair play (expresi贸n seguramente conocida por Macri desde su colegio biling眉e) que se aludiera, con una sola frase, a los antecesores en el cargo, que vieron primero la oportunidad oriental. Cristina no pis贸 el G20, aunque fuera invitada. Pero 茅ste es el rasgo exclusivista y narcisista de su personaje pol铆tico: primera o nada. Es una l谩stima, porque habr铆a fortalecido la l铆nea de las mujeres pol铆ticas presentes en el evento. Este es un tema grave, que merece p谩rrafo aparte.

Al Col贸n con las esposas. Lo que viene no puede ser imputado en exclusiva a Macri ni a su mujer, que sirvi贸 de princesa consorte. La causa est谩 en normas de cortes铆a y protocolo que parecen inconmovibles. La presencia de las primeras ministras Angela Merkel y Theresa May debe atribuirse a culturas pol铆ticas de sus propios pa铆ses, que exceden la reivindicaci贸n de g茅nero. No son ministras porque son mujeres, sino porque derrotaron en su propio campo a los contendientes masculinos. O sea que ni Merkel ni May entran en este cap铆tulo, que tiene como tema los encuentros de las esposas que acompa帽aron a sus poderosos maridos obedeciendo la etiqueta. Es hora de que el feminismo se aplique a revisar estas costumbres.

En primer lugar, algunas de esas mujeres trabajan en las naciones donde viven, pero llegaron a Buenos Aires como bibelots del poder. Trudeau, el primer ministro de Canad谩, hace exhibici贸n de la igualdad de g茅nero que verdaderamente estableci贸 en su gobierno. Pero no lo prueba en el caso de la se帽ora Trudeau, que sigui贸 el mismo programa que聽la se帽ora Trump, de quien no se conocen declaraciones a favor de la igualdad de g茅nero. Madame Trudeau fue parte de las estatuitas sonrientes que pasearon por Villa Ocampo. El periodismo, que no es menos discriminador que la sociedad, habl贸 hasta el cansancio de sus vestidos, stilettos y peinados.

Durante el G20, las mujeres de los presidentes vivieron d铆as de picnics, tecitos y regalitos. No sabemos si Juliana Aguada pudo explicarles qui茅n fue Victoria Ocampo, cuya casa y jardines de San Isidro sus invitadas pisaban como si fuera una dependencia cualquiera. No sabemos si alguien les dijo que Victoria Ocampo fue una gran ensayista y una feminista radical, la primera mujer que dirigi贸 una gran revista en la Argentina, de proyecci贸n europea y latinoamericana, durante m谩s de treinta a帽os. 驴Las decorativas esposas se enteraron de que Ocampo tuvo varios amantes distinguidos, a los que ella trataba como los hombres trataban a sus amantes?

Las se帽oras pasearon por Villa Ocampo sumidas en el murmullo de frases evidentemente cortas y el convencional silencio de sus sonrisas. Como si alguien hubiera visitado la casa de V铆ctor Hugo en Par铆s sin que se le avisara que hab铆a sido el gran poeta franc茅s del siglo XIX.

La frivolidad de las reuniones femeninas del G20 fue indignante: falt贸 que las hicieran cocinar

La frivolidad de esas reuniones fue indignante. Solo falt贸 que se les ense帽ara a hacer empanadas para poner a las mujeres en su lugar. Pero esta pedag贸gica actividad culinaria habr铆a requerido m谩s tiempo que los 45 minutos de la visita al Malba. La velocidad de ese recorrido recuerda una de las escenas m谩s c贸micas de un filme franc茅s de los a帽os sesenta: all铆 los personajes apuestan que es posible recorrer el Louvre en diez minutos. El Malba es m谩s peque帽o, de modo que las damas invirtieron mejor su precioso tiempo.

De todos modos, las se帽oras no pueden quejarse, porque en el Col贸n asistieron a un espect谩culo digno del Luna Park. El mapping del teatro no dio oportunidad para la contemplaci贸n de la gran sala. Sin embargo, solo los elitistas est谩n enojados y dicen, en voz baja, que el Col贸n no merece la afrenta recibida. Parece que Macri aprob贸 todo e incluso hizo sugerencias. 驴Qui茅n dijo que su techo era Freddie Mercury?
Pero hubo cosas m谩s graves.

Los migrantes. Los migrantes viven una pesadilla itinerante. Por Asia, en direcci贸n a Occidente, caminaron decenas de miles de sirios, cuya recepci贸n europea fue impuesta a los gobiernos por Angela Merkel; desde Africa, en barcos precarios, los migrantes intentan tocar las costas de Espa帽a; largas columnas salen de Am茅rica Central hacia Estados Unidos, donde Trump los amenaza alternativamente con la fuerza bruta o recluirlos en tiendas de campa帽a. En Am茅rica del Sur, los venezolanos salen como pueden, a pie o en veh铆culos precarios, cargando en una mochila todas sus pertenencias; a Per煤, ya han llegado m谩s de 400 mil.

La globalizaci贸n no es solo econom铆a digital y ampliaci贸n del comercio. No es solo el canto optimista entonado por los pa铆ses que ven all铆 nuevas oportunidades de negocio. No es solo lucha por la hegemon铆a, ni nuevos alineamientos geopol铆ticos. La globalizaci贸n tambi茅n son millones de personas forzadas a volverse 鈥済lobales鈥, por el hambre, la represi贸n pol铆tica, las guerras internas, la destrucci贸n de aldeas, el incendio de sus medios de vida tradicionales y del medio ambiente, la violencia ejercida especialmente sobre las mujeres y los ni帽os, la disoluci贸n de marcos culturales y ling眉铆sticos.

Pues bien, de eso no se habla delante de Trump, que es precisamente un pol铆tico cruel y de puertas cerradas que ha puesto en pr谩ctica sus prejuicios m谩s repugnantes. De eso no se habla frente a l铆deres como Xi Jinping, porque el capitalismo chino carece de vetas democr谩ticas. Por supuesto, no se habla frente a Putin, quien es digno heredero de las pol铆ticas nacionalistas rusas. El G20 fue entonces mudo, ciego y sordo frente a un paisaje que no pertenece al pasado sino al presente y al futuro.

No fue la 煤nica negaci贸n del presente en la que incurrieron los l铆deres. En paralelo al G20, ten铆a lugar en Polonia la cumbre mundial sobre medio ambiente. El 煤nico miembro del G20 que viaj贸 desde Buenos Aires para asistir a ese foro fue Pedro S谩nchez, el presidente del gobierno de Espa帽a, que tuvo bastante poca repercusi贸n en la prensa local. Claro, el medio ambiente era un tema inc贸modo en una reuni贸n de pa铆ses que ten铆an a Donald Trump como primus inter pares. En Buenos Aires, la interesada timidez prevaleci贸 sobre la urgencia del calentamiento global.

Macri quer铆a llegar a la mayor unanimidad posible. Hubo una menci贸n al cambio clim谩tico donde los presentes declararon irreversible el Acuerdo de Par铆s. Todos los presentes, menos Trump. Con esa negativa, conocida de antemano, mucho no pod铆a avanzarse. Insistir sobre el futuro del trabajo (palabras de Macri), es una insistencia hueca si se la separa del futuro del medio ambiente.

Todo lo dem谩s fue precioso. Y ojal谩 que las muy monas sillitas intervenidas, que la se帽ora Awada de Macri les regal贸 a sus amigas, hayan sido del agrado de las risue帽as y mudas receptoras.

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