La meticulosa preparación del ballotage Por Jorge Asís

RELEVAMIENTO (I): Urtubey, Uñac, Manzur, Rodríguez Saa, De la Sota.

La meticulosa preparación del ballotage

“Son incompetentes para gobernar, pero saben ganar elecciones”.
Para vencer en 2019 al Colectivo Cambiemos, Los Invencibles de la Big Data, el peronismo tiene que preparar meticulosamente el ballotage de 2019.
A más tardar antes del Mundial, necesitan identificar al candidato a presidente (y al elegido para gobernar Buenos Aires).
El relevamiento indica que deben construir al margen de lo que decida hacer La Doctora, con su Unidad Ciudadana.
El candidato puede salir entre los gobernadores activos del peronismo, aunque algunos aún no estén consolidados en sus respectivos territorios.
Los gobernadores desplazaron a los sindicatos en el rol mitológico de columna vertebral.
Brotan en primer lugar tres exponentes. En el siguiente orden.

Juan Manuel Urtubey, 48 años. Experimentado gobernador de Salta que ya no tiene reelección. Un peronista presentable, a veces perdonable. Supo destacarse como “dador voluntario de gobernabilidad”.
Aunque haya perdido en la última elección legislativa, amaga con querer ser.
Es el “tiempista” clásico. Pero el tiempo se lo puede llevar puesto como una bufanda, si no actúa con claridad, decisión y convicciones.

Sergio Uñac, 48 años, otro gobernador presentable. De San Juan.
Sabe Uñac que está de moda y sin embargo no se desvive ni marea por representar el rostro sorprendente de la novedad.
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Es mencionado en la totalidad de las mesas de la rosca eventual. Lo piensan. Es motivo de consultas. Tiene el atributo de haber ganado en las legislativas de 2017.

El tercero es Juan Manzur, 49 años. Gobernador de Tucumán.
Un moreno entrador, astuto y veloz. Boceto de Menem en gestación.

De ser el designado alguno de los tres, se impone incorporar a los tres caudillos que los auditan. Y probablemente les generen rencores parroquiales.
Juan Carlos Romero, de Salta; José Luis Gioja, de San Juan; y el radical -trasplantado como peronista- José Alperovich, de Tucumán.
Exponentes de la generación anterior, que mantiene cuadros que aún gobiernan. Como Jorge Verna, en La Pampa, o Gildo Insfrán, en Formosa.
Esta generación resistente mantiene dos figuras que siguen en pie, con intenciones de proyectarse.

Alberto Rodríguez Saa, gobernador de (el Estado Libre Asociado de) San Luis.
Hoy el Alberto sintoniza con La Doctora. Como Milton Capitanich, que también amaga con saltar, desde la intendencia de Chaco, hacia la presidencia de la nación. Es el mismo desafío audaz que Sergio, el titular de la Franja de Massa, intentó desde Tigre, y con un leve stage en el parlamento.
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(Massa es unánimemente el preferido para Buenos Aires).

El otro obstinado es José Manuel De la Sota, El Cordobés Profesional.
Ahora no gobierna. Por su popularidad, por el respeto que genera entre la militancia, De la Sota es promovido por algún sindicalista más influyente que poderoso.
Ambos, El Alberto y José Manuel, disponen de una bala más en la recámara. Para dispararla en 2019, cuando carguen con los fronterizos 70 años.

El Colectivo

Desastrosos para gobernar, eficaces para ganar las elecciones.
En el Colectivo Cambiemos saben armarse para el ballotage.
El apoyo de los grandes medios de comunicación les facilita la estrategia de destrucción del adversario, al exponerlo como la representación del mal.
En 2015 lo importante era desalojar al populismo (al peronismo, en su versión cristinista). En 2019, el objetivo es impedirle el regreso. Y consolidarse como continuidad.
El apoyo mediático subsiste, pese a la confidencial decepción. Por las muestras de incompetencia.
El secreto del éxito es poco original. Consiste en mantener dividido el espectro opositor. Entre dos, tres, mil peronismos (cliquear).
Y a través del reclutamiento de peronistas perdonablemente pragmáticos, profundizar la separación insoluble entre las diversas tolderías. Hacerlas rivalizar hasta el desprecio.
Nada les cuesta explorar la fragmentación. La tienen servida.
Hasta aquí es aparentemente simple asegurarse otro período.
La meticulosa preparación del ballotage

