Fractura expuesta

Endeudamientos y subsidios alimentan el “fracking”, la técnica que revolucionó la explotación de hidrocarburos. Sombras del negocio que encandila a la política global.

Cuando en casi todo el planeta se hacen referencias acerca de uno de los métodos de extracción no convencional del gas y petróleo (el fracking suma perforación vertical más horizontal, con presión en la mezcla de agua dulce y químicos agresores y arenas que sustentan las grietas provocadas) todos utilizamos la palabra inglesa fracking. De frack o fracturación hidráulica, es decir fracturar, romper; agrietar diríamos ahora.

El fracking goza de muy buena publicidad, porque la mayoría de las grandes petroleras internacionales lo practican, sobre todo en Estados Unidos, en siete formaciones que viven con incrementos, parates y bajas, porque el gas y el petróleo son principalmente extraídos en función de los precios internacionales, que fijan las grandes compañías petroleras (las 5 hermanas hoy reducidas en el porcentaje de crudo que se extrae), los países extractores que los exportan (árabes y Rusia entre los principales), y la política internacional (Estados Unidos y China, el primero como productor-consumidor y China que pasará pronto a ser el primer consumidor del mundo). Creer que los precios del petróleo surgen del simple cruce de las curvas de demanda y la oferta es de una ingenuidad que ya no existe en ningún lado. Creo que desde la crisis del 1973 nadie cae en esa ingenuidad.

Estados Unidos, que se nos continúa señalando como el rey del Libre Mercado, utiliza todas las armas posibles para asegurar la provisión del hidrocarburo a su población y a su Estado, que mantiene con localizaciones bélicas en numerosísimos países. Fue siempre un gran productor, pero las vueltas de la vida lo convirtió en importador neto. En Estados Unidos, a diferencia de muchas oligarquías locales en América Latina, el petróleo es sinónimo de poder y soberanía, más que una mera materia prima. No olvidemos que los grandes planes de producción doméstica se llamaron y se llaman Independencia Petrolera.

Hace unos pocos años, los gobiernos estadounidenses se sentían inseguros por depender tanto del petróleo de otros países (Canadá, México, Venezuela y países árabes en África y Asia). Gran contradicción y difícil equilibrio entre su posición proisraelí y su asociación con algunos países árabes (Arabia saudita con su empresa Aramco, originada con el nombre de Arabian American Company Oil). Con la crisis petrolera de 1973 (la que fue seguida por la de 1979/80, y por la diferente cuarta crisis de baja sustancial de precios de 2015) los países europeos y Estados Unidos crearon una reserva petrolera llamada Reserva Estratégica de Petróleo (REP) destinada a mantener una cantidad de crudo que satisfaga por más de 3 meses (plazo según el país) sin necesidad de importar una gota si se produjera una guerra o algún otro acontecimiento internacional que lo impidiera. En la “economía de mercado” estadounidense” la REP es propiedad del Estado y su posesión y tenencia también. En Europa los países tienen el dominio pero la posesión está en manos de las compañías petroleras que reciben un alquiler por depositarlas y administrarlas.

Con el fracking, Estados Unidos cree estar en la soberbia gloriosa del petróleo: no depender de nadie. Por eso el presidente D. Trump, ha decidido vender parte de la REP norteamericana ya que los riesgos de oferta, no de guerra, han disminuido.

Mientras desarrolla el fracking en gran parte de su territorio y lo lleva a países que dependen de sus petroleras amplia su reserva: he aquí porqué están tantas empresas en la Vaca Muerta.

El fracking en Estados Unidos no se mantiene por razones económicas (sus resultados son de ganancias menores a los gastos) y en Argentina se desarrolla por medio del llamado Plan Gas y la corrupción del barril criollo.
Son los dos más grandes desarrollos del fracking: en América del Norte y en América del Sur.

En una interesante nota titulada Crisis en el Subsuelo (Clarín, 7 de septiembre de 2018), la periodista Mariana Aizen relaciona al fracking aplicado en Estados Unidos con el de nuestra Vaca Muerta, que yace en tres de nuestras grandes Provincias (Neuquén, Mendoza y Río Negro).

Aizen expone en su nota aspectos no comunes sobre Vaca Muerta, contrarios a una opinión bastante extendida que la considera como la gran salvación nacional que solucionará todos los problemas y la actual crisis. Es medios oficiales, ya sean nacionales o provinciales, se repite la idea como si se tratara de la espera de un gran campeón que será ejemplo mundial surgido de nuestro profundo subsuelo para ser ejemplo mundial de buen gobierno.

La nota tiene muy presente a otra periodista, la estadounidense Bethany McClean, famosa por haber sido una de las impulsoras del desvelamiento de ese gran acto de corrupción energético que fuera el caso Enron, que por su dimensión no tiene temor de compararse con las manos pulites, los menzelaos, petrolaos, lavajatos, y las corrupciones de los diecisiete empresarios de Argentina que dicen arrepentirse buscando una delación premiada (o alcahuetería recompensada, según muchos). McClean escribió un libro sobre el caso Enron, que fuera llevado al cine como documental habiendo sido nominado al premio Oscar. El libro se titula La Próxima Crisis Financiera acecha bajo Tierra (Impulsada por la deuda y años de crédito fácil, el auge petrolero de Estados Unidos está en pie inestable).

Esta periodista y escritora resume en largo artículo publicado por el The New York Times (2 de septiembre de 2018) en su versión en papel el diario, recapitula numerosos artículos y análisis antifracking que suelen hacer hincapié en la contaminación hídrica, la provocación sísmica, la necesidad de perforar sin detenerse por el agotamiento temprano de los pozos de fracking (dril, baby dril es la consigna), y por causas económicas, ya que desde sus inicios nunca sus ingresos fueron mayores que sus gastos de inversión y funcionamiento, provocándoles un endeudamiento estructural que solo se mantuvo porque Wall Street esperó la mejora del precio internacional, que llegado no tuvo aún la capacidad de hacer rentable al método del fracking.

Dice la periodista que para los analistas, “una razón clave de los terribles resultados financieros es que los pozos de petróleo frackeados muestran una fuerte tasa de disminución: la cantidad de petróleo que producen en el segundo año es drásticamente menor que la cantidad producida en el primer año. Según un economista de la Reserva Federal de Kansas City, la producción en el pozo promedio en Bakken, un área clave para la fracturación de pizarra en Dakota del Norte, disminuye un 69% en su 1° año y más del 85% en sus primeros 3 años. Un pozo convencional podría disminuir en un 10% al año”.

La periodista estadounidense afirma contundentemente que el fracking tiene una necesidad tan voraz de capital, y el capital cuesta dinero, que no podría haber despegado tan dramáticamente si no fuera por las bajas tasas de interés después de la crisis financiera de 2008”. Para ella la Reserva Federal es la responsable del auge del fracking.

También afirma que un inversionista le dijo que “solo 5 de las 20 principales compañías de fracking lograron generar más efectivo del que gastaron en el primer trimestre de 2018. Si las empresas se vieran obligadas a vivir dentro del flujo de efectivo que producen, el petróleo estadounidense no sería un factor en el resto del mundo”.

El aumento del precio internacional de petróleo no logra hacer rentable a la extracción por fracking.

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