Debe mantenerse a La Doctora vigente en los medios, políticamente amenazante, pero acotada por el código penal.
En efecto, La Doctora es la que tiene más votos. Suele definirse peronista, pero el peronismo, aunque lo tuvo a sus pies, hoy le desconfía por su afán de mantener el frepasito tardío que la acompaña.
Es razonable que La Doctora persista. Sin ceder gratis el espacio a los alucinados sin votos, aunque cuentan con buenos argumentos. Los que se creen con derechos de producir un renunciamiento, desde los medios.
“Con ella no alcanza pero sin ella no se puede”, sintetiza Alberto Fernández.
Con la porción de vigencia que la fortalece, La Doctora asegura que ningún otro peronista pueda eclipsarla.
Pero la organización vence al carisma. Y entre tanta claridad yace, en general, la trampa.
Según el relevamiento, el error consiste en creer que los peronistas, si van todos unidos, ganan. Al contrario, pueden imponerse en la primera vuelta, para ser derrotados con seguridad en el ballotage.
El 60% del no peronismo es más significativo que el 40% del peronismo seccionado.
Entonces el estratega peronista debe pugnar por el mecanismo racional de dividir el “no peronismo”.
“Si nos juntamos, fueron” (cliquear) es, apenas, una expresión de la voluntad.
Para que el no peronismo “haya sido” se requiere obturar su solidez. Estimular la gestación del tercer vector, el frente progresista, con los mormones del socialismo y el progresismo tenue de la señora Stolbizer. Y trabajar entre las contradicciones internas del Colectivo Cambiemos. Las relaciones entre el hegemónico PRO con los partidos asociados, que derivaron en meras líneas internas.

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La Coalición Cívica, de la incontenible señora Carrió (que con frecuencia conduce) y la Unión Cívica Radical, que en el armado fue infinitamente trascendental, causante principal del triunfo de 2015.
La UCR le brindó al Colectivo el contenido territorial que contrasta con la influencia nula en la marcha (catastrófica) del Tercer Gobierno Radical. Al que los radicales desconformes critican con la misma intensidad con que suelen aferrarse a los cargos. Gobernar es estar. Cobrar.

Caza-bobos

El peronismo de los gobernadores, la columna vertebral, debe evitar el caza-bobos tentador de la gran interna. Como la de 1988, entre Cafiero y Menem.
El relevamiento indica que se le puede dotar de utilidad a la inutilidad de las PASO. Así sean dos o tres las propuestas que se reivindiquen como peronistas. Para competir con la Unidad Ciudadana, o sea La Doctora, y con el Colectivo Cambiemos, cada vez más lacerado por el desgaste de una administración que no acierta.
Con el deteriorado Macri, que deja secuelas en la señora María Eugenia, el Colectivo Cambiemos la tiene menos fácil. Sobre todo si enfrenta a un peronismo disociado del recurso teórico de la representación del mal.
En segunda vuelta se habilitan todas las jugadas. Las negociaciones. Sin lugar para el estupor.
La meticulosa preparación del ballotage

El peronismo que puede volver es el que le brinda garantías a la industria, a los inversores reales, nada imaginarios.
Para que los luminosos periodistas reconocidos tengan que esmerarse en las tradicionales piruetas para reubicarse. Y para que los atractivos protagonistas de la actualidad, sin ser víctimas de ninguna revancha, se concentren en la búsqueda de algún abogado competente. En especial para los patriotas venerables que supieron enriquecerse con las finanzas, para después encarar el sacrificio de inmolarse patrióticamente en la función pública, que es siempre -se sabe- muy ingrata.

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